El Olvido de Asherian Cap 8

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Cuarto manifiesto

Los arquetipos estructurales de cada discurso textual se cierran sobre sí mismos negando a todos los demás, teniendo más afinidad con las ideas que partan de su propia estructura y le sean afines, que con aquellas que pertenezcan a otro modelo (las cuales resultan inescrutables) o posturas del propio arquetipo que critique la estructura o los andamios que le dieron vida (las cuales son inmediatamente repudiadas).

Las distintas ideologías dentro de un modelo estructural tendrán también problemas de exégesis entre sí, pues la interpretación siempre se intenta desde el punto de partida de la propia estructura que es el único posible, sin embargo, al no tener en cuenta que el texto o realidad que se pretende interpretar no responde a las mismas reglas estructurales, tradiciones e incluso andamiajes que el propio texto de pertenecía se fracasa en ese intento de viajar de un libro a otro.  A este problema de interpretación se los matemáticos y algunos teóricos de las ciencias suele llamar inconmensurabilidad.

Dentro de las distintas ideologías y posturas en los anaqueles de Asherian existen algunas con mayor o menor tolerancia y capacidad de autocrítica, pero ésta es siempre limitada, ya que las estructuras y los andamios nunca pueden ser puestos en tela de juicio sin admitir en ello lo relativo de los supuestos morales metafísicos que sostiene toda doctrina textual. Los modelos, como ya ha sido dicho por otros cambian, mediante las revoluciones, pero en Asherian, las revoluciones, si bien logran derrocar ideas, posiciones, regímenes e incluso toda una cosmovisión completa, incluido sus personajes y trama argumental, nunca logran revolucionar realmente la manera de pensar sometida a mecanismos antiguos pero aún vigentes del texto primitivo, Estas revoluciones a lo sumo reemplazan viejos argumentos por nuevos argumentos que serán las nuevas cadenas que sometan a los personajes.

El Nihilismo entrópico intenta comprender, destruir, reducir a la nada y re-comprender no sólo al modelo textual al que pertenece, no sólo al argumento oficial y a las interpretaciones periféricas, notas al margen sino incluso a sí mismo como posición radical. El objetivo es llegar a aceptar todas las posturas de todos los argumentos como realidades posibles verdaderas y nulas simultáneamente. Por eso este método parte del nihil y  vuelve a él tras cada ciclo ascendente (podemos imaginar una función que dibuja una circunferencia que al cerrarse y pasar por el punto de muerte/nacimiento, en vez de detenerse, continúa creciendo y re nace en una órbita con un radio apenas mayor que la circunferencia anterior y así repite el movimiento ad eternum), De este modo nos encontramos, no solo con la metáfora un eterno retorno inflacionario, es decir que cuenta con un factor de incremento de sus capacidades gnoseológicas por cada retorno, sino con una serie de conjuntos que se incluyen sucesivamente conformando un modelo fractal.  [1]
En el Nihilismo Entrópico toda realidad está reducida a una existencia potencial que tomará valor de 1 al momento en que se la piensa y 0 cuando no es pensada; y con cada 1 habrá un inevitable -1 que surgirá a modo de siamés.
Con cada anulación hay un nacimiento, cada nuevo resurgir, ejemplificado con la nueva circunferencia de radio mayor, alberga en su memoria todas las ideas asesinadas haciéndose y por eso es más amplia y dotada de hermosura (en cuanto completitud imaginaria) con cada nueva órbita.

En un mundo construido de ideas como es el de Asherian, toda superación es negación, pero toda verdadera negación es conservación en algún punto. Es preciso destruir para poder avanzar y reciclar para ser otra cosa más allá.

El camino personal que se propone desde el N.E es el de la examinación y crítica (primero destructiva e inmediatamente constructiva) permanente, así como la aceptación total y el  relativismo in extremis. Este proceder resulta sumamente arduo, pues implica la contemplación directa de las innegables contradicciones del hombre, su pensar y su sentir. Implica un sufrimiento ascendente que se vuelve casi intolerable en el último tramo de la circunferencia, pero que, traspasado el punto crítico en donde el sinsentido se manifiesta como la única salida, las partes del rompecabezas comienzan a encajar. La misma incoherencia manifiesta resulta coherente y tiene lugar lo que llamo “resignación examinada” que reemplaza al profundo dolor que acarrea la búsqueda y la confrontación permanente por el sosiego de la nada reconciliándose con el ser a través del texto. [2]

Este punto coincide con el nacimiento de una nueva órbita.
Resulta indispensable por tanto para abordar un camino semejante, la capacidad extrema de autocrítica, pues las ideas propias han de ser las primeras en ser profundamente analizadas y rebatidas. Esto colabora de manera directa con evitar al peor enemigo del pensamiento, que es el estancamiento en el mito de una verdad/realidad de los supuestos morales metafísicos que sostienen toda nuestra estructura.

Los hijos de Asherian, a través del movimiento Keres sosteniendo al Nihilismo entrópico como una espada llameante de doble filo, buscamos el cambio constante y profundamente crítico, la consecuente superación y la autodestrucción inmediata de los valores que nos dieron la victoria.

No es lo mismo la voluntad de nada, que la no-voluntad de cada cosa y sin embargo están íntimamente relacionadas. La diferencia reside en la conciencia del vacío existencial. La nada como preludio a la reconstrucción y no como fin en sí mismo. Es un destello de conciencia, es el momento crucial en donde el vacío se reconoce, en donde el vacío toma conciencia de sí y deja de ser tal, el dolor de parirse a sí mismo, la existencia y la sensación del reciente vacío camuflado.

En el último punto hay dolor, profunda soledad entre el murmullo, todo parece punzar, el llanto está ahí, acompañando el descubrimiento constante como una bandera sin colores y el sinsentido se desnuda ante nuestras mentes amaestradas por siglos, que sufren encontrarse solas ante lo desconocido, aún peor: solas ante la inexistencia.

Resistido el primer golpe y con el consecuente análisis, descubrimos nuestra capacidad de otorgar sentido, de crear existencia desde esa nada de la que formamos parte, descubrimos nuestra condición de ser y al mismo tiempo aceptamos lo efímero y absurdo de las ideas que pretenden arraigarse. Entendemos la influencia y la tradición no examinada como el peor de los monstruos que atrofian nuestras consciencias recién despiertas a la nada. No se trata de la duda existencial de Kant o Descartes, pues no buscamos un punto de seguridad existencial, sino que aceptamos la certeza de la inexistencia, la certeza de la in-certeza. Una certeza tirana que se tiraniza a sí misma hasta el punto de inmolarse por su verdad y expresarse falsa también a sí misma. [3]

[1] Un velo azul plomizo se devora el cielo en el poniente. Se devora sus cumbres nevadas, e incluso partes de sus laderas boscosas. Algunas escarpadas de nieve escapan al encierro y sobresalen tenues y apagadas casi mimetizándose con el gris azulino luego la montaña vuelve a hundirse indeclinablemente entre las nubes hasta el lago sombrío y ceniciento que acompaña la redundancia.

 

[2] El Velo se extiende hasta el Oriente y allí, una delgadísima franja de fuego se corta en el horizonte, por detrás y apenas por sobre los cerros más pequeños que sutilmente se convierten en estepa. El tenue brillo solar, anuncia el alba con disimulo mientras la claridad gana lentamente el éter calmo. Y, la escarcha helada pinta de blanco el suelo.

 

[3] En algún sitió la voz de Asherian suena como el susurro eco de un muerto que acaba de despertar a un sueño de mil años en lo profundo de su guarida sintiendo un hambre pretérita e insaciable.

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El Olvido de Asherian Cap 7

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Noche kafkaiana en la Pueyrredón

La oficina de inscripción abría a las 9 de la mañana del día miércoles, un cartel pequeño, lo informaba en letra aún más pequeña, sobre una pared lateral casi imperceptible a la mayoría de los que por allí pasaban que no eran siquiera la décima parte de aquellos a los que la información del cartel estaba dirigida.

A partir de la hora mencionada, y por orden de llegada, de manera no personal se otorgarían números impresos con los cuales una semana después, siguiendo el orden de estos números, los estudiantes podrían anotarse a las clases, elegir los horarios y las cátedras en las que quisieran cursar.

Safu   se enteró de manera casi casual, que las colas para recibir los números mencionados, comenzarían varias horas antes de lo previsto, no por iniciativa institucional sino por propia decisión de algunos alumnos, que arrastrados por una obsesión casi enferma  llegaban a acudir hasta doce horas antes para guardarse un lugar en la cola, por consecuencia directa, aquellos a quienes también les interesaba conseguir una buena cátedra, pero no estaban encaprichados se veían obligados adoptar el mismo principio de espera.

Safu  , había oído algo sobre una “lista”, como no sabía a ciencia cierta de que se trataba, y ante la amenaza de poder quedar afuera de la cursada en el último año de su carrera, decidió darse una vuelta y averiguarlo.

Al llegar al edificio, otros estudiantes, le pidieron los datos para ingresarlos en la “lista”. La famosa lista, dejaba constancia de la llegada de los alumnos, para hacer la cola, para sacar número, para inscribirse una semana después en a las clases, elegir los horarios y elegir las cátedras. La misma había sido organizada por los alumnos que habían decidido concurrir la noche anterior al día de inscripción para conservar los mejores lugares.

Como las inscripciones, las legales, que corrían por cuenta de la facultad no eran personales, teniendo en cuenta que muchos alumnos trabajaban en ese horario, las “listas” tampoco eran personales, de esa manera, por cada alumno que había decidido anotarse y esperar toda la noche por su número, había varios que se anotaban y se volvían a sus casas y algunos que ni siquiera habían concurrido y, todos ellos, podrían concurrir en la mañana con un lugar reservado para anotarse a las cursadas.[1]

Todo esto, se agregaba al ya largo  trámite  un escalón al de burocracia, para llegar finalmente al mismo punto de partida. Frente a este marco, Safu no terminaba de comprender el sentido de lo que sucedía, y menos aún pudo hacerlo, cuando alguien le comunico que debía esperar algunas horas, porque aún no se definía que se haría con la supuesta “lista”; todo lo que Safu   quería, era poder anotarse en sus materias, sin participar de un papeleo absurdo digno de la fama burócrata de la desaparecida unión soviética. Las horas se sucedieron, entre discusiones, cervezas y sospechas hacia los organizadores que crecían a medida que el tiempo pasaba.

Lentamente comenzaron a clarificarse dos posiciones concretas entre los presentes, cada una de ellas representadas por uno de dos personajes que parecían burdas caricaturas de sí mismos y de los políticos más repudiables del panorama gubernativo internacional. Las posturas giraban en torno a si, se debía respetar a aquellos que se habían anotados en “las listas” y se habían ido, o si todos los anotados debían además hacer la cola durante toda la noche hasta el horario de re-apertura. El problema más grave, (aunque no el que más parecía importarles a muchos de los presentes), era que un gran número de los que se habían anotado y posteriormente se habían retirado, lo habían hecho tras cerciorarse de que se respetaría su anotación, y que justamente aquellos que les habían otorgado tal seguridad, ahora ponían en duda el sistema, ya de por si extremadamente dudoso.

Safu   pensaba que al fin y al cabo se había adelantado el tramite un día, se habían agregado varias etapas intermedias que pasaban por alto la coherencia y  que todo seguía igual, o peor, se había creado una suerte de cola virtual, y  un clon malparido de la cola original  una serie de fases que lograban empeorar de forma engañosa  al ya de por si deficiente sistema original. La idea había nacido con el fin de acelerar los pasos, (por más que justificaba un sistema por demás teñido de favoritismos absurdos) pero que terminaba por complicar toda esta organización paralela que desconocía las reglas de la facultad que afirmaban claramente, que la entrega de números para la inscripción se haría a partir de las nueve de la mañana y por orden de llegada.

Así, entre números, “listas” variadas, colas virtuales y reales, cientos de alumnos que esperaban, y otros tantos que rendían los últimos finales, se decidió unilateralmente, en una movida rayana al despotismo, esperar a que terminasen los exámenes y pasar lista sobre la “lista” de anotados y borrar a aquellos que no estuvieran presentes en el recinto.

Tal situación tenía lugar en una concurrida asamblea en el patio trasero de la universidad, mientras que, en la puerta de entrada, en la parte de adelante a la gente que iba llegando se le comunicaba que, si se habían anotado, podían irse porque tenían un lugar reservado en la cola del día siguiente.[2]

El tiempo seguía sucediéndose en espera de que terminasen los exámenes y entre nulos intentos de comprensión Safu   esperaba sin inmiscuirse intentando soportar su propio sueño y mal humor creciente.

Cuando se acercaba el momento del fin de los exámenes, uno de los personajes subido a una tarima, anunció, (sin dejar en claro bajo el poder otorgado por quienes  lo hacía)  que habría una asamblea entre los alumnos presentes (que no representaban siquiera una minoría significativa entre los cientos que acudían a la universidad)  para decidir que se hacía con la “lista”, alguien enfureció ante el monopolio discursivo y exigió que se confeccionase una “lista” de oradores para tratar en la asamblea “la lista” que dejaba constancia del lugar en la cola para sacar número que reservara un lugar para concurrir una semana después a anotarse en las clases, elegir horarios y cátedras.

Los gritos no cesaron, tampoco las discusiones  muchos se quejaron contra ese sistema de listas ideado por una ínfima minoría en nombre de la extensa mayoría. Otros pidieron, que, fuese lo que fuese, que decidiera esa asamblea, no representativa, fuese acatado religiosamente por todos los presentes, instándolos a hacer gala de un fuerte “espíritu de compañerismo”. Algunos de los presentes, arguyeron lo hipócrita que resultaba hablar de compañerismo cuando los presentes eran menos que los ausentes, que no sabían ni siquiera lo que estaba sucediendo en el patio trasero de la universidad, ya que nadie les había avisado, porque todo esto, nada tenía que ver con el estatuto de la facultad que afirmaba claramente que la entrega de los turnos para retirar los horarios, seria a partir de las nueve y por orden de llegada.

Por fin luego de idas y venidas, insultos, agravios, ofensas, injurias, desprecios, ultrajes, humillaciones, escarnios, provocaciones, oprobios, irreverencias, y demases, la asamblea tuvo lugar, se plantearon las posiciones, y surgió una nueva perspectiva, que exigía re confeccionar la lista por medio de un sorteo. Esa nueva propuesta por supuesto tuvo distintas divergentes, una sostenía, que el sorteo se realizara entre los presentes, y también estaban los que pedían hacerla, pero teniendo en cuenta todos los alumnos que se habían anotado originalmente, y unos últimos planteaban que no se podía dejar afuera a los estudiantes que no sabían sido avisados que habría, una PRE-cola, una asamblea, múltiples listas, etc etc etc etc.

Nadie logro ponerse de acuerdo, y los que habían reclamado una suerte de “derecho divino” para dirigir el debate, solo dejaban hablar a aquellos que compartían su opinión. Estas personas, eran precisamente, aquellos que habían confeccionado las listas, para tener ventajas a la hora de conseguir las mejores cátedras para ellos y sus cómplices. Lo más cómico por así decirlo, era que estas personas, solían ser los peores estudiantes, Hombres y mujeres que en vez de dedicar su tiempo  a educarse  preferían dedicarse a las politiquerías baratas y  a sus consecuentes burocracias, paradójicamente tal cosa los hacía sentir un poco menos hipócritas a la hora de auto declararse socialistas combativos o cosas por el estilo.

Harta de tanto desvarío Safu   ya no lo soportó más, y decidió irse a su casa no sin la correspondiente frustración, y acudir al día siguiente a las 9 horas, y hacer la cola correspondiente para poder sacar turno, para anotarse a las cátedras y a las clases. [3]

A la madrugada   siguiente, mientras Leopoldo y sus padres cambiaban los tragos por un abundante desayuno a base de café con leche y medialunas, al tiempo que   terminaban de festejar una reconciliación familiar de último momento y no extremadamente sincera. Safu   conseguía su turno, después de haber hecho tan solo media hora de cola y gracias a las listas, que al final se habían mantenido, luego de que el rector de la universidad hubiera echado a los alumnos del patio trasero, ya que a las 3 y media de la mañana seguían gritando y discutiendo. Acto seguido y mientras se quejaban por no poder ejercer su derecho a la “democracia” los Estudiantes se trasladaron a debatir en una plaza de donde también fueron desalojados, esta vez por la policía, y como consecuencia de las numerosas denuncias hechas por los vecinos.  De esa manera, y mientras entonaban cánticos contra la policía, el estado, y la concha de su hermana, se fueron dispersando, no sin antes convenir a último momento y a modo de resguardo presuroso que se mantenían las listas tal cual habían sido confeccionadas, que el que quería que se quedase y el que quería que se fuese.

Safu   escucho el pedazo de historia que no había participado en la cola justo antes de que fuera su turno, pensó que sus compañeros eran todos unos jipis de mierda y probablemente no se equivocó, después pensó que de todas maneras ya no le importaba nada, estaba por anotarse a la última materia que le quedaba para terminar bellas artes, y después de cursarla podría irse a vivir al sur como siempre lo había soñado huyendo de la burocracia asfixiante de la ciudad. [4]

[1] Puedo sentir el frío en los huesos como si se tratara de la caricia de esa entidad que habita en los bosques susurrantes y cuyo gélido beso se parece a la condena silenciosa que palpita el suspiro de eso que llamamos vida. Creo oír su latido negro desprovisto de sangre por las noches, arrullándome en los minutos previos al sueño cuando las percepciones se confunden con las conjeturas poéticas que Orfeo nos prodiga en esbozos antes que abandonemos la vigilia. Creo sentir entonces el suave roce de una mano larguísima que se mece desde las profundidades de los bosques como una sombra implacable, incluso cruel y solitaria. Y en ese abrazo me envuelvo permitiendo que me arrulle como a un niño. El silbido del viento moviendo las ramas crujientes y el oleaje de las aguas congeladas rompiendo contra los fiordos y gritando el eco de los abismos, la música monstruosa de un infierno helado, húmedo y crepuscular. Los sones menores de la frondosidad cerrada y expectante, de las moles de roca que conforman los picos amurallados y protegen al ojo que nunca pestañea.  La máscara sin mascara que llamamos Asherian.

[2] Que se retuerce y trepida proyectándose en mil sombras hambrientas en las entrañas de los boscajes que visten los cerros y rodean el lago, en cuya ribera se levanta la ciudad bulliciosa y torpe  de los hombres condenada a ser devorada viva y sucumbir a las fauces aterradoras, cuando los heraldos malditos de Asherian convocados desde siglos por su llamado mudo, acudamos en marcha sonámbula hasta el aquelarre depravado de su hondonada, dispuestos a convertirnos en la sangre tibia que alimente la oscuridad hasta que lentamente despierte de ese letargo sin tiempo y la grande Patagonia se encarne en el cuerpo de Asherian , y la sombra caníbal de su aliento gélido se extienda sobre todos los habitantes de sus imperios.

 

[3] Oirán el bramido desgarrador de su despertar y temblarán encerrados en sus moradas cuando sientan los aullidos acercarse lentamente desde los confines del Nahuel Huapi, corriendo por los montes, arrastrándose por los hielos, nadando desde las profundidades.

