El Olvido de Asherian Cap 17

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Capítulo 16

Perplejidad y estupor

 

-Hasta ahí es donde puedo recordar. Antes, apenas esbozos y luego nada.

Todo lo que habita mi memoria es demasiado confuso e impreciso- balbuceo Leopoldo, -También me acuerdo, haber abierto los ojos y que ahí estabas vos, justo enfrente mío, mirándome, -agregó temblando de frio y miedo, con los ojos enrojecidos por el llanto y la voz flemática de tanto gritar. Así había despertado, como un niño recién parido.

La mujer enfrente de él era de estatura mediana y flaca, tenía el rostro ligeramente ovalado y una diminuta nariz aceitunada. Tenía los ojos castaños tal vez verdes, levemente rasgados y la boca pequeña, el pelo, lacio y de un amarillo casi blanco le caía un poco por debajo de los hombros.

La mujer le acarició la cabeza procurando tranquilizarlo y comenzó a hablarle, la voz le temblaba y vanamente intentaba disimularlo.

– No te preocupes por eso, es de esperar que no te acuerdes, es normal, lo que te paso es algo difícil de sobrellevar. Complicado de explicar y de entender

Leopoldo tosió y susurró – Pero… ¿Qué? ¿Qué fue lo que pasó? –

La mujer volvió a pasarle el dorso de la mano por el rostro- Tenes que tranquilizarte y saber que no todo lo que te acordas es real, ya vas a empezar a entender –

– No. ¿Qué me queres decir con eso? Necesito entender ahora-

La mujer tragó saliva, miro alrededor visiblemente nerviosa y susurrando dijo.
– Es la parte más dolorosa de todo esto. Casi todo lo que me contaste hasta ahora, te lo acordas porque alguien quiere que te lo acuerdes de ese modo y no como verdaderamente sucedió, porque alguien está interesado en que no te acuerdes lo que realmente paso y llenó tu cabeza de recuerdos falsos-

Leopoldo seguía temblando hecho un bollo en el suelo y se negaba a moverse hasta entender lo que pasa.

–  Pero… ¿Quién puede estar interesado en eso? ¿Quién sos vos? ¿De qué carajo me hablas… ¿Dónde mierda estamos? –

La mujer comprendió que si no le daba alguna respuesta Leopoldo no iba a moverse y todo el plan podía malograrse ahí mismo antes siquiera de empezar. ¿Debería haberle hecho caso a Anuk y traer una válvula sedante, pensó, pero si lo sedaba como iba a moverlo luego, ella sola hasta la salida? Debía hablar, hacerlo pronto y ser lo más convincente posible.

– No sé si debería decirte esto. No sé si es el mejor momento. Lo más importante es esto: hace más de diez años que estas preso. Yo te acabo de liberar.  Hace diez años que fuiste arrestado por la dictadura Teológica Ecologista y acusado por el delito de sedición al régimen, una de las pruebas en tu contra fue el escrito al que llamaste Manifiesto del Nihilismo entrópico, lo escribiste de joven, y fue prohibido por la Dictadura. Todo lo que no repitiera a rajatabla lo que ellos recomendaban, era considerado un delito. Por eso te juzgaron y te encerraron –

Leopoldo se sentía mareado como quien despierta después de una noche de juerga con una resaca de mil demonios apretándole el cerebro hasta hacerlo jugo de pulpa. Pero en medio de esa sensación pudo reconocer lo que aquella mujer le decía, como un ancla en medio del vacío y el desconcierto que lo rodeaban. Entonces sintió como una luz en la cabeza, una luz que alumbraba tenuemente algún espacio impreciso entre el instante actual y la nada.  [1]

– Un momento-  exclamó Leopoldo – Yo me acuerdo de ese manifiesto, no me recuerdo todo lo que me decís, pero sí que ese manifiesto estaba antes de que me despertara acá.  Me acuerdo que estaba sobre la mesa y que lo guarde en el bolsillo… y lo siguiente que me acuerdo es que estaba en la plaza-

La mujer le hizo una seña abrupta con el índice para que bajara el volumen de la voz-