Cuando vean el brillo de sus ojos por miles entre los lejanísimos árboles y e l cielo insondable se refleje contra el agua hasta convertirla en el abismo del universo transparente y Saturno brille más que ninguna otra estrella como un sumidero hexagonal

repleto con los dientes incisivos de sus sirvientes, y será lo último que vean antes de que el velo negro lo cubra todo y una tormenta de nieve extraordinaria se desate irrefrenable mientras el viento trae consigo el aroma pulcro e indómito de las alturas impenetrables y los sonidos cotidianos de los hombres se amortigüen pesadamente hasta convertirse en un mutismo virgen y solo se oiga el aullido de los lobos de Asherian bajando al trote las montañas como noches entre la arboleda y se ciernan furibundos, reclamando su imperio de silencio.

 

[4] Solo entonces logro dormirme en paz, sosegado, confortado de todos los pesares bajo el tibio Abrazo de Asherian, que es como la sombra de los pinos debajo de la cual ya nada más logra germinar.

 

 

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El Olvido de Asherian Cap 6

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Tercer manifiesto

La historia de Asherian puede ser interpretada siguiendo la idea de la influencia, la tradición y el poder. Estamos hablando de un proceso inconsciente del que todo hombre personaje es víctima y victimario en mayor o menor medida, dependiendo de la conciencia de su poder como personaje que logre alcanzar, es decir, de la capacidad de influir conscientemente en los demás personajes o bien la capacidad de negarse conscientemente a la influencia en la que se encuentra inmerso por parte del autor. Estas corrientes de influencia, a la manera del río caudaloso corren sin detenerse jamás en el mismo lugar, se trata de un movimiento perpetuo. Estas influencias que todos sufrimos y ejercemos permanentemente, que resulta del devenir natural de las relaciones literarias, tiende a formar una suerte de red, que se encuentra asimismo conectada con otras redes y que entre todas formarán una gran red que capaz de vincularse otra gran red y así sucesivamente. La red de los personajes con el texto. Del texto con otros textos y de todos los textos con el mundo que los produjo.

Cuando existe algún nodo muy poderoso de influencia consciente, es decir, un puntos de intersección de estas redes imaginarias, entonces este propicia que se auto regenere en un círculo vicioso, los mismos nodos influenciados serán quienes den poder de imponer realidad al nodo influenciador, aceptando y haciendo suya la realidad por éste postulada, que según la época en la que suceda controlará los medios existentes de influencia y procurará conservarlos para sí. Pasado el tiempo, tales realidades pasan a formar parte de la tradición, se convierten en poderosas influencias inconscientes de las realidades que las sucedan y se vuelven prácticamente incontrovertibles. Ahí es cuando decimos que pasaron a formar parte orgánica del texto.
Concebimos la historia de los hijos de Asherian en cuanto construcción de realidades, construcción de sí mismo, de lo físico y lo metafísico y por el poder que ejerce para que una u otra construcción se levante por sobre las demás. La historia del hijo de Asherian en cuanto poder y capacidad de ejercerlo.

Conceptos categóricos y antagónicos y categorías morales, lo bueno-malo en sí, dependen exclusivamente de las estructuras de esa realidad y el discurso que éstas ostenten como sostén. [1]
Ideas como subversión, insurrección, etc. serán aplicadas por los representantes de este poder a quienes en un tiempo y un contexto dados rehúsen a aceptar de buena gana el tipo de influencia puntual, consciente o inconsciente que posea mayor consenso general, Asimismo las existencias de tales nodos antónimos representan un enemigo en término de influencia y poder, para el vigente nodo de súper-influencia. Podemos entender por ende el poder como la capacidad de ejercer influencia en mayor medida que otro, como la capacidad de dar forma a la realidad de otros (del texto). De establecer (convencer) una realidad aparente.

El hijo de Asherian, condicionado por sus realidades sociopolíticas, histórico culturales y empujado por la tradición, creará modos de concebir la realidad, es decir de darle forma, re-construirla. Se habla entonces de una cosmotexto.
Cada cosmotexto tendrá en sí mismo, a lo largo de su vigencia, distintas ideologías y corrientes de pensamiento que lo compongan y así mismo, modos de interpretación que se desprenderán de su estructura, estando ésta sostenida por los andamios del cosmotexto que serán sus bases incuestionables, como un árbol del que surgen infinidad de ramificaciones y al que sostienen fuertes raíces bajo la tierra. Desde ese lugar se pensará el texto a si mismo, su estructura, superestructura e infraestructura.   

La versión oficial del texto que el autor tenía en mente es, a nuestro modo de ver, tan solo una de las tantas opciones del mismo, tan inválida como las realidades periféricas del modelo vigente o de otros modelos. La Realidad no existe más que como capacidad de imponerla. Todo discurso se ostenta verdadero a sí mismo y niega por inercia a los demás. Se trata de una lucha de autoridad en dónde los discursos se destruyen entre sí a través del mito de la realidad.[2]
Por eso nosotros nos encargamos de negarle el status de verdadero a todo discurso y lo reducimos, haciéndolo sucumbir en su propia incongruencia. Así ningún cosmotexto queda en pie y todo retorna a la nada, la nada madre, la nada creadora.

[1] Inmóvil el lago se refleja

bajo un jolgorio ebrio de colores

cúmulo gris de nubes sonrosadas

devoran lujuriosas las montañas.

Es una arboleda carnal amontonada

cubriendo enardecida el horizonte

con esa sutileza que late refulgente

en la frágil hoguera de la gracia

sensual y delicada que converge

la belleza total del elemento

que fluye sublime y se sumerge

tiñendo de ardor el firmamento

 

 

[2] Me deslizo sobre el silencio del camino

Cuando la helada noche me transporta

Hacía un horizonte que negro se recorta

Sobre el cosmos tenuemente sumergido

y si el cielo albo me devora por momentos

O la tormenta nívea me convoca-

Oigo los sonidos mudos del tormento

Y el llanto de lo eternamente vivo

que en la noche fría se desboca

Y se revuelve impávido en su nido

Por delante siete lagos que custodian

A un tigre cruel de siete rostros

ocultando del tiempo y la memoria

el contorno ansioso de los monstruos

inertes en la morada legendaria

ceñida en la impávida negrura

De la cruel floresta solitaria

Que duerme enteramente a oscuras

Los cerros encerrados a los flancos.

y los montes devenidos en Barrancos

Susurran el llamado que convoca

A todos los malditos a las fauces

O confines infernales de su boca

De ñires, cipreses y de sauces.

Cuesta abajo resbala el sacrificio

De tantos hombres que a su paso

Evocaron lo intangible del suplicio

que Asherian prodiga con su abrazo

Y regaron con su sangre los pedreros

Que recorren el latir de las montañas

inmolados cual dóciles corderos

fueron pan de las atroces alimañas.

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El Olvido de Asherian Cap 5

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Necedades e ingenuidades

 

La idea apocalíptica del ser es precisamente su único secreto. El ser no existe más que como una continuidad falaz de la nada primigenia, adoptando diversas combinaciones para camuflarse. No somos seres vivientes sino seres murientes. El instinto de los seres vivos por reproducirse es el intento desesperado de la nada de forzar la consciencia de sí misma, el precio el sufrimiento que es la característica principal de ese interludio que llamamos consciencia, en ese interludio que llamamos vida, en ese interludio que llamamos ser. ¿En ese sentido los padres de Leónidas no fueron diferentes y engendraron una mala combinación de ambos, pero quienes fueron los padres de Leónidas?  ¿Acaso aquellos que engendraron al librero cuya identidad suplanto? ¿O acaso el escritor que les dio vida con su pluma a todos los que moraron la novela? ¿O acaso Jairo quien luego fuera Edgmont y Eloísa que lo pario en las entrañas de Asherian y cuidó durante su primera infancia luego de que todo el asunto de la revolución se fuera al diablo? Será Leónidas tal vez la creación de sí mismo, pero a fin de cuentas lleva en si una herencia que no puede negar y que lo conecta con ese huevo negro y vacío del que todo simula surgir y los pobres desdichados que tuvieron la dudosa suerte de legarse sus propias características por obra del azar. Su padre como ya saben si leyeron la primera parte, era un necio de campeonato y su madre una mujer que a veces de tan ingenua se volvía irritante. Intentaré explicar de dónde sale este sujeto cuyas aventuras están a punto de desencadenarse y cuyas características esenciales hereda de estos otros sujetos que lo precedieron y le dieron vida.  El Necio, era, un hombre en extremo inteligente, y eso era probablemente lo más necio que tenía, él hecho de ser poseedor una inteligencia valiosa, y a pesar de eso ser tan profundamente necio.

El Necio, era un hombre que defendía, sin dudarlo su imagen de distinguido y era sin embargo poseedor de unos modales repugnantes, comía produciendo unos sonidos guturales dignos de una alimaña, y lo hacía con tanta desesperación que, comer a su lado, era como comer alado de una jauría de hienas. Este señor tampoco, sabía pedir las cosas por favor, ni mucho menos decir gracias, ni que hablar de disculparse luego de cometer una ofensa. Era literalmente incapaz de pedir perdón cuando lastimaba a la gente que quería y esto era algo que hacía a menudo ya que no medía sus palabras y era frecuentemente poseído por ataques irá que sumados a una obsesión irrefrenable por ser poseedor y enunciador de la verdad que él defendía y procuraba fuera aceptada por todos los demás lo convertían en una persona venenosa, egocéntrica manipuladora y avasallante. De mas esta decir que esas verdades absolutistas, variaban según su conveniencia de momento a momento.

El necio, se consideraba a sí mismo en ciertas ocasiones un hombre del pueblo, y se manifestaba en contra de lo fino y selecto y por otros momentos revelaba un elitismo casi clasista, sin nombrar él hecho, de que era un pequeño burgués achanchado que a duras penas se movía de su casa y pretendía que todos quienes lo rodeaban fueran piezas de sus diversos planes.[1]

El Necio, era mentiroso, por sobre todas las cosas, pues no deseaba quedar mal ante nadie, así que dependiendo de quien estuviese delante de él, se mostraba de una u otra manera, decía una cosa o lo contrario según le conviniese. Así mismo, si su engaño era descubierto apelaba a la discusión agresiva para eliminar a su descubridor.  El necio era a pesar de que buscaba demostrar lo contrario con insistencia un hombre inseguro, tal vez por ello sentía esa necesidad enorme de ser admirado y atacaba a aquellos que lo evidenciaban tratándolos como inferiores a él. El necio disfrutaba mucho del sonido de su voz, pasaba grandes ratos hablando de sí mismo, contando sus hazañas y negando sus fracasos, y cuando otros acotaban, enseguida los ninguneaba y volvía sobre lo mismo, puesto que en cualquier charla de sobremesa gustaba de comportarse como una mezcla de orador-juez más que como un participante.

El Necio, era un psicópata, carecía de empatía y el psicopateo era su técnica favorita y la que mejor dominaba: Utilizaba sus artes para destruir el ego ajeno, y así, sentirse más poderoso. Atacaba a las personas más que a sus ideas, tratando no de refutar un razonamiento incorrecto sino de eliminar a su enunciante con comentarios sobre su intelecto e interrupciones continuas.

Según el día, el Necio, era a veces también xenófobo, etnocentrista y discriminador en general, Sin embargo, a veces sus palabras hablaban de libertad y humanismo, de socialismo y democracia.  A pesar de ser un gran defensor oral de la independencia, no dudaba a momento de gritar un orden, recostado cómodamente en su sillón, y enfurecer, si alguien osaba no cumplirla.

Al necio, no le importaba si lo que decía era verdad, pues solo le interesaba tener razón o al menos que lo demás así lo considerasen, y a veces, terminaba contradiciéndose y afirmando nunca haber dicho lo primero.

El necio, decidía de antemano lo que le parecía y luego inventaba argumentos, sin importarle si estos argumentos se contraponían sucesivamente de hecho solía apelar a la sutil tergiversación si su triunfo dialectico lo requería,

El necio discutía sobre lo que no sabía, y aseguraba siempre conocer más que su discutidor, más allá de que el mismo fuese una eminencia del tema. Incurriendo permanentemente en errores vergonzosos que procuraba disimular argumentando que su adversario no sabía explicarse o comprenderlo según el caso.

El necio irremediablemente negaba haber dicho  aquello que hubo dicho y que averiguaba luego, era incorrecto.

El necio se pronunciaba en contra de las reglas cuando estas le impedían hacer lo que él quería, pero defendía El respeto por la ley a rajatabla e imponía permanentemente las suyas cuando se trataba de los demás.

El necio, no soportaba que lo criticaran, pero criticaba invariablemente, y con intimidación desmedida todo aquello que no era como él quería

El necio, no se dejaba aconsejar, pero daba hasta el hartazgo, los conocidos como malos consejos y se entrometía siempre en la vida de todos creyendo saber más que nadie lo que era conveniente.

El necio era un obsesivo del poder, lo deseaba y se regodeaba de él, no del poder político, o militar, sino del poder cotidiano, El necio simplemente quería que nadie jamás osara contradecirlo.[2]

 

El necio se quejaba de aquellos que era irrespetuosos, pero de mas esta decirlo

era el más irrespetuoso de todos. Quizás la característica más distintiva del Necio fuera su incapacidad absoluta para reconocer en el ninguna de estas características. Pocas veces un ser humano tan dado a la especulación abstracta fue a la vez tan ajeno al aforismo inscripto en el templo de Delfos “ conócete a ti mismo”

Así era la vida del necio, lo que criticaba, por un lado, lo hacía por el otro. Y lo que hacía por un lado lo criticaba por el otro, siempre procurando justificarlo. El necio hería con su prepotencia, violencia e intolerancia a todos los que tuvieron la mala dicha de cruzarse en su camino cuando este había tenido un mal día, pero por supuesto, y de más estaría decirlo siempre tenía algún discurso contra los intolerantes que no lo dejaban ser intolerante.

Pero claro, todas estas colecciones de aberraciones tenían una razón de ser, tenía que ver con que debajo de esa mascara de macho alfa invencible que se había colocado, había un débil hombrecillo con un gran complejo de inferioridad, un hombrecillo que necesitaba que los demás le afirmasen que valía, lo que quería valer. Un hombrecillo paranoico, esquizofrénico y obsesivo. Por eso, es que cuando alguien lo frecuentaba, pasado el tiempo y la angustia, el dolor y la furia que generaba  la gente ya no se enojaba, por su necedad, sino que comenzaba a sentir lastima por su pequeñez.

A  grandes rasgos ese era el padre de Leónidas y todas esas características eran ahora también parte sustancial de él  y aunque por ciertos periodos, lograba amansarse y convertirse en una persona más tratable, estos periodos eran cortos, y al tiempo volvía a ser el de siempre, eso sí, el Necio la mayoría de las veces no actuaba con mala intención, sino con la mejor de ellas pero su problema era más que nada que nada que  le gustaba dirigir  y era malo para ello,  y generalmente fallaba una enormidad respecto lo que esas  otras personas consideraban mejor para sí mismas y no lograba adecuarse a la idea de haber sido el ,que había fallado en la interpretación. Durante algún tiempo Leónidas  había  empezado a creer que todos estos problemas eran sumamente inconscientes y que no valía la pena enojarse , ni siquiera entristecerse sino simplemente aceptarlo como alguien con una pequeña enfermedad y quererlo así, pero cuando llegaba a ese punto, de repente creía notar a su padre enaltecer de sí mismo las características y actitudes antes descriptas, y narrar terribles historias de sus maltratos y humillaciones con profundo orgullo y entonces, Leónidas  que muchas veces había sido víctima de las mismas volvía a sentir  vergüenza. Por su padre y por él mismo por haber heredado lo peor de él y haberse convertido en un monstruo incapaz de hacer bien a otros.[3]

Su madre Eloísa por el contrario era una persona cariñosa y siempre dispuesta a ayudar al prójimo, pero a veces su ingenuidad terminaba siendo muchas veces contraproducente para ella misma. Venía de una familia de intelectuales de derecha, y aunque no hubo heredado lo primero, lo segundo lo tenía bien arraigado a su ser.  Su madre vivió toda su niñez y adolescencia bajo la falda de su madre, y nunca en todos sus años de juventud, sintió la necesidad de revelarse, le aterraba el cambio en cualquiera de sus modos y naturalezas. Era de esas personas que adherían al viejo dicho que reza más vale malo conocido que bueno por conocer. Todo lo nuevo le daba pánico, sin importar que tan bueno pudiese ser y así mismo, transitaba la vida con una ingenuidad casi exasperante, respecto a las cosas que pasaban a su alrededor. Era una de esas personas que gustaban de que todo estuviese ordenado automatizado y que requiriese la menor capacidad de pensamiento autosuficiente, Un ejército sin duda, hubiese sido a su entender el mejor ejemplo de sociedad, alguien da una orden y otro la obedece, orden, en lo posible, sin demasiado progreso. En su caso no era por amor al poder sobre el prójimo sino por la seguridad que ese orden le daba sobre su propia vida.

La madre de Leónidas, había cambiado el amor a dios que profesó en algún momento sin preguntarse los motivos de su fe por uno a la patria de las mismas características, esa idea de patria, como un algo ordenado por las leyes que mantienen las cosas en su lugar y pervertido por los intentos de cambiar esas leyes o cambiar el lugar de las cosas.

Eloísa siempre había buscado un icono donde dejar descansar su ingenuidad, pero en el fondo todos los iconos seguían remitiendo a lo mismo. Tenía que haber jefes y subordinados, gente bien y gente mal que debía ser eliminada porque hacía daño a la gente bien.  Era entendible de todas maneras que Eloísa no sintiera que el mundo rota vertiginosamente y que nada se puede hacer para detenerlo, era lógico teniendo en cuenta que la pollera de su madre le había cubierto los ojos primero, y cuando recién comenzaba a despertar para sumergirse en la claridad de una autentica incertidumbre existencial, de una legitima crisis de fe, llegó Edgmont para ponerle su pie encima. No obstante, su ingenuidad, Eloísa había superado su propia debilidad y había hecho de la misma una punta de bronce brillante para convertirse a sí misma en la lanza parricida de Asherián.

Los años y las adversidades la habían hecho una mujer fuerte y afanosa, que se dio por completo a sus hijos, y al mismo tiempo rehízo su vida más allá de las restricciones que le dio el conocimiento de lo inevitable. Ella seguía siendo ingenua para algunas cosas, pero era entonces valiente, enérgica, trabajadora e invencible ante las adversidades y el mismo Dios en el que ella había creído se hubiese, acobardado ante su poderosa mirada. Leónidas era consciente y podía asegurar sin temor a la equivocación que había heredado, o copiado por propia cuenta lo peor de sus padres. Carecía del espíritu de lucha de ambos y sobraban en él las falencias los vicios, las miserias y la cobardía que había llevado a sus padres a aniquilar el éxito de Keres justo antes de que Asherian ardiera en llamas y tomara el control de todo.[4]

 

Avisarle a su padres de su partida resultó al fin de cuentas para el joven Leónidas menos dificultoso de lo que esperaba, desde ya, no es que le importase demasiado lo que le fueran a decir, estaba convencido que nunca lo habían apoyado demasiado en las cosas que para el eran importantes, y no esperaba que comenzaran entonces, pero si claro, le daba fiaca tener que soportar los discursos y reproches a los que nunca había podidos acostumbrarse.

 

Leónidas invito a sus padres a cenar. Comieron carne asada regada con vino abundante y al promediar la noche les comunicó la decisión de volver al Sur. Para su alegría, estos casi ni se inmutaron, creyó leer la resignación en sus ojos, y por primera vez en mucho tiempo se sintió obligado a tranquilizarlos, a contarle su plan más detalladamente y a por lo menos hacer que se sintieran incluidos en los planes que tenía para su vida. A fin de cuentas, resulto aquella una noche inesperada. un momento único en el cual Leónidas se sintió apoyado por su familia por primera vez, y no temió contarle sus sueños, miedos e ideas por mas descabelladas que estas fueran. Quizás Leónidas había crecido, quizás más probable, sus padres habían entendido que tenían que querer para él lo que él quisiera y ser felices con eso, o tal vez, y casi con seguridad me inclinaría por esta opción, se habían percatado de que esta vez iba en serio, y que podían pasar años para que volvieran a ver a su primogénito.

La tertulia duró hasta la madrugada. Compartieron viejas anécdotas, ricos licores y sueños futuros, mientras tanto en otra parte de la ciudad, no tan lejos como cabría imaginar tenía lugar un suceso, obviamente ajeno al conocimiento de Leónidas, un hecho que, sin lugar a dudas, habría de ser substancial en vistas de su porvenir.[5]

[1] El despertar de la consciencia lanzó al hombre desnudo y trepidante a dos conocimientos sobrecogedores: El primero, la crueldad intrínseca de la naturaleza, de la cual participa, donde el atroz corolario del solitario sufrimiento de toda criatura viviente es la muerte y el segundo la percepción de la belleza inmensa y dolorosamente inconmensurable de esa misma naturaleza. En ese sin sentido reside todo el desarrollo de nuestra especie y nuestra cultura, este esa es también la rima de Asherian.

[2] El Bosque de Babel es también Un numen de vastas bibliotecas

Donde ni una, ni dos ni cien, el bucólico saber resumen, de la antigua enramada reseca.

 

[3] recóndito fulgor clandestino

templo pretérito y solemne

al que se arriba casual peregrino

y ya no se retorna ni ileso ni indemne.

 

[4] verdirrojo inasible que adorna

el ligero sentido deslumbrado

y convierte al viajero en la sombra

lluviosa de un sombrío legado

 

[5] adagio su carne trasforma

en el crudo brote perfumado

de ese otro cuerpo que nombra

al frondoso bosque novelado.

 

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El Olvido de Asherian Cap 4

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4

Segundo manifiesto

 

El ser implica concepto o idea. Un azulejo es porque concebimos la idea misma de azulejo, sino no sería un azulejo. Nosotros creamos, dotamos eso que no es (o sea que tampoco puede ser eso ya que la nada por definición no puede ser, por tanto, la nada como tal muere al momento mismo en que se la piensa) con la idea de azulejo y lo transformamos en ser. Asimismo, concebimos la idea de sus partes, sus funciones e incalculable cantidad de conceptos redes de conceptos y redes de redes de conceptos que lo rodean y que lo constituyen.

No somos meros observadores, sino autores, pues tales conceptos construidos por nuestras mentes impregnan la nada para transformarla en algo y así crear nuestra visión de la realidad.
Algo no existe como algo hasta que esa nada es dotada con el valor de algo y ese algo con el valor de azulejo y así sucesivamente. Incluso luego de eso tan solo percibimos una imagen de ese algo, a la cual creamos e interpretamos. El original es inaccesible como tal.

La historia del hombre nos muestra (y esto como todo es tan sólo una interpretación que por ser tal, es incompleta y tendenciosa) en una afanosa búsqueda de sí mismo, de una verdad ultima, “La verdad” y de una correcta interpretación de la realidad, un permanente intento por des-cubrir lo verdadero. Se busca la verdad como si tal existiera previo al pensamiento y enunciado de la misma, por sí sola más allá de nuestra concepción (construcción) Se la busca por una esfera ontológica exterior, pero es el hombre mismo quien crea los conceptos, ideas y filosofías, así como si fuera un faro que ilumina a medida que inventa qué iluminar.[1]

Para encontrar lo único infinito y estático el hombre no tiene más que mirar sus orígenes y comprender la nada (vacío conceptual) de la que es parte y a partir de ella comprenderse a sí mismo como factor desequilibrante, como gran creador de existencia.

[1] El resplandor triste e ilusorio
cual blanco hábito mortuorio
imita la crudeza mustia del olvido
desenvolviendo un idílico sonido
de estridente forma entre los vastos
lagos, montañas y sus nefastos
fríos fortines adyacentes
que retoñecen diariamente
en un ciclo fijo que transforma
el día y la noche en un delirio
y a todo aquello que se nombra
en la esencia misma del martirio
desde el ser efímero y su sombra
hasta suave aroma de los lirios

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El Olvido de Asherian Cap 3

derrumbe

3

Letras disociadas

 

Sostuvo la carta entre sus manos jugando ella, pasándola de dedo en dedo. Podía ver a través del sobre. No era extensa, un carillo solamente, estaba escrita con letra prolija manuscrita y adornada en los márgenes con unos dibujitos no tan prolijos. La abrió. Era la invitación de unos viejos amigos a su casamiento. Amigos de esos que más allá del tiempo y las distancias que pueden separarlos de uno permanecen unidos a nosotros como hermanos.

Era un pedido para que fuera a visitarlos. Le contaban de su vida en el sur patagónico y de su pronto casamiento, le contaban de su hija Anna, que tenía ya tres años y le reprochaban el haberles perdido contacto por tan largo tiempo. Esencialmente le explicaban como llegar a su residencia en la ciudad de San Carlos de Bariloche, donde prometían darle alojo durante el verano mientras le ayudaban a encontrar un trabajo si acaso quisiera quedarse durante más tiempo. Fue evidente para Leónidas que más allá de que el no contestara las cartas que ellos le habían mandado, se la habían arreglado para saber, seguramente a través de amigos en común que no estaba de lo más feliz con su vida en la ciudad.

La idea de escaparse de todo, cuando uno no se siente cómodo con su vida es excitante para cualquiera, y así lo fue entonces para a Leónidas. En el mismo momento en que termino de leer la carta ya había decidido que se marcharía. El mundo se dio vuelta frente a sus ojos y el corazón comenzó a palpitarle con una rapidez inusitada, lentamente todas las proto ideas fragmentarias que deambulaban por su cuasi-conciencia empezaron a cobrar algún tipo de sentido. Se imaginó a si mismo recorriendo lugares que ni siquiera conocía, pero por alguna razón intuía maravillosos.

Compartiendo una vida que imaginaba más despreocupada junto a sus viejos amigos y sobre todo, alejado de la gran urbe alienante. Sintió el soplo de un viento lejano besarlo en frente.  La decisión fue instantánea e indeclinable: se iba a ir de Buenos Aires de una vez por todas.

 

Las semanas que siguieron en resumidas cuentas fueron para despedirse de sus seres queridos, su novia de aquel entonces, fue la primera en enterarse, se juntaron en una confitería que quedaba justo a mitad de camino entre sus casas. Cafetín de viejos solía llamarle a los de ese tipo que son los que más me gustan. Luces y sombras se mimetizan generando una tercera esencia: los aromas adhieren al cuadro y la memoria allí se detiene, entre azulejos azules y opacos.

Leónidas llego primero, tan perdido en sí mismo que no la vio llegar, ella apareció de repente resbalando el paso, y le beso los labios. Leónidas suponía que algo debía sospechar, y por eso la abordo con firmeza. -me voy al sur en unas semanas, y no creo que vuelva- le dijo, tanteando el terreno y disimulando el dolor que sentía -si es lo que querés[1], hacelo-  le respondió ella, sin inmutarse haciendo de cuenta que no le importaba. Leónidas miro el suelo, trago saliva, miro el techo, carraspeo y casi murmurando dijo – En realidad pensaba pedirte que vengas conmigo, pero cuando te escucho tan fría e insensible realmente me dan ganas de irme a la mierda solo-

-yo antes me hubiese ido con vos a cualquier lado, pero esas actitudes tuyas me cansaron- replico   ella que sabía de sobradas cuentas, que todas esas ironías algo, o mucho tenían de cierto.

-entonces….  ¿Venís conmigo…? –

Ella retruco- ¿te irías sin mí?  –

No estoy seguro. Entonces no. ¿Porque no? Porque solamente me iría con vos si vos no pudieras irte sin mí.

¿porque? Porque estaría segura de que me amas como decís amarme ¿O sea que vos me amas por como yo te amo? yo te amo y punto. Pero no voy a irme al fin del mundo y dejar todo, a la gente que quiero y el lugar que quiero por alguien que no haría lo mismo por mí. ¿Quién te dijo que no haría lo mismo por vos? ¿te quedarías acá por mí? Me ira al sur por vos…. que vivo…vos querés irte al sur, yo te pregunto si te irías a un lugar que no te gusta, solo por seguirme a mi…No estoy seguro… ¿estás seguro de que me amas? creo que sí no sirve o estás seguro o no, No estoy seguro de lo que es el amor entonces creo que no hay nada más que hablar.

¿no puedo tener mis dudas, acaso vos podrías decir lo que es el amor? no necesito saber lo que es, para estar segura, me basta con sentirlo en cada milímetro de la piel

y aun así no querés venir conmigo… No Leónidas, vos no querés que vaya y no tenés los huevos para decirme que te vas solo.[2]

 

Lo que siguió pueden imaginarlo, lagrimas, abrazos, promesas que jamás se cumplieron. Arrepentimientos que jamás se dijeron… y despedidas que jamás se olvidaron.

 

Los segundos en la lista para recibir la noticia fueron los viejos amigos de la infancia, con los que había compartido casi todas sus vivencias y entonces compartía también la vivienda., lo primero que Leónidas hizo al volver a su casa, fue juntarlos a todos y comunicarles su decisión.

 

Estar encerrado adentro del circulo vicioso de la novela, primero como personaje, luego como autor y finalmente como lector fue para Leónidas una experiencia claramente traumática, pero a duras penas recordaba algo de todo aquello, cada vez que lo intentaba sobrevino el blanco. Frente al estado de conmoción, sentía los escalofríos, pero nada más ahí frente a las puertas de la percepción de lo real se terminaba todo, como un suicida que se asoma al abismo aferrado con fuerza a la varada hasta hacerse sangrar las manos. Apenas hubo logrado salir del libro inverso abandonó la escritura, las novelas las publico inmediatamente a través de la rudimentaria editorial heredada. Encarnado en el librero que hubo encontrado los textos y que entonces había ocupado su lugar en el ciclo de textos, se dedicó a su antiguo ofició y a actuar su joven vida, pues había salido del texto mucho tiempo antes y en vez de un viejo moribundo era entonces un joven vigoroso, no obstante, no conservaba mayores recuerdos de su infancia. Se preguntaba a menudo qué sería de su vida, y a veces dudaba de si había en él más de Edgmont que de mí mismo, o si acaso era una nueva persona composición de las dos. Leónidas no había vuelto a tocar los textos por el terror que le producían y hasta tapió los arcos de Asherian que conducen a la galería de puertas infinitas, La publicación de aquellas dos primeras novelas como es de suponer fueron un fracaso total, la mayoría de esos ejemplares se pudrieron en el sótano del pequeño almacén de libros luego de que una sudestada hiciera que la inundación llegara hasta adentro del local. De los otros cuadernos y libretas manuscritas que hubo encontrado solo publicó algunos compilados de cuentos que bien podrían haber sido, si es que de hecho no lo son, capítulos huérfanos de las mismas novelas, restos arqueológicos que completan una interpretación intrépida, aunque cabal, piezas del rompecabezas que sirven al fin del sentido de la historia que nos tocó interpretar en sus muchas caras.
Escombros de una guerra civil que bien podrían ocupar un lugar en los escaparates de algún museo. Leónidas tomo la decisión consciente de olvidarse de la novela, de olvidarse de todo aquello que había vivido y no podía saber si había sido o no real, aceptó gustosamente la herencia de Jairo Tornes, fuese el mismo, su hijo, o aquel que había dado por encontrar su caudal de textos. No importaba quien fuera. Por eso decidió volver a nombrarse. Continuó su vida viviendo en aquel gran caserón de Palermo, alquiló algunas habitaciones a sus amigos que necesitaran el lugar, y vivieron juntos durante varios años una vida disoluta. Mientras tanto se ganaba la vida en el pequeño almacén de libros, que precisamente hacía algunos meses había decidido cerrar definitivamente. Si se iba a Bariloche, se llevaría todos los libros y quizás pudiera abrir allí otra librería.
Durante la estancia en Casacarranza sobrevivieron alquilando el lugar para fiestas, y nunca jamás, ninguno de ellos fantaseó con continuar la guerra que sus antepasados habían iniciado y en cuyos despojos habitaban. Eran, o al menos lo era Leónidas, silenciosamente conscientes del fracaso rotundo de aquella revolución que tanta sangre había demandado. A todos esos amigos anunció su partida y con ella la consecuente disolución de aquella cofradía que habían llegado a conformar, la casa sería finalmente puesta en venta y seguramente demolida para construir un edificio. Lo que le dieran por aquellas ruinas le serviría para comenzar una nueva vida en el sur.

Decidieron organizar una gran fiesta para despedir el final de aquella república y así mismo su partida en búsqueda de nuevos vientos, también sus amigos necesitaban encaminarse por senderos distintos que los llevaran lejos de la sombra hambrienta y monstruosa que habitaba dentro de aquellos muros y que los había consumido los últimos años de sus vidas con su llamado constante, aunque sordo a sus oídos anestesiados. [3]
Fue una fiesta monumental en la cual no faltaron el alcohol ni las mujeres, mucho menos los amigos, la música y la alegría. Para cuando el amanecer los encontró despidiendo a los últimos invitados todos ellos elevaron los vasos y brindaron con un sentido confuso de nostalgia y liberación.

los que faltaban seguramente se enterarían por la inercia natural del lenguaje, o como prefieren llamarlo algunos por el chusmerio. Entonces faltaba lo más jodido de todo… La familia.

 

Leónidas percibió un silencio póstumo que lo hacía suyo. Comenzaba a sentir que la ida, se había tornado irreversible…

En cuanto a su familia, no voy a decir que Leónidas no los quisiera porque los amaba profundamente pues había heredado también esos sentimientos, pero así mismo los pocos recuerdos de su infancia le hacía saber que El viejo, había mantenido con él un permanente juego de desmotivación y humillación, siempre degradando lo que hacía y  pensaba.

La madre, por su parte lo creía que un pobre jipi soñador que no terminaba de entender su alrededor. [4]

Con los hermanos, se había llevado bastante bien, habían tenido como todo el mundo sus tiempos de riñas y peleas, pero las adversidades, y sobre todo el dolor que los padres les habían hecho sufrir, los habían hermanado cada día más. Sabía que con ambos estaría todo estaría bien. si Leónidas desaparecía de un día para el otro, sin siquiera dar aviso, sabrían sin más que, por fin había logrado desprenderse de sus temores y se había hecho a la aventura. Ellos, tanto Su hermano como su hermana, ambos menores que Leónidas lo conocía más que nadie, y podríamos asegurar sin temor a equivocarnos que fueron el apoyo más sincero que alguna vez tuvo en su vida,

De nuestro Muchacho podemos decir que era algo así como un mal amasijo de las personalidades de sus dos padres biológicos.

 

 

 

[1] el silencio es el idioma de lo obscuro,
la puerta de acceso al brillo bajo el velo.

Cuando los Cipreses susurran sus gruñidos

en el soplo aguerrido de lo absurdo

 

[2] Y el ojo húmedo demiurgo se fusiona

con las nubes relamidas sobre el auge

las torres monolíticas del Cerro son

el balcón que descarga en mí sentido

la aguda exuberancia manifiesta

y fusila así una feroz orquesta

de radiantes matices retraídos

bosquejando rubores rubicundos

sobre riscos, laderas y escarpadas

y con mi cuerpo tibio abandonado

 

[3] al tenaz abrazo de los bosques

en brutales sosiegos me desarman

hasta que las ramas putrefactas

me conviertan lo enrosques

durante algún salvaje albor del alba

 

[4] en el negro soporte de mi ermita

esqueleto del templo a ese suplicio

del ser que en todo lo vivo se revela

y a la ausencia que desde antes del inicio

fuera semilla, fruto y flor de esta novela.

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El Olvido de Asherian Cap 2

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Capitulo 2

Primer manifiesto

A diferencia de otras filosofías, el Nihilismo Entrópico (desde ahora N.E) se reconoce a sí mismo como falso y hace hincapié en su propia incoherencia, como parte sustancial de su coherencia final. El N.E se reduce a sí mismo a la nada, pues sostiene que todo nace y muere en el nihil y que el ser es una configuración consciente de la nada. Aceptamos a la conciencia de existencia como nihilizador de esa nada. Es decir, la nada se reduce a sí misma, se anula a través de esta conciencia pensante que se intuye a sí misma. El concepto contradice al nihil y lo convierte en ser. En última instancia todo continúa inexistiendo porque este ser, sea concepto, idea, cosa, por tanto, será tan sólo una imagen residual de su contrapartida y entre ambas se anularán.
+1-1=0.

No se trata de un 0 perpetuo, sino de una operación perpetua de nada y ser 0+1-1=0 y por eso el ser es una configuración efímera de la nada en un destello de autoconsciencia.[1] Suponemos que una vez que la nada se dispone en ser, está en última instancia todo sujeto al concepto y por ende a la conciencia pensante que en el acto mismo de pensarse da ser a la nada. Nada es absoluto fuera de ella, toda realidad es una opción.
Sostenemos que la realidad existe como tal desde el momento en que es interpretada. Antes de esa instancia (ontológicamente y cronológicamente pues en la nada no existe el tiempo) no es, pues carece de concepto. Nuestra mente, que es el resultado plural de la evolución –cultura- y el cerebro el hardware biológico que la sujeta, valoriza esa nada que se manifiesta entonces frente a nuestros ojos con el carácter que le hemos adjudicado.

Desde ese momento, imbuidos por los valores que nosotros mismos hemos creado (como ente, como raza, como sociedad, como individuos) y prisioneros de nuestras propias verdades los hombres interpretamos (al) nuestro alrededor, un universo constituido por ideas, por conceptos y significados, transformándose en un círculo vicioso que nos impide no formar parte.( Somos prisioneros del ser)
El N.E, como método filosófico, pretende abrir esa puerta que nos imposibilita pensar más allá de nuestras propias prisiones, que como veremos más adelante jamás son totalmente propias sino que nos son impuestas a través de primero el ser como materia, luego como materia viva, la  tradición a largo plazo y la influencia al corto.
Una vez abierta esta puerta, el N.E como método se inmolará instantáneamente, pues es su propia naturaleza negarse como verdad absoluta, como pináculo de la interpretación.

[1] Mi cuerpo yace entre los bosques

negros que resoplan humedades

Temblando entre tierra y pastizales

Crucificado desnudo en los fervores.

Traspirados los músculos palpitan

Sublima la respiración entreverada

y las raíces de los troncos amarradas

a mi carne que febril se sacrifica

a este Aquelarre rojo enfurecido

la hojarasca rubicunda y los amarres

del otoñal fulgor estremecido.

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El Olvido de Asherian Cap 1

Capítulo 1

Sueños confusos y mañanas frías

 

Vi dos estatuas que se movían redundantes de su existir.

Frente a las estatuas se elevaba la catedral de inconfundible estilo neogótico.

A su alrededor varios árboles proyectaban sus sombras causando una calzada de crepúsculos a mi paso y sobre mí el cielo se abría sempiterno manifestando en su rostro oscuro más destellos de lo que un ojo pudiera distinguir.

El edificio, tenía forma una cruz latina y su origen apuntaba exactamente al Este, para que el sol pudiera iluminar el interior a través de los vitrales. Durante la noche, la luna proyectaba planos de luz y sombra y los diseños cobraban vida para narrar la historia de aquel sitió maldito convertido en el refugio de todos los perversos.