– Para ahí.  El manifiesto es real, la plaza es solo parte de tu deslumbramiento. Escuchame bien porque es importante, todo depende de que entiendas esto. Lo que hicieron cuando te secuestraron hace 10 años. Fue congelarte. Dejarte en Animación suspendida en una cámara refrigerada a la temperatura del cero absoluto y con el cerebro conectado a una computadora que se encargó durante años de reemplazar tus recuerdos, uno por uno. Apenas se generaban en forma de sueños, el programa los identificaba y los remplazaba inmediatamente, símbolos por meta símbolo hasta crear un mapa de tu propio mapa del mundo y proyectarlo sobre tu conciencia. Todos los recuerdos que fueran peligrosos para el Gobierno, los más profundos aquellos que ni siquiera pudieron borrar a través de la manipulación neuropsicológica. los camuflaban, los maquillaban para cambiar el significado de los mismos.

– Para un segundo ¿me decís que me borraron mis recuerdos originales, y que todo lo que me acuerdo como parte de mi vida es parte de un sueño que me implantaron?  ¿Que mi vida entera como la viví hasta ahora es fue un sueño? –

– Todo no, pero casi, algunas cosas son reales, por eso te despertaste, te diste cuenta, tu cabeza se dio cuenta, de que todo lo que estabas viviendo no era real. Cuando lo real empezó a mezclarse con lo irreal y aparecieron los sinsentidos. El manifiesto es real, eso ya lo dije, vos lo escribiste hace diez años y te costó la libertad. Eso fue el punto de partida del movimiento Keres, Una sociedad secreta revolucionara que se enfrentó a la dictadura. Era la excusa que todos estábamos esperando, para que estallaran las revueltas que terminaron en una guerra abierta contra el gobierno. Aunque para entonces vos ya eras un cubito de hielo. Ahora, después de diez años fue ese mismo escrito el que te ayudo a vos a escapar de esa celda helada. –

– No sé si puedo creer lo que decís. Pero si es cierto. Necesito saber que más es real-

– Yo, yo soy real y te voy a ayudar a escapar-

– ¿Y vos quien sos?-

– Mi nombre es Safu, Soy parte de Keres. Pero tal vez me recuerdes de tu sueño, como la estudiante de arte ¿te acordas? Me soñaste.

-Si, ahora que lo mencionas algo de eso me acuerdo. Pero ¿porque soñé con vos si no te conocía? –

– Porque nuestros escribas me introdujeron en tu ficción. Para que intentara guiarte hacia afuera, pero más hallá de mis esfuerzos no pude captar tu atención. si hubiesen logrado implantarme por completo te hubiera ayudado a escapar antes, lo que si pude fue guiar tu atención hacía el manifiesto, y ese manifiesto paradójicamente era tu hilo de Ariadna afuera del laberinto de tu propia mente –

– Y marcos, Carlos, mis otros amigos, mi familia. Todo lo que recuerdo ¿Ellos también son irreales? –

– Te los inventaste mientras dormías, o más bien te los inventaron, el programa textual no te dice que tenes que soñar, pero reemplaza a personas importantes para vos por otros personajes a quien adjudicarles esa importancia. Líderes de la Revolución por amigos de la infancia, del mismo odo cuando surge la idea de “insurrección”, por ejemplo, el programa lo reemplaza de inmediato por fiesta, yo la verdad es que no se bien cómo es que funciona el programa de reemplazo neurológico textual, no soy ninguna experta, pero hay gente entre los nuestros que son especialistas, dicen que los remplazos tienen un sentido y una coherencia psicológica como los sueños. No suceden al azar. Controlando la química del cerebro y los impulsos electromagnéticos pueden controlar el resultado consciente porque al fin de cuentas el entorno es parte de la percepción. –

Leopoldo la miró confundido y asustado. – ¿Quiénes somos “nosotros”? Keres, ¿qué es Keres? ¿Quién soy yo si no soy yo?[2]

– Para saber eso vas a tener que seguirme. –

 