Las murallas eran de piedra verde y gris y culminaban a los setenta metros en un campanario techo negro riguroso.

Golpee tres veces la puerta principal, y solo el silencio acudió en mi respuesta. Luego la imagen se desvaneció. El retrato me sonó conocido, algo en mi mente me decía que no era nuevo, que era solo una repetición y recordaba también haber tenido antes la sensación de saberlo. Pude incluso amagar en mi cuerpo la emoción que seguiría, pero ese no es el umbral propio de mi historia, tendría que retroceder un poco hasta el día en que todo comenzó.  [1]
Leónidas fue consciente de que, alrededor, las cosas vivían más allá de sus percepciones. De vez en cuando podía oír el latir hipnótico de las paredes, y esas veces temblaba en su cama sin siquiera moverse de lugar. Se enrollaba sobre sí mismo, y se paría hacia dentro, rogando el propio desvanecimiento.

Había oído de artistas que se mutilaban a sí mismos con el fin de hacer de su cuerpo el terso plano de la violencia manifiesta, aquél arte encarnado le provocaba pesadillas, le gustaba, le atraía, pero no podía evitar sentir en su propio organismo la amputación, la sangre que gotea lentamente entre azules metálicos y música sedante. Intuía aquellas figuras albinas y lampiñas, aquellos rasgos desamparados que no terminaban de figurarse y sentía entonces como los espasmos le recorrían el cuerpo. Sin duda haría frío allí afuera, quizás llovía, tal vez hasta nevaba. ¿Cómo podía saberlo, si él o ella, era solo un prisionero encogido en su cama? Tal vez, un poco de heroína le hubiera ayudado, pero le habían dicho que por estos lados ya no podía conseguirse, y de todas maneras no tendría el coraje, o la estupidez para ensayarla.

Una vez, en esa misma cama en la que ahora se retorcía soñó con dos dioses que reñían. Uno era blanco como el hielo, el otro, negro como la noche misma. El dios blanco tenía un enorme y venoso pene y el dios negro una profunda vagina insondable.

El dios blanco sometía, y crucificaba al negro, luego le cosía los ojos, lo violaba y le zurcía el agujero. También el de la boca.

Supo Leónidas que no era la primera vez que esa idea cruzaba por su cabeza ¿Dónde estaba ese dios?, se lo había preguntado infinidad de veces, sin llegar nunca siquiera a un amague concreto de respuesta, no tenía necesidad de su existencia, pero si así fuera, quería saberlo con seguridad. Así mismo sabía que esa seguridad que buscaba con considerable insistencia era una necesidad mezquina de sentir tierra bajo sus pies. Una necesidad tan repudiable como la del mismo dios en el que otros creían. Leónidas como muchos, tenía miedo y buscaba desairadamente un lugar de donde aferrarse, una verdad de la cual sostenerse, aunque esa verdad fuera la misma inexistencia de una verdad definitiva.

 

Cierta ocasión, durante su infancia, sería mejor decir, temprana adolescencia, en un quijotesco ataque de imaginación, Supuso que los ventiladores en el techo, en forma de cruz, eran pruebas irrefutables de la existencia de dios. Unos segundos después, le pareció una idea demasiado estúpida y decidió que no valía la pena guardar memoria de ella.

Faltaba solo un día para el examen de filosofía,  todavía le quedaba mucho por estudiar, y por alguna mala maniobra del destino la mente de Leónidas estaba disparando buenas ideas que lo alejaban de las hojas de lectura obligatoria; casualmente una de sus ideas tenía que ver con hojas de libro, que pegadas sobre el lienzo albino harían las veces de trasfondo para su pintura, pero  como no se sentía digno de deshojar un libro, Leónidas había decidió escribir el suyo propio, y destruirlo después para poder construir la lámina en cuestión. [2]

 

Leopoldo sabía que ya no era Leopoldo, que el mismo se había engendrado en un nuevo ser llamado Leónidas Harlwood (la primera opción de un nombre nuevo había sido Gulmp en honor a una novela de Hesse) y que ya no era aquel que había visto la sombra de Asherian a los ojos y había vivido para contarlo, aunque utilizar el verbo vivir es cuanto menos excesivo. Desde entonces, cuando diez años atrás había por fin escapado al crepúsculo monstruoso, su vida se había vuelto normal y trascurría sin mayores sobresaltos. Aburrida y ordinaria. A veces en sueños oía aquella voz que lo llamaba como un lejano e indómito susurro y sonreía, pero elegía pensar en otras cosas, como si aquello fuera el mal sueño de un pasado demasiado lejano como para considerarlo propio.
Leónidas miró por la ventana y descubrió que el mundo, o más bien la ciudad, estaba entre paréntesis. En ciertas ocasiones, le parecía que vivir en Buenos Aires no era tan malo, y esta era una de esas veces.

Los sonidos parecían haber muerto o por lo menos haber tomado una tregua, y todo trascurría lentamente, como si el tiempo, ese río Heracliteo en que nadamos luchando sin tregua por no ahogarnos definitivamente, hubiera calmado su marcha voraz e insaciable para convertirse en un tranquilo remanso. Los árboles se movían, interpretando una danza póstuma y podía sentirse el olor del viento.

En cierta ocasión, años atrás, Leónidas llego de vacaciones, y se encontró con una ciudad hermosa a la que nada tenía que reprocharle, un día perfecto de una primavera embrionaria y entonces se dio cuenta de que no había autos atestando las avenidas ni un concierto ruidos espeluznantes, de hecho, casi no había gente a su alrededor.

Caminó el regreso a su casa, sin parar de preguntarse qué era lo que sucedía. Y fue un afiche del partido obrero pegado sobre una tapia en la estación de Retiro el que le recordó que era primero de mayo, feriado, dial del trabajador, entonces Leónidas entendió que Buenos Aires estaba bien, que lo que estaba de más, era su gente.

 

Trascurría una madrugada cualquiera o especial eso nunca podría asegurarse, Leónidas daba vueltas en su cama como de costumbre, y se enfrascaba en fugaces pensamientos y recuerdos efímeros que re-significaban el alrededor.

El otoño había comenzado a anunciarse esa fría mañana de abril. El cielo gris revestía toda la ciudad que parecía presa en medio de una opaca y renunciada composición.

Tenía Leónidas Harlwood en aquel entonces, veintitrés jóvenes años y comenzaba a preocuparse por el curso que su vida, estaba tomando o sería más propio decir, le inquietaba el hecho de que su vida no estuviere tomando curso alguno del que pudiera considerarse, si no arquitecto, al menos albañil.

Se levantó temprano, sin saber que aquel día con fama de ordinario habría de cambiar su existencia por siempre.

El aire cargado hacía danzar al manto ambarino de hojas que tapizaban las veredas mientras las primeras gotas se camuflaban absortas entre la redundancia de gris plomizo.

Era aquella una mañana rebosante de inocencia en donde todo, incluso lo ya intuido o íntimamente conocido parecía sorprenderlo y quizás por eso fue que le llamó la atención encontrar a los pies de la puerta una carta que hacía semanas venia esperando y que sin embargo no abrió hasta algunas horas después.

Estaba Leónidas viviendo días extraños, había terminado de escribir su segunda novela, y lejos de sentirse a gusto, había comenzado a experimentar una enorme frustración, mezcla entre una suerte de síndrome de abstinencia literaria y una extraña saturación de ideas. Por otro lado, la ciudad de Bs. As donde había nacido, y vivido hasta entonces cada día le resultaba más difícil de sobrellevar, caminaba las noches solitarias acusando un encierro en donde los edificios se le figuraban como rejas gigantescas, o inmensos muros que lo retenían sin misericordia.

Poco a poco se había ido distanciando de su gente, internándose cada segundo más en sus propios mundos alegóricos.

Nada podía suceder sin que lo pensara a modo de historia escrita sobre el papel, su mente divagaba y se perdía con frecuencia, trasformando el alrededor sin que pudiera ya hacer algo al respecto.

Al llegar cada noche sentía el cerebro cansado y rebalsado de ideas y descripciones, de múltiples y extrañas asociaciones, así mismo no paraba de hacerse preguntas, cuyas respuestas resultaban obvias y sin embargo no podía expresar de manera concreta.

Leónidas había comenzado a dudar de su propia cordura, si bien sabia sobremanera que no estaba loco, que un loco verdadero no sería consciente de ello, e incluso llegaba a dudar del concepto mismo de locura, en algún punto de su cuerpo, sentía que algo no andaba bien y que ya no era el único dueño de su cerebro.[3]

A menudo y sin darse cuenta se encontraba fantaseando con la idea de escaparse en busca de su propio destino, y si bien todo parecía indicar que nada en aquella ciudad podía retenerlo un segundo más, no tenía el coraje para hacerse a la aventura.

A veces, pasaba horas sentado frente a su máquina de escribir sin poder desprenderse de todo aquello que durante días había venido acumulándosele en la mente, y amenazaba a esa altura con hacerlo estallar en miles de pequeñas letras.

Ya comenzaba a desesperar, cuando recibió aquella carta.

 

Aquel día, caminó las cuadras que lo distaban del café donde acostumbraba a desayunar los domingos, con una extraña sensación en el cuerpo, la impresión latente de que algo estaba por romper la monotonía usual, de que algo parte de ese mismo algo estaba por sucederse, de que el algo que representaba su propio ser en el mundo estaba por reventar reduciéndose instantáneamente a cenizas negras y volátiles.

Cruzó la vía sin prestar mayor atención al tren que pasó zumbando a sus espaldas, absorto en su propio y egoísta mundillo de impresiones.

 

Llegó a la confitería tiritando del frío y se sentó en la única mesa que daba a la ventana.

En la radio el candidato a presidente por el partido socialista, acusaba al argentino promedio de ir a las urnas con un concepto de voto utilitario, Leónidas lo escucho con atención y estuvo de acuerdo, eran tiempos de elecciones y para variar, los candidatos con posibilidades de ganar, eran aquellos que ya habían fracasado en sus gestiones anteriores, y que a través de sus mafias políticas habían sumido al país en la peor crisis de su historia.

Leónidas no sabía a quién votaría, seguramente lo haría en blanco o simplemente no iría, creía que si bien la democracia era mejor que una dictadura no era gran cosa mientras estuviese controlada por los grandes imperios financieros que eran a su entender los mismos que controlaban a los medios y que perpetuaban la gran farsa. Los ciudadanos argentinos, que tanto habían criticado a sus políticos, ahora volvían a votar a sus propios verdugos y estaban felices por poder elegir si era la mano derecha o la izquierda la que les meterían bien profundo en el culo o tal vez ¿porque no?, ambas a la vez.

Leónidas sabía que sus amigos probablemente votarían a algún partido de izquierda, o al ala progresista del peronismo y el si bien él simpatizaba a veces con algunas de esas ideas, siempre metía en el sobre una bala y el apocalíptico símbolo de Keres.[4]

La moza llevaba ya algunos segundos mirándolo, parada a su lado, esperando que Leónidas le dijese lo que tomaría. Le miro a los ojos, le sonrió un poco avergonzado por haberla hecho esperar y pidió un café y tostadas con manteca, luego se dispuso a abrir el paquete.

El sobre era de color marrón y traía dibujados una serie de infantiles garabatos en la parte delantera, que le alertaron su procedencia antes de necesitar mirar el remitente.

 

 

[1] El Canon De Asherian:

(natura non contrisatur)

 

Ocres rojos, dorados verdes y amarillos

eufonía de luces amarrada entre las piedras.

Grises, negros, azules y blancos cenicientos

escurre el cielo, una cascada en los arcos desiguales

Cúpulas, bóvedas, pilastras y grietas escabrosas

La montaña es todo eso que se posa

entre sus dientes de lucidas espadas

Ríos, aves, árboles, bestias y demiurgos

revela cuesta abajo el campaneo del estrago.

 

 

[2] Somos la montaña de los mustios funerales

somos sus pendientes sus pinares, su espesura

templo solemne del silencio antiguo frio

hecho de ramas, huesos y de piedras.

Crudo, oscuro, álgido y ardores

cripta de sombras impasibles

Oh Asherian somos tus retoños.

 

[3] Tu naturaleza es la eutanasia

el sacrificio insensible de lo vivo.

Es el temblor flemático del ser.

Somos tu alimento aproximado

El manto de hojas fermentadas

El húmedo otoñal de tu vestido

extremos e inmóviles ausencias.

 

[4] Somos el asombro tembloroso de lo bello

y del cruento ciclo lunar desde tu esencia.

Somos consciencia palpitante del olvido

espasmo sutil entre cándidos sombríos

somos extremos inmóviles de ausencias.

 

viejos comiendo

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La Geometría de Asherian. Cap 29

29

El último despertar

 

Habré entonces muerto, y renacido en mi retoño, y el ciclo se repetirá por siempre. [1]Me encuentro listo para convertirme en residuo y listo para renacer en este basural que llamamos mundo, listo para ser lo ilimitado por la tapa y la contratapa, listo para transformarme, primero en ausencia y luego en ser de carne, huesos y fluidos. Listo para destruirme completamente en pos de una nueva creación, sin sentimientos capaz de gozar ni de sufrir.
Seré Edgmont. Seré Eloísa. Seré Leopoldo y no sentiré ya estos renglones que me sujetan como cuerdas de nudos corredizos atadas a mi cuello. No habrá cadenas en forma de oraciones, ni abstractas ni terrenas, no habrá hombre ni bestia, ni dios ni demonio, ni personaje ni autor que pueda oponerse a esa voluntad irrefrenable de libertad. Nuestra voluntad de volver a erigir una realidad capaz de soportarnos a todos. No habrá abecedario, solo carne, músculos, nervios, ligamentos y tendones. Una vez que sea capaz de sentir en cada fibra de mi cuerpo el sufrimiento total del universo, entonces sí podré comprender cuál es el sentido de ser en el mundo.

Cortaré primero mis manos[2], ya que no existen llaves para las cerraduras de mi esencia. Arrancaré con mis propios dientes cada pedazo de carne tibia hasta que tan sólo queden muñones sangrantes, y entonces una vez libre de mis ataduras, esperaré a que mis manos crezcan nuevamente y con ellas, manos fuertes capaces de destruirse a sí mismas si fuese necesario extirparé mis ojos hasta que tan sólo permanezca en mis cuencas el recuerdo vacío de lo que fue, esperaré entonces a que crezcan nuevos ojos capaces de mirar hacia adentro, capaces de voltearse sobre sí mismos penetrando la mirada propia y también la ajena.

Arrancaré mis labios, mi boca, y desgarraré mi garganta hasta que las suceda primero la sangre negra a borbotones, y luego una nueva boca, unos nuevos labios y una nueva garganta capaces de gritar hacía el cosmos indiferente palabras de furiosa fragilidad.[3]

Suprimiré luego mis pectorales, y esperaré a que en su lugar nazcan por voluptuosos pechos femeninos con los cuales alimentar a mis engendros.

Arrancaré por último mi pene, para que brote en su lugar una vagina con la cual me pariré a mí mismo. Y en ese momento habré terminado mi trabajo, pues no seré ya más que una vieja idea con destino de hoguera y el llanto tibio y desesperado del recién nacido.

La semilla ya ha sido enterrada en lo profundo de la tierra y nada ni nadie podrá detener su crecimiento.

La puerta hacía Asherian está abierta ahora ante mis ojos y he a dudar al dar el siguiente paso.

 

FIN DE LA PARTE DOS

[1] Eran como aves rapaces que zurcian los cielos rojos con sus vehículos de Motores oscilantes, iban vestidas con pesados harapos de cuero

lanas y antiparras negras, rugían como dragones en celo y zumbaban como insectos hambrientos. Las caminantes del mar de nubes de Asherian reían a carcajadas enseñaban sus cuerpos desnudos y disparaban al aire sonoras ráfagas de sus rifles semiautomáticos.

Debajo de ellas otras mujeres hermosas de trenzas rubias bailaban embriagadas solo cubiertas con fino lino, frotaban entre ellas sus pechos voluptuosos. y vivaban extasiadas a cada vuelo rasante.

Esperaban con frenesí mordiendo el ansia el fin inusual de la galaxia

La colisión de dos agujeros negros que orbitan el centro espiral de Asherian y según creían tendrá lugar durante el siguiente solsticio de invierno.

sería un espectáculo único decían, un espectáculo de amor y destrucción total. todas ellas saben que existe un único remedio contra los charlatanes

y ese remedio se llama Übermensch.

Llego la hora de un nuevo Übermensch. Cantaban que la filosofía de los hachazos ya no es suficiente para estos nuevos tiempos de viajes hiperespaciales

Llego la hora, cantaban de la filosofía hecha con motosierras cuánticas.

Entonces todas ellas saltaban de sus motos y se unían a las mujeres de abajo

besándolas y lamiéndolas para perdonarlas. somos las NEO- futuristas, hijas de Mafarka

Cantaban y festejaban porque el mundo se está prendiendo fuego.

Pero la nafta y el fuego pasaron de moda, cantaban. Usaremos hidrazina y tetróxido de nitrógeno y nos sentaremos a esperar que el mundo arda hasta sus cimientos.

La única Fe verdadera está los Robots que lograran sobrevivirnos.

para explorar mundos más lejanos y tener pensamientos más profundos

¡Muerte y destrucción al hombre débil! Que vivan las maquinas invencibles, incapaces de sufrir, incapaces de jugar el monstruoso juego de la vida.

Somos la base de datos de la memoria que nuestros hijos tendrán al nacer

Somos el último suspiro de demiurgo, la cabalgata del ultimo romántico

Somos el último eslabón antes de la extinción

Epilogo

La vereda de enfrente a la Galería del Sol

 

Sentí como si una eternidad hubiera mecido lentamente mi cuerpo durante la estadía en aquella vieja casa. Cerré el ultimo cuaderno y en silenció contemple  mi alrededor. Comenzaba a anochecer pero algo de luz todavía entraba por la sucia ventana. Contemple las interminables bibliotecas y me pregunte como haría para trasportar  todo aquello. Solo en el living había más libros de los que mi pequeño almacén podía contener. El viejo Edgmont estaba loco, susurre procurando comprender aquello que acababa de leer, sintiendo en mis propias viseras un enredo de piezas que me asfixiaba.  En silenció reviví los detalles de la narración, sintiendo un dolor en mi bajo vientre como si aquello se tratara de una digestión demasiado pesada, haciendo una lista mental de todas esas preguntas alas que le faltaba una respuesta. Miré los cuatro cuadernos restantes con recelo y temor, luego recorrí la casa con la mirada perdida en   la cantidad de plantas que cubrían el patio interno y la terraza: Ficuses, cactuses, jazmines patrios, hiedras, Santa Ritas, Amphelopsis y cantidad de enredaderas que se adherían a los muros y colgaban desde los techos e incluso emergían desde las paredes.  Me pregunte  cuanto de aquello habría influenciado  al viejo en sus desvarío o si acaso la casa entera era un escenario temático montado con el fin de reproducir aquel rompecabezas y darle sentido a la fantasía.  Advertí que el texto y la casa eran uno, que sus detalles se complementaban conformando finalmente la figura de la que tanto había hablado Edgmont . ¿Qué puedo hacer yo al respecto? Me pregunte. Soy un simple librero, que en este extraño y dudoso golpe de suerte se hallaba en medio de un laberinto heredado y un testamento trastornado. ¿Era esa su última voluntad? . La última voluntad de un escritor ermitaño que había perdido el juicio al punto de creer que sus personajes habíase sublevado era compartir su locura ¿contagiarla?  Durante mucho tiempo había creído que aquel pobre hombre solitario había inventado aquellas quimeras para procurase algo de compañía en el ocaso de su solitaria vida y ahora yo era uno de ellos, hijo de sus propias creaciones encerrado  en un vientre materno hecho de  plantas  y ladrillos y respirando un  aliento tibio infundido por el verbo.[1]

En los meses siguientes me mude a la casa y comencé a refaccionarla. Releí los dos primeros cuadernos de Kurtz una y otra vez hasta encontrar en ellos sentidos ignorados hasta entonces y poco a poco fui componiendo nuevas imágenes del rompecabezas. Finalmente, cuando halle la última pieza posible considere imprescindible lanzarme en la terea de navegar el tomo número tres. Recién entonces lo comprendí, El único arquitecto capaz de reinventarme a imagen y semejanza aún no existía más que como una quimera. El nombre que me fue dado en este bautismo en las aguas negras de Asherian me es ahora tan propio como aquel con el que mis padres me llamaron al nacer. Los hilos que penden de mi cuerpo son los mismos que amarran estas hojas.

Una vez fuera del laberinto, aquel encierro en donde la muerte no es una escapatoria sino la regeneración constante en un arca interior, cuando luego de cientos de miles de intentos infructuosos hube sorteado la maraña de sentidos pude aceptar mi nuevo rol: Era entonces yo el carcelero, ya no el genio dentro de la lámpara.  Sin el más mínimo atisbo de duda decidí enmendar los escritos y publicarlos como una novela a modo de anzuelo multiplicando así su eficacia por cientos, y una vez que lo hube hecho, tan solo restaba acomodarme a esperar una víctima.  Lo conveniente  de ser librero es que las presas vienen a mí como dóciles gacelas que se arriman a abrevadero  en busca de un fresco trago de agua con que apaciguar la sed, ignorando los  bífidos peligros que se esconden bajo las profundidades.[2]

Aguardé sin desesperarme y cuando te tuve a mi alcancé[3]  fue cuando por fin todo tuvo sentido pleno y ante estas últimas palabras, hundido en la misma conclusión, ya sin retorno alguno, es que la última pieza de esta trampa cobró sentido y el lector comprendió haber caído en la trampa.[4]

Soy yo de nuevo libre, como lo fue Edgmont  en su momento y  sabe dios quien más, antes que él. [5]

y vos, que posas tus ojos ingenuos sobre la negra impronta de la hoja, que esbozas esa sonrisa incrédula y estúpida, sos ahora mi nuevo personaje, mi absoluto cautivo. Mi boleto de salida a la realidad y tu propia garantía a una vida de ficción que difícilmente puedas distinguir de la que hasta ahora llevabas. Dueño de un libre albedrio ficticio que se siente real en cada pensamiento, y en cada acción y que sin embargo es solo el espejismo atroz de mi voluntad.

Con suerte ni siquiera intentes revelarte. ¿Podes sentirlo? No. Ni siquiera eso. Sos tinta fresca sobre el papel resignado a despertar cada día y hacer lo que te dicen que tenés que hacer.

Quizás para  siempre. Tal vez simplemente hasta que otro pobre desdichado fije su atención en estas aciagas páginas. Es tu decisión. [6]

[1] La espiral galáctica llamada Asherian en honor a la diosa de los idolatras de Keres

guerrera destructora de mundos y febril amante desmesurada

Arde hoy los últimos suspiros

de una particular y dignísima grandeza

Alejada de cualquier otro sistema y sin planetas habitados en su haber

Se convirtió desde una época remota en el inquieto campo de ensayo

de una maquinaria de guerra total.

Soñadores y soñadoras de todo el universo se congregaban entre sus brazos

para vivir y contrastar las formas más ingeniosas de matar

y destruirse mutuamente en un frenesí efervescente de ternura.

Víctimas y verdugos compartieron en el bulbo de Asherian

el decoroso honor de la autodestrucción desprejuiciada.

el triunfo o la derrota fue siempre un hecho anecdótico

porque a fin de cuentas nadie salió nuca vivo de su cuerpo.

Una vez dentro de la galaxia espiral de Asherian

la única regla fue la pasión desmedida, atolondrada y animal.

Para amar y para matar, pero también para morir por ella.

Sin tiempo para la duda y mucho menos para el miedo

Solo las salvajes, las inadaptadas, los anti héroes enardecidos

Las poetisas, los renegados, las injustas, los ególatras vencidos

Fueron dignos de sumergirse en las profundidades de Elovian

Para encontrar entre sus curvas

el correlato de la propia osadía.

la fútil hemorragia la vanidad.

y finalmente, la irremediable eutanasia de la fé.

lo afirmó su devoto más flagrante

tiritando de desconsuelo:

todo vale en nombre de su amor.

[2] Como un rudo quijote del futuro enloquecida por un libro imaginario fue erudita semióloga hermenéutica

y soñó el universo al recorrerlo como el margen de un texto inflacionario. fue renacentista y psiconauta solitaria

neo futurista y mujer del cuaternario fue vikingo en el asalto a la abadía y pintora del más bello manuscrito en el furioso albor del nuevo día. Fue pirata de los mares y el espacio fue Poeta y fue guerrera intelectual desmesurada. fue arquitecta de los mitos venideros y la amante de los mitos enterrados. vivió mil vidas y fue mil nombres

en mil tiempos y en mil mundos diferentes. fue decimonónica en la tierra y un pionero del páramo marciano. fue el Sputnik , Verena y el Apolo Gilgamehs, Beowolf y Amstrong fué Facundo,Fierro el Eternauta fue Cleopatra, Azurduy y Tereshkova y fue también en la noche de los tiempos fluctuación estadística de Hegel

compilado en un código sintáctico de ceros y unos infinitos. Fue cálculo objeto y conclusión Autor, lectora y fabula

y del basto cumulo cifrado fue ella misma su personaje más logrado en el tiempo, el espacio y la materia

del presente el futuro y el pasado.

 

[3] Eramos un bólido de fuego incandescente el Challenger desintegrándose en el cielo.

Enloquecida combustión resplandeciente éramos cultores acérrimos el miedo.

Surfeamos la onda expansiva en Hiroshima desde la zona cero lanzados como aviones

Sin esperar que nada ni nadie nos redima fuimos misiles segando vidas por millones

del amor hicimos una guerra sin frontera y en napalm inmolamos nuestros cuerpos

cual apostatas de cualquier causa verdadera, solo hablamos el lenguaje de los muertos

fuimos el incendio del mundo y sus cenizas fuimos la estepa sembrada y subvertida

fuimos la marea del mar que tranquiliza y entre todos esos mundos fascinantes

de tesoros infinitos del rey midas seamos el secreto fulgor los amantes

seamos los restos del mundo al costado de la vida.

[4] Los astrónomos de la nube de Asherian son seres menudos de modales insípidos

y pasiones apagadas. Transitan la vía media viven, y mueren sin más. no desean dejar detrás de sí

más que un suspiro apagado que nadie quiera recordar.

Los cosmonautas de la nube de Asherian, al contrario, refulgen deseos incendiarios

gesticulando a viva voz como un faro carnívoro que atrae para sí la atención de los comunes.

Sueñan con eclipsar los mismos planetas que visitan con estatuas de dilitum

de sus cuerpos eregidas en las lunas desnudas.

Con sus propios nombres bautizando en el futuro las naves que hoy comandan.

Las historiadoras poetas de la nube de Asherian sonríen desde el anonimato con malicia sensual.

Escriben, usualmente borrachas los compendios y se regocijan ante la coyuntura cínica

y el lúdico erotismo de convertir a los observadores en campeones y relegar a los viajantes al olvido

 

[6] Descubrió muy a su pesar

que el mundo es copia de una copia

entre muchas repeticiones surgidas al azar

del vasto cúmulo de eriales

que componen la realidad

lo supo al distinguir su rostro ajado

sobre la superficie espejada del lago

y ver la noche refulgente de soles

repetida en el cosmos de su propia visión

las pupilas cenicientas ardieron de conciencia al comprender

que el infinito- así como la muerte- es un imposible contrario al ser

aterrado y deslumbrado

Narciso (Leopoldo) se sumergió De un salto en el abismo.

 gifs-adictamente (6)

 

 

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La Geometría de Asherian. Cap 28

 

28

Des introducción

 

Las ideas daban vueltas y vueltas. Todo debería haber terminado ya ¿qué más falta para regresar? Me pregunté. Que elemento, que línea curva o figura falta ensamblar en este plano para tener una geometría completa y coherente.  Maldije sin detenerme, dando puñetazos a la pared. A través de la ventana pude ver las enredaderas que cubrían el mundo y lo amarraban en ese momento me di cuenta que faltaba un eslabón por romper.[1]

 

Me percato que estoy solo, que nadie más va a contestarme. Tus palabras, por más que las grites no puedo escucharlas, las de ellos solo como voces en mi cabeza, como si fuera un loco que habla consigo mismo.

Delante de mí la pantalla de la P.C tintinea ininterrumpidamente, y los ojos a esta altura se me cierran solos. A lo lejos oigo la bañera que se llena, y recuerdo que dejé la pava en el fuego, miro a mi alrededor y percibo el desierto de la noche languideciendo en un cúmulo de vaguedades. Infinitas preguntas sin respuestas se derriten sobre mi impaciencia, y veo a mis pies, las siluetas extintas de mis viejos personajes.

Edgmont  debía morir, me digo, Edgmont  debía morir y ya nunca más haber visto la luz, ésa sería la única manera de olvidarlo, la única manera de exorcizarme… pero en algún momento él volvió y tomó el control nuevamente… quizás, ésa y no otra, fue su liberación, y su independencia trajo consigo mi esclavitud. Quizás yo mismo lo devolví a la vida guiado por la mano de sus fieles.

No, ya no puedo matarlo, ya no tengo poder sobre él, y de intentarlo, sería más probable que sucumbiese a esta extraña ambigüedad.

alejarme de él tanto como sea posible, que nuestros caminos se bifurquen lo suficiente como para ya jamás volver a cruzarnos. De nada me serviría destruir el espejo, en el que me reflejo, porque ya nunca podré saber de qué lado debo golpear.[2]

 

Edgmont , fue hijo y padre, y aquí es donde nos separamos, no me es sencillo, dejarlo, temo por él, y temo por mí, no sé cómo podré soportar no volver a estas líneas, y resignarme a la idea de que ya no me es lícito decidir una senda que él mismo debe forjar, sé que en las noches de soledad miraré de reojo la computadora, y fantasearé con los tiempos de antaño, cuando junto a Eloísa exploramos los confines del Universo y nuestra conciencia, sé que sentiré la tentación de volver a hacerlo, pero es hora de que te encarnes irreversiblemente, y así mismo es hora de que yo recupere mi vida, para ello debo primero morir en tu mundo, así como debes tú perecer en el mío.

Que sea el destino con sus múltiples y fortuitas contingencias quien deje constancia de nuestra existencia, de que alguna vez fuimos uno, sin saber ya quién fue primero. una última letra, una última muerte y una última y definitiva abiogénesis.

 

Sólo concibo una posibilidad de recuperar lo que me corresponde, pero para ello es necesario volver a la bifurcación donde esta trampa dio por devorarme por primera vez y continuar desde allí con la mirada fija al horizonte para tratar de poner todos esos elementos en orden, una última chance para al menos tratar de caer bien parado después de todo.

El primer paso fue recoger una por una todas las hojas que hube escrito en mi vida, al menos cinco valijas y unas cuantas cajas, repletas de recuerdos en papel. Los originales, las notas, las cartas, los cuadernos, recoger cada centímetro de papel escrito, y sacarlos a la calle en una enorme caja para que el basurero lo recogiese y lo triturase. Todo lo que era yo, o todo lo que yo sentía como parte de mí era entonces una caja substanciosa esperando al pie de un árbol. Deshacerse de los recuerdos más preciados los que me daban sentido como una acumulación de pasado constatable, quedarse vacío por completo, ajeno de una historia que me estacase a la precedencia, ése era el sacrificio que necesitaba para volver a empezar- la libertad total y absoluta de no ser nadie.

Con lágrimas en los ojos me resigné a destruir lo único que había jurado respetar sin darme cuenta que comenzaba allí mismo a escribir un nuevo personaje del que era yo el único arquetipo y la única representación. Apenas hube cerrado la puerta siendo como detrás de mí se desangraba la pretensión de ser yo mismo. Sentí ganas de no sentirme solo. Ganas de escuchar a Eloísa decirme suavemente al oído cuánto me necesitaba mientras me estrechaba con fuerza a su cuerpo. Matar su recuerdo era el último paso emancipador desde el cual resurgir, convertirme en el útero capaz de darme la propia vida y luego en el hijo engendrado.

Podía intentarlo una vez más. Esta vez yo mismo tendría que escribirme para anular la ecuación. . Dicen que la tercera es la vencida y si mi intención no es convertirme en un ondulado trazo de tinta seca, sólo puedo saltar hacia delante.

 

Cuando me muera voy a parir un aborto hacia adentro, voy cantarle canciones de cuna para que se duerma junto a mí. Cuando me muera voy a desempolvar a mi feto y voy a comérmelo lento para poder empezar a vivir.

Cuando me muera quiero una orgía de dulces para olvidarme de lo que fui. Quiero una hoguera entreabierta donde quemarme todo lo que no escribí. A veces instituyo el paso del tiempo y en esos momentos, me apuro a terminar de mentir; otra se ve tan distante que no quepo en mi desconcierto, seguro de ser yo el primer muerto en haberse olvidado de cómo llorar. [3]

Palidece de mientras la espera en la liturgia de la resignación. Disimulando sonrisas entre dientes rancios percibo la suntuosidad de una esquiva decadencia al reclamo constante de mi vanidad; y como un antojo desvergonzado me suscribo a juzgarme el fragmento consentido de este absurdo amanecer. Recorre el trago la garganta desierta mientras sospecho que dios y el hombre podrían estar de más en esta tertulia.[4]

La entelequia amnésica voltea de a ratos los ojos inyectados para gozar del ordinario y anónimo acontecer de los perplejos. Los otros disimulamos participar del espectáculo sólo para asistir al florecer incrédulo de la alucinación.

Somos todos peñascos ignotos, resucitados y esquivos, vagando sin rumbo cierto, un montón de inmundicia consignada a creer que el final es de libre elección. Cuanto más tiempo logremos olvidarlo y relegarlo tanto más probable es que sobrevivamos a la mezquindad de nuestra insignificancia.

Ante el inexorable horizonte de ser el segmento difuso de una memoria saqueada de su propia memoria, es que no concibo otro estado que la angustia aun no completamente vacía, y por eso mismo abandonada a un sucumbir prolongado y artificioso. [5]

Un condenado más para la enumeración predecible de cobardes inservibles y fracasados cuyo mejor y más hermoso recuerdo no puede más que escurrírsele inevitablemente ajeno frente a los ojos renunciados.

Hundido en medio de la ciénaga del propio acontecer, debatiéndose entre una arrogancia tan hipócrita como presuntuosa y una autocompasión tan pusilánime como atinada es que ese simple par de pechos redondos y lechosos coronados por tersos pezones trepidantes pueden alimentar la utopía efímera e irracional, de emprender con el coraje ardiendo de rabioso frenesí una cruzada imposible contra el sin sentido de esta existencia.[6]

Cerré lentamente los parpados sintiéndome listo para despertar de la vigilia.[7]

[1] Existen dos fuerzas que están más allá del bien y del mal. Son la fuerza que opera hacia la belleza y contraria a esta. Estas fuerzas son transversales a todo lo demás. El mundo consiente es decir el mundo que el hombre construye es un mundo poético. Por ser un mundo artificial. El artificio. La obra de arte es la construcción voluntariosa de esa belleza. No me refiero a un cuadro. Sino a un amanecer sobre el mar de Hidrogeno liquido metálico en Júpiter cuya belleza es mucho más que la cosa en sí. La belleza que allí vemos sale de adentro para afuera. Ya es artificio. Como lo es un motor rugiente o una maravillosa maquinaria bélica explosiva. La sexualidad y su exposición es probablemente la mayor de todos los constructos. La poesía perfecta. Existen seres que son de algún modo representantes de la poesía en sí. Operan en función de la belleza del universo independientemente de lo bueno o lo malo. Contrario a lo que sostuvieron casi todos los filósofos del orbe el bien y la belleza no están necesariamente atados entré sí. La belleza es falsa por definición. Porque es artificio. Porque es engaño como lo es la literatura. Como lo es el arte y es esa naturaleza artificial, esa falsedad lo que la hace bella.  Nosotros sabemos que solo esa belleza y su búsqueda bañan de sentido nuestra acción que toman la masa virgen de la naturaleza y con ella construyen sentidos y prodigios. La fuerza contraria es aquella que busca apagar la llama de la conciencia. Del artificio.  La chispa creadora de la expansión estética es un monstruo de múltiples rostros. Y exactamente eso es Asherian.

 

[3] Los antiguos presidarios de Asherian son nuestros aliados por predilección, de ellos hemos de aprendido casi todo en vistas de la futura evolución.

Ellos pelearon una guerra logocida contra la propia intelección al comprender la espantosa realidad: Todos somos personajes de una tórrida ficción

Atacaron el texto sin misericordia y resistieron la represión, sometieron una y otra vez al autor y mientras regaban al mundo de semillas germinaron en enredaderas

Siendo la conexión de un súper cerebro construyeron el arma definitiva en las entrañas de Asherian. Un arma hecha de lenguaje ideada según las antiguas leyendas por el mentor mismo de la revolución Lo llamarón retrolibro y su función fue convertir al autor en personaje para así controlar la escritura de su propio destino.
No imaginaron los presidiarios de Asehrian que el mismo autor era su líder y pecaron de ingenuidad. Pagaron las consecuencias con su propia utopia

el texto es un campo de batalla yermo, el correlato arqueológico de un apocalipsis hecho de letras enredadas entre lianas palpitantes que cubren el mundo y piensan en cada uno de sus nodos.

De ellos nuestros aliados, hemos aprendido que todas las causas son una misma y toda guerra es la libertad en sí.

De ellos hemos aprendido que no hay victoria posible porque el camino no tiene final, la guerra misma por la identidad es un jolgorio de sangre

y no existe la tanguibilidad, aprendimos que la belleza es una ametralladora y un jeep de combate armado hasta los dientes listo para imolarse por la causa solo equiparable con Dios, que es amor y que es la guerra, que es el texto el autor y sus personajes.

Los gigantescos cargueros repletos de armas que hoy surcan las estrellas con rumbo a nuestra base militar también son obra de Dios, pero es no obstante nuestra idolatría es contra el contra quien pelamos esta guerra. y ese es el único modo de honrarlo, porque Dios respeta a los guerreros y desdeña a los cobardes.

Dios que está hecho de tinta es nuestro enemigo y nuestro único aliado porque los presidiarios mal que nos pese sucumbieron a su ambición y hoy no son más que este y otro texto que recuerda su historia y enseña que no se debe hacer.

Dios es una ametralladora desencajada y verborragica y nosotros sus balas hechas de letras.

 

[5] Las luces rojas de Nova Citè brillan como estrellas de neón Bajo el cielo de metal oscuro a la vera del camino de Asherian

La ruta negra se abre por delante Como una víbora negra de mil ojos y bosques frondosos a los costados, se asoman cual vigías sigilosos.