[1] Se dilata la luz de los días como si Asherian se desplegara rubicunda entre la nieve que desanda .Como el florecer entusiasta de los ciruelos desparramando su frenesí rosado y blanco por entre los prados, como si fuera el despertar palpitante de su húmeda libido rozagante que, con el primer verdor primaveral de los álamos, los brotes de los rosales, los membrillos y los manzanos se exhibiera indecisa y aturdida, como si emitiera un jadeo apenas audible, febril, delirante pero sutilmente disimulado. Gozoso, agitado pero contenido, como si el aroma arrebatador de los jazmines fuera lentamente seduciendo todo alrededor, atrayéndolo lentamente hacía su cuerpo deseoso que renace.

 

[2] Como si junto a los Lupinos se levantaran también las siluetas lejanas de los cerros y tras las rocas y los hielos inmortales, los bosques cubiertos por lengas notros y maitenes, también se excitarán y se levantara Asherian debajo del manto verdoso de hierba, detrás del bosquecillo de Arrayanes, aún al resguardo de la sombra de los Coihues y los Alerces. Se estremeciera en el lugar sedienta de la sabia de los hombres que juraron servirla y que también despiertan sobresaltados, y enardecidos en sus camas al sentir el llamado impostergable de su voluptuosidad incandescente.

 

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El Olvido de Asherian Cap 16

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Capítulo 16

Octavo manifiesto

Sobre la necesidad de conocimiento

El conocimiento de Asherian nos hace más libres. Simplemente porque si la vida se trata de tomar decisiones dentro de esta ficción, de elegir caminos. Esto suponiendo que en, algún punto de la compleja maquinaria fisicoquímica de nuestra biología determinista, somos libres y responsables de nuestras elecciones. Que al comprender nuestra naturaleza simulada podemos de algún modo intervenir la simulación.
El conocimiento de Asherian nos abre más caminos para elegir opciones que de otros modos ni siquiera sabríamos que existen. ¿Es lo mismo saber que existen pero no conocerlos? No es lo mismo, pero es el primer paso para poder abordarlos. Claro que ante esto surge otra posibilidad y es que ese mismo conocimiento en vez de liberarnos nos esclavice en el sentido de la no-objetividad. Encerrándonos dentro de una ficción personal ya dentro de la ficción general. Como individuos abordamos un objeto, pero lo abordamos siempre, indefectiblemente desde el sujeto social que somos. Desde el personaje que nos ha tocado ser.  Por ende, ese objeto nunca llega a nosotros como tal sino como una copia de sí. En última instancia el conocimiento no nos libera, sino que nos encierra cada vez más dentro de nosotros mismos, (y por supuesto de una cárcel de preconceptos) ya que no puedo escapar al yo, salvo muriendo y de tal manera tampoco sería posible conocer. Pero ¿muere el yo realmente cuando muere el cuerpo, o este permanece en mis obras y en el recuerdo que se tenga de mí? Las obras de por sí no son nada, salvo en tanto y en cuanto yo o un otro decidimos que signifiquen, y lo que los demás vean de mi será proyectado desde dentro de sus propios yoes. No será mi yo sino una copia malograda y doblemente subjetivada. En este sentido sólo es posible hablar de individuos personajes. Asherian se compone entonces, se conforma de los personajes que a su vez la habitan.