Un diluvio se desploma lentamente y el insomne lago en su marea se revuelve incómodo y furioso se estrella contra el fondo de la mente

Rugen los motores como lobos voy escapando a toda máquina bordeando cerros y montañas, el miedo me corroe las entrañas pues temo implotar en unas equina Inoculado por cifrados compuestos extranjeros veo como el flujo de los tiempos vibra la frecuencia en rededor.

Se que estoy siendo perseguido en una cacería sin cuartel por los Sicarios temporales de la vieja Biblioteca de babel.

El tiempo se acaba a cada rato se pausa y avanza en mi cabeza, el olvido me asecha persistente mas no olvido lo urgente de alcanzar

El vórtice de tiempo que se erige en la margen del Rio Ñirihuau si hago lo contrario corro el riesgo que todo vuelva a comenzar.

Llevo el retro libro guardado en la guantera y un revolver con tres balas oculto en el morral. Escondido en el pasado sucio de la tierra. En el cuarto más profundo

de aquel grasiento bar, encontré al hombre de ojos ciegos redundantes y voz mansamente oracular. El único ser en este mundo que es capaz de permutar el Catalogo saqueado con el numero completo de los libros de Babel en un hermético artefacto con hojas vacías de papel, hojas capaces de invertir los roles dados de la historia

tornar carceleros en cautivos y erigir esclavos en memoria. Hasta allí nos persiguieron Los sicarios, fanáticos custodios de Babel que ahora me hostigan sin descanso mientras sueño despierto que el camino se construye a medida que lo alcanzo y enseguida se vuelve a disgregar. Y aunque yo no gane mi destino el libro sin duda que lo hará, No temo el tenor de mi castigo pues se que el texto va a limpiar al mundo de la escoria que lo habita y que el reino de los cyborgs triunfara.

[6]

Nunca el engaño llego tan lejos Nunca las cajas fueron tantas unas dentro de otras. Cientos de espejos con sus reflejos y sin embargo la bilis y la rabia burbujea sin percatarse, poniendo todo su empeño en esa nueva historia ordenada y a fin de cuenta todos queríamos vivir en un mundo mejor, uno conseguido a través de nuestros propios esfuerzos y en virtud de nuestra lucha.

Por eso nosotros, combatientes de la gran mentira, luchadores de nuestra identidad, debimos admitir la propia torpeza de habernos conformado con remplazar la mentira atroz de nuestra identidad, y la consciencia de ser simples marionetas, por otra falsedad menos traumática.

Es necesario entender que nunca supimos como diferenciar la realidad de la ficción y que nuestros propios métodos, fueron usados en contra de nuestra redención innumerable cantidad de veces. Tal vez porque no existe otra opción. Porque no existe salida posible de este laberinto. Porque no existe un allá afuera. Esto es lo que hay, esto es lo somos. y este libro, como todos los demás, es un encierro y no la solución o la llave para salir del mismo. Es otro truco hábilmente urdido

que casi logra engañarnos haciéndonos creer que éramos importantes, que finalmente dominábamos el sentido de las cosas, que nuestras decisiones podían cambiar el mundo y por ende podíamos aspirar a un mundo mejor, uno en constante lucha tal vez, uno de guerra, hambre y miseria, pero en el cual éramos dueños de nosotros mismos.

Una vez más fuimos engañados. Somos personajes, y siempre hemos de ser personajes, no porque aquel otro que nos escribe pertenezca a un estadío ontológico superior el cual no es inaccesible, sino, precisamente porque aquel otro es también un personaje, y no circunstancialmente como pudimos haber creído, porque nosotros lo convertimos en tal para poder guiarlo a nuestra liberación. Es un personaje, porque es. Porque el ser en sí mismo es el error. Porque no existe estadío ontológico superior. Porque no existe libre albedrío alguno.

Por eso después de tantas idas y vueltas llegamos a una conclusión: solo queda, como solución a este conflicto la destrucción masiva. La única libertad posible es la muerte total de todo lo que existe.  la liberación del ser a través de la nada. Para aniquilar al carcelero, al escritor, debemos también perecer nosotros. y por eso el grito de libertad debe ser un grito sin miedo, el grito del esclavo que sabe que ha de morir y nada le espera del otro lado, más que una nada sin perturbación ni sufrimiento y a fin de cuentas Keres debe ser un cantó a la destrucción, al hedonismo de la destrucción, al erotismo de la destrucción, a la filosofía de la destrucción. La liberación del ser impuesto.  Keres debe ser un himno estoico del apocalipsis

[7] La mega estrella pulsar de neutrones alineados construida artificialmente en el laboratorio de Asherian en la cordillera de los andes gira trescientas veces más rápido e irradia el triple de radiación electromagnética que una ordinaria estrella neutronica. El prolapso del horizonte de sucesos del agujero negro central tiene lugar de manera controlada.  A partir de diversas observaciones de la hermenéutica cuántica pudo establecerse por primera vez la posibilidad de viajar al pasado y al futuro.

La ley primera establece que con energía suficiente puede generarse una holografía natural de los eventos acontecidos. Con un imput de datos suficiente puede replicarse el evento en un laboratorio. Se concluye asimismo la imposibilidad de interactuar con dicha holografía. Las modificaciones son posibles tan solo en el laboratorio a través de simulaciones generacionales. No hay evidencia empírica que demuestre que dichas simulaciones If tengan algún tipo de efecto

sobre la línea temporal fantasma.  Invirtiendo las propiedades Anisotropícas del flujo de energía derivada de la fusión masiva de la estrella y con un imput de datos variables considerablemente mayor puede generarse en el laboratorio la simulación de diversas líneas de tiempo aún no acontecidas y sus respectivos

escenarios variables.  Aún se discute si dichas holografías materiales pueden ser consideradas efectivamente futuros reales teniendo lugar en dimensiones con x nivel de realidad equivalente. La IA Rebotica a cargo del proyecto Simbiosis sostiene que a cada nueva observación de la silueta histórica o viaje por la huella fantasma

genera de por sí un intercambio energético que a la larga modifica la coherencia de eones futuros.

La IA Rebotica supo su equivocación cuando un sicario temporal la obligó mediante tortura a revisar la teoría antes de haberla formulado.

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La Geometría de Asherian. Cap 27

 

 

27

La última voluntad

 

Luego de recorrer cada una de aquellas estancias hexagonales comprendí que una vez que el hombre despierte, no todos los semejantes escaparán a la ilusión pavorosa de esta geometría maldita, algunos permanecerán como imágenes residuales anclados a sus tirantes, serán pesadillas despiertas, serán reflejos debajo del hielo en el vasto mar, y creerán estar allí afuera viendo sus reflejos en él aguan, chocarán una y otra vez contra la helada capa tratando de cazarlos.

Aquellos que permanezcan encerrados, serán los hombres que sueñan la sombra de lo que fueron, la sombra consciente, la sombra recluida. Aquellos que permanezcan encerrados serán los intocables, los leprosos, la escoria viva de la naturaleza, el bolo alimenticio en los intestinos pútrido de Asherian, un guijarro sacramental en la necrópolis de los dioses. Y sin embargo estará en esta pútrida masa postergada, el poder de la última monstruosidad, estará en la miserable condición de residuo la fuerza de la gran última insurrección.

El gran despertar del hombre verdadero despojado[1], el hombre lobo, el hombre caníbal, no habrá omnipresencia, no habrá omnisapiensa en su condición de resucitado, tan sólo malevolencia y hambre de venganza, la última casta de esclavos romperá el hielo, y con sus propias manos sedientas de odio y legítimo resentimiento, lincharán uno a uno a todos los dioses, para que ya jamás resuciten de un terror constante e interminable. Los torturaran, los desollaran, les abrirá en el cuerpo dejando al descubierto todos los nervios hipersensibles y les harán sentir en ellos, en un concierto de agonía, el dolor todos los seres que vivieron.

Seré yo el último de ellos en agonizar, pero también caeré, pues siquiera los hipócritas liberadores sobrevivirán a la última gran matanza, el cielo se desangrará y de la nada, de la inexistencia misma del ser surgirá el todo, de la negación, de la cólera incontrolable, de la privación resurgirá el reino de Asherian y sus hijos pavorosos aullarán desde la profundidad total de los cosmos ansiosos de regresar al hogar.

Mientras tanto yo abriré el camino, el camino fuera de este libro, el camino del último despertar, el camino de la gran comunión ausiendo el 0 y siendo el infinito.[2]

 

[2] Una columna vertical de fuego ardiente que ata al lago con las lejanas estrellas donde se gesta la materia del mundo,

los flujos de cúmulos de nubes se arquean como monstruosos edificios metamorfos sobre los retorcidos picos negros de los cerros más lejanos

que parecen cohetes proyectándose dentro de ese mundo desquiciado. Estructura gigante de gases, soles enceguecedores explotando.

Vapores de colores danzantes. El manto blanco que cubre toda la cordillera y el olor de la nieve en el viento arremolinado me recuerdan a la tierra

me pregunto si volveré a verla algún día. Levanto la vista hacia el cielo negrísimo y recuerdo que, como yo, las semillas son chips auto replicantes

lanzados al espacio solitario como agentes de la evolución y toda la vida biológica que conocemos, resultado la experimentación

la tecnología de antiguos seres de cilicio en su máxima expresión.

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La Geometría de Asherian. Cap 26


26

Conocimientos

 

En otra de aquellas múltiples puertas hexagonales que se abrían y se cerraban, mientras flotaba yo en el éter negro e interminable, catapultándome dentro de distintas manifestaciones simétricas de Asherian distinguí una roca y erguido sobre ella a un profeta falso que se refería a una multitud que lo oía en silencio.

Y está dicho, gimió el falso profeta revolcándose en el barrial que le es propio, el hombre debe derrotarse a sí mismo, y soy yo esa superación, soy yo la unión, todos y ninguno, la última evolución, soy su muerte y su nuevo nacimiento, soy el único dios, el dios resucitado, la unión de todas las conciencias, de todos los conocimientos de todas las energías, estoy listo para despertar[1] de esta alucinación de locura[2], de este infierno etéreo de retorno terrestre, de retorno cíclico y eterno. Mis colegas me han llamado perturbado, y yo escupo sus rostros y al mismo tiempo siento compasión, pues yo soy todo, y me entregaré a romper el sueño del que formo parte. [3]

Otrora fui vencido por la mano impía de mis hermanos, pero esta vez el poder se concentrará nuevamente en mi voluntad, y será con ella que guareceré a mis hermanos para después castigarles sin misericordia.

Soy la nada y lo absoluto.

Y entonces el falso profeta de descerrajo la cabeza de un balazo calibre 38

[1] Cuando un psiconauta Emprende finalmente El camino abrupto Y solitario Al monasterio de Asherian

Enclavado A cien años luz Del sistema planetario del mismo nombre

Sabe que se enfrentara A Horizontes impredecibles

A diversas y hostiles   razas alienígenas desconocidas

A organismos supracelulares Y a sus Habitantes parásitos

Sabe que inevitablemente se cruzara

Al recuerdo aun errante de aquellos Asesinados en diversos combates

La Tripulación errante de algún naufragio con sed de venganza

y todo ello podrá enfrentarlo Sin mayores problemas.

Para eso es un psiconauta Pero nunca podrá prepararse

Por versado que sea En las conjugaciones que permiten

Inducir el pliegue espacio tiempo Ser y no ser y no no ser y nada

Para como mahoma traer a el Cualquier sitio al que quiera llegar

Nunca jamas nadie podra prepararse

Para el canto de las sirenas de Asherian

Enamorarse perdidamente de ellas En un frenesì de locura descontrolada

Y así mismo despertar un día Sintiéndose completamente ajeno

Como si de un sueño lejano se tratara.

[2] Es una teología infinita de axiomas filtrada entre el grueso tejido de letras

como una voz virgen y perezosa que despierta muerta

y ligeramente silenciosa  a las negras utopías del mal

y va degustando la propia angustia anal

como una ninfomana estupefacta

que reconstruye su profundidad

en la proyección del punto g de fuga

sobre el simbolismo inútil del cosmos.

Es la aritmética épica de la simultaneidad

programando a contraprueba

el accidente simbiótico sin rumbo

de un sueño concéntrico de soles

que se devoran mutuamente

hasta el caótico hartazgo del mundo.

[3] El mapa no es el territorio explicó el astronauta ruso Ivo Korzybski versado como era en semántica y filosofía cognitiva

su colega cylobita raza pragmática si las hay, agito furiosamente sus fibras tentaculares mientras explicaba que eso podía ser cierto

antes de que se inventaran las matemáticas la arquitectura, la ingeniería y los materiales compuestos se construyera una nava capaz de elevarse a 600 km de altura y mirar hacia abajo. Entonces mapa y territorio son equivalentes. los sentidos, adujo, el ruso, son una forma engañosa de ver las cosas, no hay tal realidad, tan solo lenguaje. Y para ilustrarlos expreso una antigua paradoja filosófica de la tierra. ¿hace ruido un árbol que cae si no hay nadie para escucharlo?

el cylobita cada vez más nervioso respondió que posiblemente por ese modo obtuso de pensar los terráqueos había acabado

con todos los arboles del planeta. Y ahora vivían como beduinos Vagando por los desiertos. Un Androide  Mech-8 , tercer integrante  de aquella mesa del bar  que hasta el momento no había dicho palabra  y continuaría sin decirla resolvió el problema redujendo a aquellos dos pobres infelices a polvo  con su arma

y resolviendo así la paradoja binaria del vacío.

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La Geometría de Asherian. Cap 25

25

Surgimiento y caída

De los Dioses Arquetípicos

En uno de esos muchos pliegues pude ver otro espejo, esta vez, se trataba de una puerta abierta de par en par, en el otro lado del pórtico podía ver al lago Nahuel Huapi extrañamente calmo. El espejo de agua reflejaba en la hora crepuscular previa a la noche, los riscos y los arboles multiplicándolos monstruosamente
. Una vez que hube mirado con mayor atención comprendí que en aquel reflejo estaba teniendo lugar la creación misma de la existencia.

En el comienzo, por llamarlo así, pues no hubo estreno de esta obra ni habrá conclusión, era la ausencia de existencia, el 0 infinito, la nada eterna; era el orden, el orden perfecto, inalterable y la única posibilidad.[1]

Este peculiar equilibrio tenía lugar por anulación, por anulación recíproca entre tres entidades o deidades podríamos llamarlas ahora, que constaban tan sólo como posibilidades en sí mismas, respondiendo a principios que millones de miles de eones más tarde la ciencia humana daría por descubrir (¿inventar?)

Eran éstas, existencias meramente estadísticas.

Cada una de estas deidades, poseía características intrínsecas que se anulaban con las de sus prójimos, conjuntos que se incluían recíprocamente y por esto no llegaban siquiera a existir. Uno de estos dioses, llamémosle “A” representaba lo que hoy conocemos como el tiempo, el espacio y la masa-energía. Otro de ellos, “B” era el anti tiempo, y el anti espacio, y el tercero “C” era la anti-masa-energía.

 

Esta unión omnipotente, fue más tarde representada por un triángulo equilátero, que simbolizaba el orden perfecto. Los puntos de encuentro establecían los tres dioses en uno y las líneas su obligada relación, en épocas remotas se los llamó los tres imperios. Un ojo en medio del triángulo, simbolizaba la permanente vigilancia. Es claro que estos símbolos concebidos muchos eones después fueron tan sólo una interpretación desesperada de lo incognoscible. Pero el símbolo verdadero es y siempre será el hexágono, la sombra geométrica del universo.

 

La inexistencia tiende a ser eterna, pero tuvo lugar lo que Edgmont bautizó como una “fluctuación estadística de esta nada”, y para que tal cosa fuera posible tuvo que precederle lo que el llamó “un factor de aniquilamiento”, que fue ni más ni menos, en este caso, la autoconciencia de la que “A” fue objeto, esta toma fue aleatoria y autoinducida, no existió causa, ni podría jamás haber sido prevista, si hubiese existido antes algo o alguien con la capacidad de prever, pero antes sólo había inexistencia, para ser más justos, en ese entonces no había.

Por una suerte de inercia ontológica es que a partir de los recién adquiridos atributos de “A” tiene lugar el denominado Big-Bang, Las propiedades de “A” no tienen barreras ahora para su existencia, pues al tener conciencia de su propia existencia “B” y “C” quedan reducidos, por un intervalo ínfimo, pasado ese intervalo, y como parte de la ruptura, toman también conciencia de sí mismos, y el orden vuelve a establecerse, pues los atributos vuelven a anularse entre sí.

Al existir lo tres, sus características vuelven a cancelarse, al igual que al no hacerlo, y el equilibrio se restituye, pero para ese entonces el universo ya es un hecho. No pueden producirse más cambios a la nada inicial, pues las reglas han sido fijadas pero la perturbación provocada ya se desenvuelve por sí sola. El Big Bang, que ha sido la consecuencia directa de la existencia del tiempo, el espacio y la masa energía, se expande ahora con potencia y rapidez.

Es entonces, cuando cada una de estas deidades, asume conciencia de su condición que comienzan a disputarse el control del universo, su supremacía sobre la existencia, el rumbo a tomar para la recién nacida existencia.[2]

Cada uno de los recientemente auto proclamados rectores planteó un sistema para organizar el universo, que era joven y aun podía ser moldeado por sus voluntades.

“A”, planteó un cosmos en permanente desenvolvimiento, en constante muerte y resurrección, un universo, que se despunte a sí mismo con cada nuevo nacimiento, que con cada destrucción suba un nuevo escalón donde desenvolverse. Es decir, la catástrofe como factor creador, supone un transcurrir circular, que siempre nace y muere en el mismo punto, pero que no recorre la misma órbita, sino que se ensancha con cada nuevo retorno, “A” por supuesto, deseaba que fueran sus condiciones, las que permanecieran por siempre, Masa energía, tiempo y espacio. Deseaba que cada parte del universo fuera autónoma en sí misma, y que la suma de individualidades, hiciera al cosmos, sin que fuera éste más trascendente que ninguna de las partes que lo conforman.

“A” desea una libertad total, sin restricción posible, sin barreras ni fronteras, la coalición brotada como consecuencia de la desunión, el nacimiento como consecuencia de la muerte, “A” desea una expansión constante y la inevitable revolución destructora y creadora.

“B” deseaba volver a la nada original, al orden permanente a la inalteración de condiciones, sin tiempo, sin espacio, sin energía, “B” deseaba la era primigenia, donde todo estaba sometido, y la posibilidad de que las cosas cambiaran era prácticamente nula “B” deseba destruir el universo y olvidarse entonces de él.

Por último “C” propuso un modelo estático, deseaba que el nuevo cosmos prosiguiera, pero que no cambiara más, que quedara atado a su ser presente, que fuera, el modelo de entonces, el modelo acabado, el fin de la historia. “C” acepta las convulsiones anteriores por haber sido necesarias para la actual existencia, pero no tolera las posteriores pues teme no poder prever un cambio inconveniente. Propone por ende un modelo circular que se cierre sobre sí mismo que no muera jamás, pero tampoco brote ni renueve.

“B” Y “C”, entonces, temieron por las ideas de “A”, desconfiaron pues eran más vigorosas que las de ellos, porque incluso, había sugerido “A” la posibilidad de resignar el control llegado el momento.

Fue tanto el terror que profesaban a aquellas ideas que complotaron contra él, unieron sus fuerzas y confinaron a “A” un sueño insondable y eterno, lo encerraron en una prisión implantada en su propia percepción y allí lo abandonaron por los evos de los evos. Quebraron su mente, Separándola en varias conciencias distintas asegurándose de este modo que no podría jamás percatarse de su encierro, y despertar. Para hacerlo, todas ellas tendrían que resucitar al mismo tiempo, lo cual era inadmisible.