Todo aquello que escapa al personaje es irreal en términos estrictos, existe tan sólo como representación de algo. Mi representación de los otros con sus respectivos yoes está subjetivada por mí mismo y son ellos para mí seres completamente distintos de lo que cada uno es a su propio yo. Con lo cual quedan tan solo un montón de individuos teniendo en su cabeza un mundo aparte donde reflejan el mundo de delante de sus ojos y lo articulan desde la propia subjetividad. Sin embargo, es claro que a simple vista no funcionamos como individuos. Que existe una trama de la que formamos parte.  En la realidad sólo existe la unidad y todo lo demás proviene de la conciencia de esa unidad que decide interpretar aquello que la excede. A pesar de eso persiste la sensación de humanidad, de algo real más allá de los individuos, algo que me excede como persona y que es común a todo más allá de que pueda ser un mundo distinto dentro de cada cabeza. De algún modo estos mundos están conectados. [1]Y es que todo aquello que todos los personajes de Asherian han hecho se ha ido sumando y multiplicando, la humanidad de la que formamos parte es el legado de otra anterior y nosotros en soledad no podríamos ser conocedores o participes ni siquiera de una décima parte de todo ese conocimiento disponible, por una simple cuestión física: nuestra vida es muy corta. Por tanto, sólo podemos pensarnos en relación a los demás si existe en nosotros la más mínima voluntad de trascendencia. Existe una suerte de conciencia universal (realidad psicológica participada) que es la suma de todas las conciencias y sabidurías de todos los personajes dentro de Asherían y que, si bien es de alguna manera virtual, funciona como si no lo fuera. Eso podría ser lo que para algunos significa el alma: nuestra esencia no física. Es algo tan etéreo que apenas puede sugerirse.[2] No es concreto, no está en ningún lado ni tiene un sólo punto de apoyo o residencia. Sin embargo, es lo que nos hace ser lo que somos, el resultado no-físico verdadero (en el sentido de verdad ontológica) de una serie de ecuaciones físicas. Lo que llamamos humanidad.

Una vez más:

Nosotros-MaquinaFisicobioquimica-Cerebro-Mente-yo-lenguajeNosotros -Cultura –yo-  Nosotros. Asherian es lo que nos precede y permanece y a la vez lo que construimos con nuestra interacción. El conocimiento de su existencia sugerida nos abre los caminos para al conocerla hacerla real, y en ese juego de proyecciones (Asherian nos proyecta como sus personajes y nosotros proyectamos a Asherian como el nuestro) En esa interrelación entre escritores, novelas, personajes y lectores, todos se desvanece, todo tiende a la nada, pero el conocimiento de la experiencia autoconsciente nos acerca más a la naturaleza vacilante de la realidad y en instante de la perplejidad total frente al vacío de sentido, frente a ese cruel jolgorio de espejos enfrentados, concebimos nuestra horrorosa identidad de títeres de cuerda abandonados en el teatro de un presdigitador que tal vez haya muerto por su propia mano al concebir su propia identidad en el reflejo de sus muñecos.

[1] surge el eco tenaz y mudo de lo ausente

tragando imperios, soles y conciencias

reclama por todo lo que se apaga lentamente:

en los extremos no existe diferencia.

[2] Solo la nada se pierde inerte entre la nada

el ser transmuta siempre nuevamente en ser

Otra pieza, otra fracción otro fragmento

de una prisión total sin puertas ni ventana

que dilata espacio y tiempo del tormento

De ser materia cautiva, sensible, raza humana

Capaz de sentir el dolor de todo lo viviente

Y al soñar su condición de ser consciente

encarnar el grito atroz del inédito universo

atrapado entre las hojas de un espejo inverso

al brotar en el parto cruel desde la ausencia

y ser ese primer instante de tétrica existencia

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El Olvido de Asherian Cap 15

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Capítulo 15

La cinta de Moebius

Leopoldo Camino las cuadras que lo separaban de la parada de colectivo ensimismado, cruzo las calles sin mirar y se preguntó más de una vez si estaba haciendo lo correcto. En su cabeza sonaba Head On de Jesús and Mary Chains y a cada paso una sensación extraña y conocida estaba tomando forma[1]. ¿Que saldría mal esta vez? Siempre desde que tenía memoria, había sucedido algo que le impedía irse al sur, sus deseos habían sido retenidos por el destino, por algún tipo de cariño que lo aferraba o por simple cobardía, la cuestión era que siempre por alguna u otra razón, sus iniciativas de viajes se habían visto frustradas, quizás algún embrujo me impide irme de esta Ciudad se dijo Leopoldo a modo de broma, a medida que aceleraba el paso.
Una o dos cuadras antes de llegar, una imagen que lo impacto sobremanera, tirados a la puerta de un local de electrodomésticos un hombre de unos cuarenta años, de cuerpo moreno y largos cabellos sucios, estaba tendido en el suelo. Vestía una viejísima y rotosa remera de Exploited y aspiraba pegamento junto a dos pequeños que no tendrían cada uno más de 12 años. La gente al pasar los miraba con asco, y Leopoldo en un principio hizo lo propio y luego pensó que la sociedad en una suerte de justificación de sí misma crea monstruos, seres torturados a quienes culpar de su condición decadente cuando son estos, en realidad la consecuencia de su decadencia, de su alineación, de su imparable necesidad de generar autómatas. El sistema acusara de enemigos a sus propios engendros y nosotros compramos la idea, de que todo está bien, de no ser por esos insectos que pudren la humanidad… cuando los únicos y verdaderos monstruos son los mecanismos tan carnívoros que nos encierran como chanchos en un corral y nos crían como alimento para que el gran forúnculo cancerígeno pueda seguir .

En  todo eso pensaba Leopoldo cuando casi por casualidad miró un televisor en exposición, acababa de terminar un video de Guayra y empezaban a pasar una publicidad de Bariloche, lagos montañas gente esquiando, gente tomando  chocolate calentita junto al fuego , gente bañándose en el lago, haciendo cabalgatas, paseando por los bosques  y entonces mostraron la catedral de Bariloche emplazada en medio de un parque. Oscuridad y un susurro suave. Algo se despertó dentro Leopoldo.

Dejo de ver lo que tenía enfrente mientras su imaginación se abandonaba a un cálido devenir de palabras que se repetían suavemente una detrás de la otra resbalando una cadencia absorbente.

Vi Seis estatuas que se movían redundantes de su existir.

Frente a las estatuas se elevaba la catedral de inconfundible estilo neogótico.

A su alrededor varios árboles proyectaban sus sombras causando una calzada de crepúsculos a mi paso y sobre mí el cielo se abría sempiterno manifestando en su rostro oscuro más destellos de lo que un ojo pudiera distinguir.

El edificio, tenía forma una cruz latina y su origen apuntaba exactamente al Este, para que el sol pudiera iluminar el interior a través de los vitrales. Durante la noche, la luna proyectaba planos de luz y sombra y los diseños cobraban vida para narrar la historia de aquel sitió maldito convertido en el refugio de todos los perversos.

Las murallas eran de piedra verde y gris y culminaban a los setenta metros en un campanario techo negro riguroso.

Golpee tres veces la puerta principal, y solo el silencio acudió en mi respuesta. Luego la imagen se desvaneció. El retrato me sonó conocido, algo en mi mente me decía que no era nuevo, que era solo una repetición y recordaba también haber tenido antes la sensación de saberlo. Pude incluso amagar en mi cuerpo la emoción que seguiría Entonces Leopoldo volvió en si

Aparentemente algún vendedor o encargado había cambiado de canal de uno de los televisores, porque apareció el indistinguible formato del noticiero que en letras amarillas sobre fondo rojo anunciaba: “Quebró empresa de colectivos de larga distancia  Che Javier, Todos los viajes cancelados, cientos de pasajeros y empleados  se manifiestan frente a la empresa ”

Leopoldo, se puso tan nervioso como le era  posible y empezó a sudar, revolvió sus ropas por todas partes mientras un vendedor le preguntaba una y otra vez como una pista de disco puesta en repetición continua “¿disculpe le puede ayudar en algo?”, Por fin, después de revisar cada bolsillo de sus ropas encontró el pasaje doblado en cuatro adentro de la billetera, lo desdoblo temblando y lo miro con los ojos desorbitados confirmando lo que venía temiendo, en la esquina derecha de la esquina superior alado de un loguito feo, en letras rojas y azules: “Che Javier su empresa de viajes le desea un buen viaje”.