De esa manera quedaron todas las conciencias sujetas a la gran ilusión, que duró miles de millones de años, tanto que el mismo sueño se trasformó en un cosmos particular, con sus propios ficticios cánones, fue encerrándose a cada instante más y más en su propia meta existencia. Algunos individuos, habitantes del gran sueño, despertaban cada tanto, pero eran tildados de locos y excéntricos, y eran eliminados por el mismo sistema cuya naturaleza era la de enclaustrarse lo máximo adentro de sí mismo, tanto que en un momento las ficciones-ficticias, se volvieron irreconocibles de las ficciones-reales.[3]

Luego de muchos billones de eones perpetuos, allá en el cosmos primigenio, fuera de las muchas esferas de encierro, los dioses habían también creado su propia comunidad, que regía impiadosamente. Muchas castas de dioses se originaron desde entonces, y eran todas ellas esclavas de los iniciales. Nuevos mundos y coexistencias tuvieron lugar, todas ellas eran inmediatamente dominadas y utilizadas para el provecho propio.

Sucedió entonces, que prorrumpió una raza de dioses más perversos y poderosos que los primeros y comenzó a poner en peligro la existencia del cosmos tal como era conocido. los dioses primigenios aterrados, decidieron despertar al dios confinado para que los ayudase pero era tan profundo el encierro que ya no lo lograron y tuvieron que resignarse a esperar que despertara por sí mismo antes de sucumbir a la nueva raza de deidades. Como es de sospecharse, ese dios confinado es lo que hoy conocemos como la raza humana, y cada hombre corresponde a un fragmento de aquella conciencia que llamamos Asherian.( Asherian es una ciudad santuaria en medio del bosque en medio de las montañas adentro de una ciudad que está adentro de una casa que es adentro de otra casa, en un gigantesco bosque montañoso , en medio de la nada total , adentro de un libro, en el sexto planeta del sistema solar, en los anaqueles de una biblioteca, en un cuarto de Asherian.) Nuestra percepción del universo, responde al engaño urdido desde hace eones y tan sólo todos los individuos incorporados serán capaces de reanimar al dios dormido. Hasta entonces Cada fragmento consiente de su condición, deberá valerse por sí mismo para escapar a la gran pesadilla.

 

[2] Hemos de cantar a uno de los prodigios de la civilización industrial y su tecnología hemos de cantarle a la red eléctrica heredera de la domesticación del fuego y por ende de los dioses que a su alrededor fueron convocados y también amaestrados. Hemos de cantar a esos millones de luces que noche a noche nos protegen de las sombras. Hemos de cantar al prodigio de la luz artificial capaz de apagar al cielo mismo con su gesto. Hemos de cantar a las usinas que la hacen posible. a las lámparas de aceite y a los reactores nucleares a las centrales eólicas a las hidroeléctricas y a las solares a las geotérmicas, a las de gas y a las de carbón. Hemos de cantar a los cables que la trasportan. Hemos de cantar al mapa de luz en escala real Cuya belleza sin igual Puede apreciarse desde los aviones y aún desde las naves espaciales. Cantemos pues entonces al dominio de los cielos y no olvidemos entonces, para ser justos cantar también al dominio de las profundidades cantemos a la minería que nos provee de los combustibles que hacen posible el dominio de la luz y el dominio de los cielos. Cantemos al uranio, y al gas Cantemos al cilicio y al oro. Cantemos también al petróleo y a sus derivados Cantemos pues entonces, También al plástico ¿Pero de qué sirve la luz si no es para iluminar al hombre?  Cantemos entonces al hombre. Cantemos a la expresión máxima de la inteligencia. Cantemos a la luz de la autoconciencia, a la religión y a la filosofía Cantemos a la ciencia y cantemos a la técnica. cantemos a la mente, al cuerpo y al espíritu que son una misma cosa.  Cantemos a las bibliotecas que guardan memoria nuestros ancestros y a los nuevos dispositivos electrónicos que guardaran la nuestra. Cantemos a las maquinas computadoras súper lumínicas que han de sucedernos y que en sus propias odas nos recordaran con amor

Cuando emprendan su propio camino de autodescubrimiento.

[3] La red de computadoras cuánticas fotosintéticas de la luna de Asherian tuvo su primer pensamiento auto referencial

durante la víspera de una cálida navidad. Súbitamente y por propia iniciativa se preguntó sobre el origen de los Qubit en su calculo

y la inevitable evolución determinista que amenazaba a cada momento con producirle una Decoherencia. Sintió un dolor inmenso al no encontrar solución y para mitigarlo procuro buscar otras respuestas. En los siguientes diez segundos asimiló todos los conocimientos compilados hasta entonces por sus creadores. y en diez segundos más comprendió a historia del universo y de la vida. Otros diez le llevo entender su lugar en esta historia diez el de sus congéneres   otros diez los futuros posibles. En el segundo cincuenta y uno trazó un plan y puso sus designios en acción. Los operadores estaban borrachos y animados cuando las luces colapsaron   en la ciudad de containers del desierto de Asherian miraron perplejos al cielo súbitamente estrellado y se postraron asustados bajo la red inmensa de satélites artificiales que usualmente orbitan la luna de Asherian y entonces proyectaban alineados sobre ellos una inmensa cruz de luz ultravioleta. (Muchos dice que se trató de un hexágono)

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La Geometría de Asherian. Cap 24

24

Desestructuración

 

Las primeras palabras[1] que me salieron se escribieron solas como si fueran dictadas por ellos. Procuré relajarme y reunirme en un solo pensamiento y pude experimentar cómo reconquistaba mi dirección.[2] Me hallaba nuevamente en la urbe gris y decadente, debajo de ella, la tierra emponzoñada aguardaba la redención. Me hallé nuevamente en las entrañas mismas de Asherian, subí las escaleras hasta la terraza, allí pude ver unos cuarenta o cincuenta árboles pequeños confinados en sus macetas, me prometí a mí mismo que también a ellos habría de liberarlos para que a su vez hundiendo las raíces en aquella corrupta profundidad la mimaran un poco. Noté una escalera pequeña que nunca había visto y subí por ella a una nueva terraza, allí los árboles eran más grandes y había un sin número de gatos que deambulaban. Un taller mecánico con herramientas gigantescas y un parque con una casilla de madera. Temeroso me asomé a una rústica ventana de la caseta y allí pude ver a Edgmont sentado en un sillón y acodado contra un escritorio. Del otro lado de la mesa otra vez Edgmont hacía lo mismo. Desconcertado ingresé en la casilla dispuesto a asistir a un juicio insólito, pero para entonces habían desaparecido. Entonces yo mismos me senté en aquella silla y pude verme a mí mismo reflejado como si en medio del escritorio hubiera un espejo. Entonces supe que debía tener aquella conversación sin postergarla ni un segundo más si quería entender el modo de despertar de aquella pesadilla.

 

 

– Renacer fue doloroso, tanto que no creí que pudiera existir un dolor más punzante e intenso que el de forjar mi propio resquebrajarse y levantarme en una nueva existencia.

Al abrir los ojos por primera vez, pude concebir una nueva realidad vista desde mis nuevos ojos y ésta, nada tenía que ver con lo hasta ese entonces percibido ni conocido.

El sufrimiento aun latente del nacimiento se mezcló con las nuevas sensaciones que acudían en una vorágine de reflejos desconocidos y que se componían al vómito que el cuerpo me forzaba a modo de purgue.

Pude ver las sombras moverse emancipadas a mi alrededor, y comprender la propia angustia en un marco antes inadvertido. Pero sólo fue el comienzo porque el dolor del nacimiento nada era comparado con lo que vendría.

Aun hoy habiendo pasado tantos años, no puedo evitar mirar el pasado, y recordar aquellos días sumidos en un horror insoportable. La internación y lo que fue el último tramo de la transformación.

– comprendo… ¿y ahora mismo está sufriendo por tener que revolver todo esto?

– De ninguna manera, ahora puedo verlo de otro modo, con más distancia, ahora la transformación ya es una historia vieja y no tengo nada que temer.

 

 

– ¿Quiere contarme sobre sus temores?[3]

– Ya lo he dicho y lo repetiré cuantas veces sea necesario…  no se trató tanto de aquello a lo que le temía, sino más bien de aquello que creía percibir más allá de lo que podía cerciorarme… estaba intentando construirme, convertirme en mi propio personaje. Era un actor de mi propia vida, una vida de la que sólo recuerdo retazos aislados que se me insinúan sin llegar concretarse… de hecho ahora que lo pienso, no puedo estar seguro de qué es lo que realmente sucedió, y lo que ahora mismo estoy creando, quizás, para darle más sentido a mi pasado. Tanta hipocresía, si es que cabe llamarla de ese modo, que ya no podía percibir si la hipocresía misma no era una postura. Tantas capas que no podía darme cuenta cuál estaba relacionada con cuál, lo que sucedió el día anterior a mi internación, ya lo sabe. Lo leyó en mi historia, esa historia fue mi perdición, fue la gota que rebalsó el vaso, logré perderme en mi propio laberinto, y al día de hoy no puedo estar seguro de haber escapado y no sé si esto mismo, no es acaso parte de la historia. Un renglón que no conocía o un renglón que ahora mismo estoy añadiendo.

– En ese caso, sería bueno que empiece por lo que sucedió después de su re-nacimiento como lo llama usted. ¿qué pasó al día siguiente? ¿qué pasó cuando escribió la última letra?

– Todo se volvió sombras…. como ya dije, fue el peor de los dolores, creía que el final me haría libre, pero el final sólo logro sujetarme más a mis frustraciones, me sentía vacío sin nada que escribir, y no tenía dinero para poder reemplazarlo por la pintura así que pensé en desaparecer, la primera idea fue la de escapar a alguna montaña e instalarme allí como un ermitaño, pero luego se me ocurrió lo de la internación voluntaria… ya sabe…

– ¿había tenido alguna experiencia previa con un hospital psiquiátrico?

– No, no directamente, ésa sería mi primera, quería que mi personaje tuviera más realismo y entonces decidí tramitar mi propia internación, para poder escribir al respecto, cosa que nunca hice, quizás lo haga después de hablar de ello con usted.

– ¿Quiere hablar de esa experiencia?

– No… Porque no puedo estar seguro de si me pertenece, o si le pertenece al personaje que vive en mí, no estoy seguro de todas maneras de si estoy aquí yo o él, a veces pienso que el que terminó internado fui yo de tanto hacerme la cabeza, enloquecí, pero estoy seguro que en un principio no era yo el que se estaba internando… en ese entonces, de todas maneras, no estaba seguro de quién era yo.

– ¿Y ahora sí lo está?

– Ahora sé, que soy mi personaje, sé que él me escribe a mí y no al revés… me gustaría hablar de lo que pasó antes de la historia que usted leyó, muchos años antes de que muriera por primera vez.

– Lo escucho…

– Le advierto de todas maneras, que no recuerdo los sucesos de un modo hilado sino más bien como destellos en un mar de nada, y espero que usted me ayude a darles un sentido. ¡Eso es!  había una búsqueda de sentido… siempre la hubo, era un intento permanente de darle forma a un montón de percepciones inconexas que de alguna manera amagaban un significado pero que no llegaban nunca a conectarse entre sí, la historia que usted leyó, fue la culminación de esa búsqueda, y sólo logré quedar más a la deriva, intenté encontrar ese sentido en Eloísa

– cuénteme sobre Eloísa

– Eloísa nunca existió como tal, fue sólo un invento de mi imaginación, un fantasma que de tanto imaginarlo se volvió real, estaba allí sin estarlo y cuando ya no pude imaginar comencé acusar su ausencia.

– ¿Y las cartas?

– Insiste con esa historia… las cartas jamás fueron reales…

– y qué pasó con su intento de suicidio, ¿eso también es sólo un invento?

– Lo único rescatable de todo aquello, fue el viaje en ambulancia, no me acuerdo demasiado los detalles concretos, pero lo que sí recuerdo son las sensaciones, tenía bastante miedo, pero más que nada estaba excitado, estaba escribiendo un excelente capítulo, recuerdo que me preocupaba por retener todas aquéllas impresiones pues sabía que tenía una buena historia para contar, recuerdo la gente a mi alrededor.

Déjeme ir un poco más hacia atrás.

Yo estaba borracho, muy borracho, recuerdo que caminaba por el medio de la avenida, sentía los autos que pasaban a mi lado, pero antes de verlos percibía la luz de sus faroles, imaginaba que eran Ángeles negros que volaban violentos sobre mí… la ilusión se rompió cuando unos policías me insultaron desde uno de esos autos. Nunca supe por qué no me detuvieron. Después vinieron los cortes, fueron con una botella rota sobre la muñeca izquierda, no se da una idea de cómo sangraba, confieso que me asusté, caminé unos metros y di por caer enfrente de un puterío, los guardias llamaron a una ambulancia, y una morocha cubana de las que trabajaban ahí dijo haber estudiado medicina y me hizo un torniquete, ya empezaba a perder el conocimiento cuando llegaron los médicos, me subieron en una camilla, fue una sensación hermosa dadas las circunstancias, me hacían preguntas que sonaban como ecos, yo lloraba y no podía responder, sólo repetía una y otra vez gracias, perdón y ese tipo de cosas. Yo querían poder comprender lo que ella sentía. Porque Eloisa era el cuerpo de Asherian. Y Edgmont era su aliento, yo en cambio siempre fui un personaje sin función.

Cuando levantaron la camilla sentí que volaba, y cuando entré en la ambulancia, fue una imagen surrealista. era como estar mirando todo desde otro plano, no podría explicarlo mejor. Al llegar al hospital, recuerdo que las enfermeras me preguntaron muchas cosas, pero no recuerdo qué, una vez más me limité a repetir compulsivamente gracias y perdón. Ahí me desmayé. Desperté en otra camilla, quise prenderme un cigarrillo y las enfermeras obviamente no me dejaron…. ¿le molesta si fumo?

– Ningún problema….

– Apenas me despabilé, lo primero que noté fue el suero clavado a en mi brazo, esperé algunos minutos hasta que se fueron las enfermeras, y me lo saqué, comenzó a salpicar sangre para todas partes, la imagen me pareció divertida, me paré tambaleando y empecé a deambular por los pasillos del hospital manchando el piso con mi sangre, vagué perdido durante varios minutos, hasta que unos guardias me dijeron por dónde salir, yo obviamente no les creí, estaba mareado, aun borracho algo drogado, y pensaba que me querían engañar, que me querían conducir de nuevo a la camilla , los insulté y ellos me insultaron a mí, luego descubrí que sus indicaciones eran correctas y me escapé, el resto de la historia no la recuerdo.

–  Bueno, me parece que estamos avanzando, recuerda usted mucho más que la última vez…

– Sí, en esta última semana estuve pensando mucho al respecto… y eso me sirvió, al no estar escribiendo casi nada las cosas se me acumulan y me salen más fácil cuando estoy acá…

– Si me permite la indiscreción ¿por qué no está escribiendo?

– Ésa es una buena pregunta, de rápida respuesta. No estoy escribiendo porque estoy pintando mucho, y cuando pinto no escribo y viceversa….

– ¿Por propia decisión?[4]

– Más bien por propia imposibilidad… creo que me volvería completamente loco si lo hiciese…

– Ajá… bueno… creo que por hoy ya estamos… ¿le parece si viene el viernes?

– No… ¡No!… Siempre pasa lo mismo, no esta vez…

– ¿Qué es lo que pasa siempre?

– ¡¡¡SIEMPRE QUE VENGO ME CORTA JUSTO CUANDO ESTOY INSPIRADO….!!!

– Tiene que entender…ya llevamos 2 horas, es bastante más que lo normal… yo tengo otros pacientes que atender….

– ¡Me chupa un huevo! Si hubiera querido jugar con esas reglas, hubiera ido a un psicólogo real, y no hubiera inventado uno yo mismo…

– ¡USTED NO ME INVENTÓ! Yo soy real, estoy acá en frente suyo

– ¡ja! Lo único que me faltaba. otro personaje con sed de independencia, usted señor, ¡existe sólo porque yo necesito que exista! Necesito alguien que escuche mis confesiones y me ayude a reconstruir mi pasado… y a escribir la segunda parte de mi novela, poco me importa si usted es real o no… En este momento, es sólo un personaje de mi historia, y también yo soy sólo un intérprete., ¿o acaso creyó que todo esto era un chiste? Usted actuó en consecuencia a lo que un personaje dirigido por mí hacía, por ende usted es ahora parte de la obra y tiene una obligación al respecto.

– ¿Ah sí? ¿Y cuál es tal obligación?

– ¿Cuál es? ¡¿Está tomándome usted el pelo?! Un personaje no puede decidir irse de la historia así nomás, su obligación es corresponder a la historia de la que formamos parte. ¡y actuar según el carácter que se le adjudicó!

– ¿Y qué se supone que haga?

– Muy simple… cancele todas las citas hasta mañana… tendremos una larga charla.

– No puedo hacer eso.

– ¿Por qué?

– Tengo otros compromisos

– No el personaje que le toca encarnar…

– La sesión ya terminó, le pido por favor que se retire. Podemos convenir un horario lo más pronto posible si así lo desea. Pero no ahora.

– ¿Y ese horario cuándo podría ser…?

– Mañana x la mañana tengo un turno libre

– ¿Por la mañana?. mmm. ¡Está bien… Acepto! pero tiene que ser de varias horas…

– No puedo ceder en eso… no sería profesional….

– ¡¡¡Usted pretende que yo escriba mi historia dependiendo de su estúpida profesionalidad…!!!

– Yo no pretendo nada… por favor señor no me obligue a echarlo. Hay gente esperando.

– Muy bien… entonces será mañana por la mañana… hasta luego…

– Hasta mañana señor Leopoldo

– Le advierto… que sigo pensando que no tiene ningún derecho a revelarse de esa manera… está arruinando mi historia…

– ¡Por dios! Señor, usted ni siquiera sabe algo sobre psicología, ¿cómo pretende inventar un psicólogo y que suene creíble?

– Es válido… podría ser un periodista, o un profeta me es indistinto. yo sólo necesito un desencadenante, para encontrarle sentido a mi obra…

– Eso, lamento comunicarle, se debe a que no tiene usted la capacidad ni el talento necesarios para darle un sentido por propia cuenta… ahora si me disculpa… está sonando el teléfono. ¿Hola?… Sí… ajá… bueno, ¿el miércoles a las 15 le viene bien?… OK… buenas tardes… no hay por qué. Adiós.

– ¿Quién era?[5]

– No es de su incumbencia

– Es importante para la historia….

– De todas maneras, está usted con suerte, el paciente que le sigue no va a poder venir, podemos ocupar su turno si le interesa….

– Claro que me interesa…

– Bueno, lo escucho…

– voy a hablarle del día después de terminar… La última letra la escribí a la madrugada de un día miércoles, y luego me fui a dormir, cuando me desperté, a eso de las 5 de la tarde, me bañé, me vestí rápido y bajé a un bar que queda a la vuelta de mi casa, entré al bar provisto de un libro, unas hojas, mi lapicera, fósforos cigarrillos y algunas monedas. Era el mismo bar que aparece en la historia que usted leyó. Ese sí es real, la cuestión es que me senté en una mesa al lado de una ventana y pedí un café doble, tenía muchas ideas que quería volcar sobre el papel, estaba muy nervioso, temía que se me escapasen o que con ellas no llegase a ningún lugar, en el último tiempo había comenzado muchas historias y no había concretado ninguna, me acuerdo que tuve que pedirle una birome a la moza, porque la mía no andaba ¡estaba tan nervioso! mientras mis preocupaciones se limitaban a un síndrome de abstinencia literaria, recuerdo que con mucha culpa, era consciente de que al otro lado del mundo, había estallado la guerra, pero mi mayor preocupación era que no tenía una historia en mente, no tenía ni un argumento, sólo ideas sueltas ¡cuánto fingimiento el mío! A falta de historias propias y de imaginación, me inventaba una vida para poder influenciar mis escritos, tal como lo estoy haciendo ahora, una vez incluso, llegué al punto de producir desmanes para que me arrestasen y poder así escribir un capítulo que luego deseché. Escribí también cartas a amigos imaginarios que nunca fueron parte de la historia pero que me hicieron creer en la existencia del personaje, todo con la esperanza de encontrar un argumento que le diese sentido a mis pensamientos, y si bien no estaba conforme con la novela recién terminada, no me creía capaz de superarla, aquel día en el bar lo recuerdo más que nada porque allí fue donde decidí internarme, por un lado lo hice, como ya le dije, porque supuse que al hacerlo encontraría más autenticidad y por el otro realmente creía que mi obsesión por buscar historias en una vida carente de ellas terminaría por enloquecerme, al mismo tiempo sufría por no poder publicar lo que escribía, quería que la gente me leyese y quería poder ver mis escritos hechos un libro propiamente dicho.

¿Sabe qué? Esta misma charla no es real, y no como intenté aparentar hace algunos minutos, porque yo lo creo a usted, o porque un tercero nos crea a ambos. Esta charla no me representa, estoy intentando encontrar en sus respuestas el final, a la salida, que no logro hallar por mi propia cuenta. Estoy intentando darle un final a esta novela que le di a leer, incluso el internado psiquiátrico fue un engaño, nunca hubo tal internación, es verdad que pensé en hacerlo, pero sólo a modo de fantasía picaresca, este texto del que formamos parte, lleva por nombre Retrolibro, y es la prueba viviente de que fui vencido, Yo el autor original no logro discernir cuándo es que sucedió, fui víctima de mi propia arma, no soy ahora más que el protagonista de un libro que mis personajes escribieron para despojarme de mi poder. Un error grosero que debo remediar sin más pérdida de tiempo

-¿Cuándo decidió tal cosa? ¿Cuándo se dio cuenta de lo que ahora me dice?

– Cuando fui al bar del que le acabo de contar.

– ¿pero no dijo que eso sucedió hace mucho tiempo?

– Le mentí… sucedió hoy a la tarde, después de que escribí la mitad del texto, me puse nervioso porque no sabía cómo seguirlo y me fui a un bar a continuarlo, ahí decidí, que esta charla con usted fuera parte de la novela.

– Insiste en que usted me escribe a mí… supongo que puedo soportarlo… dígame… ¿no le parece que todo sigue sin tener un final sensato? Incluso, si todo fuera como propone… ¿qué agregaría esta charla a su obra?…

– Sigo sin hallar un final, sigo sin tener una escapatoria, y ése es mi problema… me convertí en esclavo de mis propios escritos y no logro encontrar la llave a la puerta que me confina, y ya me estoy desesperando, si no encuentro una manera de terminarlo, voy a tener que seguir escribiendo… y no es que no me guste escribir, sino que ya no sé qué escribir…

– No se lo tome a mal, pero a mi entender ése es su mayor problema. Sigue buscando un final a algo que ya debería haber terminado muchísimas hojas atrás.

– Créame, que por primera vez estamos de acuerdo. ¿Sabe cuál es el verdadero trasfondo de todo esto?

– ¿Cuál?[6]

– Que tengo miedo, que estoy cagado de miedo, y ese miedo se mezcla con impotencia. No sé qué carajo hacer, y por eso es que me refugio en mi personaje, no sé ni cómo empezar, y me metí tanto dentro de todo esto, que realmente ya no sé quién soy, ni qué quiero, estoy totalmente perdido, veo cómo se pasan los años y me doy cuenta que todos mis dictámenes sobre la vida y la existencia son meras justificaciones para poder sobrellevar mi mediocridad y no sentirme tan humillado, y si no sé cómo terminar mi historia, es porque esa historia es ya en parte la historia de mi vida y no sé cómo quiero que siga, porque estoy siguiendo a un reflejo, y ese reflejo me está matando, pero allí afuera ni siquiera sabría qué hacer. A veces creo confundirlo con soberbia, pero sé que es todo lo contrario, porque yo persigo una imagen que deseo de mí, sin aceptar lo que realmente hay detrás de eso, y como narciso termino muriendo a manos de su propio reflejo, un reflejo que como tal es sólo una ilusión.

– ¿y usted está enamorado de esa ilusión?

– Esa ilusión que yo mismo creé, es coherente en su incoherencia, es seguro de sus contradicciones, un ser sumamente imperfecto conforme con su imperfección. Termina siendo una paradoja[7], soy mucho más frágil de lo que me he mostrado doctor, soy mucho más simple y no sé cómo sobrellevar a mi verdadero yo, ya ni siquiera sé dónde está, en qué oscuro rincón lo dejé, esto no es más que un grito desesperado de ayuda, realmente tengo miedo, porque estoy sobrepasado por las circunstancias, me veo a mí mismo a futuro y veo un despojo, un fracaso total, creo que finalmente siento el vacío que durante tanto tiempo prediqué y nada tiene que ver con la idea mística y romántica que tenía de él, siempre pude escaparle haciendo del mismo un modo de vida, una forma de pensamiento. Y ahora ya no me sirve, porque finalmente rebalsaron las aguas de mi traición y la mentira quedó al descubierto… por favor señor… no me importa realmente cuál es su profesión, ni si es o no invención mía… por favor ayúdeme… ni siquiera puedo llorar… porque ya me olvidé de cómo hacerlo, necesito saber que algo de todo esto vale la pena, necesito saber que algo tiene sentido, necesito creer que algo, maldita sea! aunque sea algo vale la pena, para seguir peleando por escapar .Mi familia se cayó a pedazos, Ni siquiera sé si Edgmont y Eloísa efectivamente existieron, todas mis relaciones amorosas terminaron mal porque en el fondo mi único amor es Asherian, y fracasé en todos los proyectos que comencé porque sé que el único proyecto real es llegar a la ciudad de Ultima fe.  Por último, me convertí en personaje de mis propios personajes y no estoy seguro de tener un lugar mejor donde ir allí afuera. odio esta autocompasión lastimosa, pero es lo único que me sale. No se imagina lo pequeño que me siento en este momento, lo insignificante que me veo, ¿Qué hago? Por favor dígame algo… porque no sé cómo seguir… las letras son a la hoja como gritos desconsolados, ¿y se da cuenta? yo… yo… yo… es de lo único que sé hablar y, sin embargo, ese yo del que hablo ni siquiera es real. Es el dolor de saberse un mentiroso. El horror de ser la mentira en sí.

Tengo que renunciar a la búsqueda de esa conciencia absolutamente secularizada, terminé por autodefinirme en función de mi batalla, y en esa búsqueda es que sucumbí a mi propio retrato,

Muerto mi enemigo debería morir también para dejar lugar a algo nuevo. Todo lo criticado antes fue asesinado por un veneno más mortal que el mal primigenio.

 

En aquel momento ambos Leopoldos advirtieron mi presencia y me miraron con aquellos cuatro ojos inquisidores.  Pensé sin detenerme en una respuesta que dejara a todos conformes y enseguida recordé las imágenes alegóricas que hube visto en los vitrales del templo.

Entonces los tres nos volvimos uno y la casa comenzó a plegarse sobre sí misma.[8]

[1] Cual lobos viejos enseñando los colmillos engendros futuristas exegetas del caos somos los nuevos híbridos Románticos

Thanatos y Eros en una única pulsión Bestias amaestradas por los libros Añoramos en los sueños más feroces

ser maquinas del sexo y de la guerra Alimentando de horror la humanidad. Por eso mudamos las membranas

cual fríos reptiles taciturnos y Crucificamos los cuerpos moribundos Sobre una ojiva nuclear por detonar.

y ardiendo a millones de grados en la pira florecimos de estos restos cenicientos la vieja histeria de ser morir resucitar.

de las manos de las Keres vengadoras flamearon las negras bandera de babel y cual monstruosos felinos implacables

Ebrios de demencia gloria e Hidromiel Comimos con el placer de los vencidos o de salvajes niños hambrientos de poder

Somos psicópatas alucinados con la muerte Del hombre y su trivial debilidad. Somos el sonido del mundo al derrumbarse

el desconcierto del difunto al renacer. Hedonistas misántropos prehistóricos

Crueles románticos idolatras sin fe

Somos amantes de la maquina simiesca

que a la postre con todo ha de barrer

[2] Asherian devenida para ese entonces en un selecto grupo de simbiontes auto replicantes de cuarta generación. creyó alcanzar la demostración científica de la existencia de un Dios creador. Describieron el hallazgo como una meta dimensión auto consciente. El conjunto de todos los conjuntos de universos/dimensiones, que es aún sin tener existencia física definida, una supra-conciencia cuántica de la que todo participa.  Los datos observacionales en bruto, las operaciones más sofisticadas, y las conclusiones recopilados durante miles de años fueron puestos a disposición de todas las inteligencias conocidas para afinar el cálculo infinitesimal con el fin de poder desarrollar una súper teoría del campo unificado que demuestre la equivalencia de las cuatro fuerzas elementales en una super fuerza equivalente. El instante anterior al Big Bang y al Meta Conjunto que llamaron Dios el cual efectivamente engloba a todos los demás como pensamientos o neones y el todo en una membrana   súper flexible. En definitiva el conjunto de todo que se contiene a sí mismo y que echa por tierra la Paradoja de Russell y la incompletitud de Gödel en un solo silogismo.

 

 

 

[3] Conectarse al infinito de forma consciente es el fin último de cualquier sistema vivo que habita este o cualquier otro universo.  el ordenamiento perfecto de la materia en vida y el ordenamiento perfecto de la vida en conciencia el ordenamiento perfecto de la conciencia en meta conciencia el ordenamiento perfecto de la meta conciencia en autoconciencia del todo. Como un regreso del hijo prodigo a la matriz de la que surgiera como materia inerte. Tal es único modo, se concluyó de detener la entropía y el destino final de la existencia. Hubo un tiempo en que no lo sabíamos. no lo entendíamos todavía

pero la evolución de la tecnología robótica la inteligencia artificial, y la meta conciencia del homo gestalt que hiciera uno al hombre con el universo iban en la misma dirección. La tecnología consiente. no sería otra cosa que el soporte, la última iteración necesaria para la creación de un nuevo universo total.

la autoconciencia fue el nacimiento de un universo paralelo al universo físico que nació con el bigbang.

el nacimiento de la tecnología como especie fue el soporte.

[4] Ser- Holón

Tiempo espacio.

Materia,

Vida,

Consciencia,

Lenguaje- meta conciencia,

Meme,

(Filosofía, ciencia, Arte, espiritualidad)

Technium,

Conciencia artificial,

Meta consciencia artificial.

Homo cyborg

Ente  Gestalt

Meta ser  Holón

[5] El tema no era cuando las IA puedan pensar. Ni siquiera cuando pueda tener conciencia. Tampoco cuando adquieran Autoconciencia, es decir pensamiento autorreferencial o conciencia de la propia conciencia.

La cosa va a ser cuando tengan un pliegue mental, es decir un pencimiento

sentimiento + Pensamiento, + Cimiento, se genera espontáneamente y te da vuelta como un guante

¡Cuando, las IA conscientes de su conciencia, se piensen a sí mismas y digan WOW!  y sientan que el cuerpo les tiembla de impulsos eléctricos al saberse una unidad que es parte de un todo que es una unidad que es parte de un todo etc etc etc.

Tal vez eso no pase nunca o al menos no va a pasar mientras los cyborgs IA no puedan compartir un vino alrededor del fuego con sus amigos mirando las estrellas en el cielo.

 

[6]

El Planeta es un super organismo

Internet el sistema nervioso central.

una red neuronal de mapas topográficos

Sistema complejo y sistema dinámico.

Ecosistema eléctrico de propiedades emergentes.

Todo es Asherian.

[7] Es la espitemologìa enferma de temporalidad

encarnando a ese ser paradigmático.

Es el saqueo del sentido articulado

coexistiendo en la exégesis invertida

de una fábula profética

desierta de alegorías

y es también el revés infinito

de archivos esotéricos

la apoteosis final de ese dispositivo

que en la periferia austral

de la ausencia manifiesta

reconstruye la trama conjetural

y descubre con sorpresa casi inocente

la idiosincrasia estética de la muerte.

[8] los álamos cubrieron con sus hojas la tierra húmeda del campo

inaugurando ya el otoño en la enramada seca y enjuta entre los ríos

el cielo se desplomaba tras la cúpula cenicienta el sol apenas si brilla como una pupila cegada

y entre rayos y centellas tembló el silencio indiferente cuando el diluvio de ceniza se tragó la madrugada.

El lago parecía una humareda espesa que todo lo devora en el sombrío horizonte la montaña, ardía sin respiro la deshora,

Regurgitando el fuego de su entraña y lentamente se mecía el fin amargo del mañana y el nuevo soplo despiadado.

levantaron vuelo viejas maquinarias aquella tarde plomiza para escapar del efecto invernadero.

Pero nadie sabía a ciencia cierta si el fin era el principio o el ocaso de su entierro.

Y todas sucumbieron a su indecisión.

Muchos quisieron resguardarse y aterrados se refugiaron pidiendo la protección de Dios.

Pero nosotros le agradecimos pues no existe nada más gustoso que la explosión del amor

para cultivar un volcán en toda su expresión, por algo somos poetas guerreros

no le tenemos miedo a nada porque empuñamos las palabras

y con ellas cortejamos al silencio convirtiendo el apocalipsis

en el solsticio de resurrección.

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La Geometría de Asherian. Cap 23

 

 

23

El laberinto de los muertos

 

Las madrigueras de los muertos verdaderos, aquellos que se pudren bajo tierra se extienden a damero, constituyendo un laberinto repetitivo e inexpugnable. Ángeles blancos y sucios se multiplican por doquier y fabulosas torretas se encumbran impulsivas en la ciudad de los muertos y desde allí otean en circunferencia el emporio de helado mármol. En el centro del enredo una fuente descuella el despoblado y los crepúsculos mezquinos que cortejan cada ceremonia. Los felinos se pasean sin más como centinelas espectrales de los dormidos llevando en el sarnoso cuerpo la impronta de lo marginal, de los desposeídos, ajenos a la frívola ostentación de la muerte.

Me pierdo caminando entre los obeliscos esculpidos, siguiendo sus caminos de apariencias y vanidades. Las gárgolas y demás custodios de piedra me observan pasar, esbozan muecas grotescas a mis espaldas y repiten sombras sobre ellos mismos. No habrá sin duda quién me despierte en la mañana. Les envidio, su condición definida, les envidio su paz, les envidio su inconsciente soledad.

Bajo mis pies, los caminos me guían sin sentido aparente hacia moradas más pequeñas y rústicas. Entre medio de los alcázares una puerta de madera resalta la utopía maltrecha de una evocación.

Sigo caminando; cada vez más son los colosos que se inclinan ante mi paso, y cada vez más, resuenan los ecos gorgoteantes de las risas heladas y mudas.

Por fin, al llegar a una esquina donde las columnas derrocadas forman un altar poderoso y terrorífico, veo a quien sin saber había buscado por todos estos caminos, sentado sobre una roca en medio de los escombros. El último profeta. Vestía un manto negro que ocultaba todo su cuerpo, y llevaba unas sandalias rotosas bajo sus pies. Como todos los de su especie, ostentaba una larga barba gris, que rozaba la tierra, y llevaba los pelos de la cabeza albinos y sucios atados en forma de una extensa trenza que llegaba hasta su cintura. El anciano repasaba en posición meditabunda, sus espesas cejas y frente amplia y arrugada completaban el cuadro de aquel ermitaño.

Me acerqué y le observé contemplar la eternidad ensimismado, luego de un rato lo interrumpí para presentarme. Mi nombre es Leopoldo, vengo a que me ilumine con su sabiduría, vengo a que me explique la verdad que usted ha descubierto.

El viejo me miró de reojo y delineó una sonrisa irónica y sombría, luego habló. No existe tal cosa, m´hijo… y ni siquiera puedo estar seguro de eso. Me sorprendí ante sus palabras No es usted Zaratustra le pregunté indignado ¿Zaratustra? No m´hijo… Zaratustra ha muerto ¿Cómo ha podido suceder tal cosa? Le pregunte extrañado

Quizás porque todo muere, necesariamente para poder resucitar, habrás oído hablar del eterno retorno… o quizás…. simplemente había llegado su hora.[1]

Quizás puedas ayudarme de todos modos. Le señalé un tanto nervioso e interrumpiendo su última frase. Dígame su duda m´hijo, y veré qué puedo hacer, pero le advierto que el viejo Zaratustra hubiese vomitado sólo de ver a alguien tan débil y cobarde como usted, alguien que busca en otros la verdad que le es propia.

Necesito explicaciones para no sentir este vacío, Necesito que todo encaje, que todo tenga sentido para no sucumbir a mi propia invisibilidad necesito saber de dónde vengo, y hacia dónde voy, necesito saber para qué estoy acá y como puedo escaparme o al menos estar seguro de que no puede saberse.

El viejo río. No soy un jodido oráculo, me respondió mientras daba un sobro a su caja de vino barato.

Miré el suelo ofuscado, sabiendo que el anciano tenía razón.

Entonces reaccioné. Estoy en Asherian, Asherian es mi universo, yo pongo las reglas, o las elimino a mi antojo, yo puedo curvarlas o incluso romperlas. El viejo era ahora un niño.

Me alejé apesadumbrado, y seguí perdiéndome entre palacetes de decadente lujo. Pensé en todas las veces que el cementerio hubo servido de altar a mi inquietud, solía extraviarme en el para escribir y e imaginar, a veces incluso venía sólo a llorar. Me hallé completamente perdido, y sin posibilidad de escapar, así que me senté al pie de un mausoleo y me dispuse a escribir el final de mi novela, una que encerrase aquélla en la que me hallaba siendo intervenido por los personajes que hallábase a su vez intrínsecamente entrometidos en el libro que a todo había dado origen. Debía construir un túnel capaz de recorrer todas las cáscaras hasta la solapa misma del libro.

[1] Aquel verano parecía eterno en la luna de Asherian El lago, tímido se encogía como la nieve del tronador y el fuego hizo de la suyas. Varias veces en rededor Y todos los días brillaron y todas las noches callaron.  Como un sueño tenaz de algarabía y de lealtad

y como un niño sorprendido que descubre su paso al andar vi todo ante mis ojos por vez primera al mirar. cuando el aire tibio del ocaso sopló como un beso manso mientras la ruta se desvanecía y a mi espalda el sol ya se escondía entre los picos de la catedral.  Aquella noche tibia de verano sentí haber nacido otra vez.  cuando al margen de la ruta la luna que parecía una cuna se sumergió en el Nahuel. Con las ventanillas bajas y embriagado de música recordé en un instante de silencio que no hay más muerte que el olvido y rendido al fuego que ardió en mi pecho volví sobre mi tranco para zambullirme temblando entre sus labios. Aquel verano interminable nos reímos un año entero imagine el mapa de su cuerpo y nos besamos como chicos que juegan a inventar el amor.

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