Leopoldo se refregó la cara con la mano ¿y ahora que mierda hago? Se preguntó a medio camino entre escupir un insulto impronunciable y ponerse a llorar e ignorando a los vendedores que seguían acercándosele para preguntarle ¿En qué puedo ayudarlo?, en ese instante se quebró. La cabeza le daba vueltas sin llega a ninguna lado, no podía ser, no tenía sentido  que siempre pasase algo, que siempre hubiese algo que se interpusiese entre él y su voluntad. Leopoldo Pensó en irse hasta la empresa y romperle todos los vidrios, en ir y manifestarme como un energúmeno, por ahí algo conseguía, pero al decir verdad ya no tenía ganas de nada, de un segundo a otro había pasado de la algarabía a sentirse completamente frustrado. Con la cabeza gacha y el gesto vencido se cruzó hasta la placita de enfrente y se sentó en una hamaca donde se quedó mirando como algunos pibes jugaban al fútbol, y como las viejas de los más chiquitos les rompían las bolas, No sabía qué hacer. Tenía un remolino de ideas fragmentarias en medio de la mente y cualquier cosa que intentara pensar caía al ojo del ciclón y se hacía añicos.[2]  Prendió un cigarrillo. se levantó y con la mirada extraviada, como un zombi empezó a caminar de vuelta con rumbo a la terminar, trotó lentamente hasta la esquina y sin siquiera mirar de qué color estaba el semáforo, cruzo corriendo la avenida, recorrió otra cuadra moviéndose a toda velocidad, sus oídos no registraban sonidos, sus ojos no registraban imágenes y de pronto todo simplemente se volvió un ente intangible, hundido en la más inmensa, densa e implacable oscuridad.

[1] El Indicio invisible de los copos blancos

Es una metáfora apacible entre barrancos

de dulces sueños que en oleadas espumantes

colmadas de pequeñas efigies elegantes

me conducen sonámbulo hacia la puerta

del preámbulo espiral de la zona muerta.

[2] Son los ecos invernales que convocan

con silenciosos timbales a su boca

a los incautos durmientes ilusorios

viajeros en sus propios dormitorios

para forjarlos en tangibles instrumentos

Capítulo 15

La cinta de Moebius

Leopoldo Camino las cuadras que lo separaban de la parada de colectivo ensimismado, cruzo las calles sin mirar y se preguntó más de una vez si estaba haciendo lo correcto. En su cabeza sonaba Head On de Jesús and Mary Chains y a cada paso una sensación extraña y conocida estaba tomando forma[1]. ¿Que saldría mal esta vez? Siempre desde que tenía memoria, había sucedido algo que le impedía irse al sur, sus deseos habían sido retenidos por el destino, por algún tipo de cariño que lo aferraba o por simple cobardía, la cuestión era que siempre por alguna u otra razón, sus iniciativas de viajes se habían visto frustradas, quizás algún embrujo me impide irme de esta Ciudad se dijo Leopoldo a modo de broma, a medida que aceleraba el paso.
Una o dos cuadras antes de llegar, una imagen que lo impacto sobremanera, tirados a la puerta de un local de electrodomésticos un hombre de unos cuarenta años, de cuerpo moreno y largos cabellos sucios, estaba tendido en el suelo. Vestía una viejísima y rotosa remera de Exploited y aspiraba pegamento junto a dos pequeños que no tendrían cada uno más de 12 años. La gente al pasar los miraba con asco, y Leopoldo en un principio hizo lo propio y luego pensó que la sociedad en una suerte de justificación de sí misma crea monstruos, seres torturados a quienes culpar de su condición decadente cuando son estos, en realidad la consecuencia de su decadencia, de su alineación, de su imparable necesidad de generar autómatas. El sistema acusara de enemigos a sus propios engendros y nosotros compramos la idea, de que todo está bien, de no ser por esos insectos que pudren la humanidad… cuando los únicos y verdaderos monstruos son los mecanismos tan carnívoros que nos encierran como chanchos en un corral y nos crían como alimento para que el gran forúnculo cancerígeno pueda seguir .

En  todo eso pensaba Leopoldo cuando casi por casualidad miró un televisor en exposición, acababa de terminar un video de Guayra y empezaban a pasar una publicidad de Bariloche, lagos montañas gente esquiando, gente tomando  chocolate calentita junto al fuego , gente bañándose en el lago, haciendo cabalgatas, paseando por los bosques  y entonces mostraron la catedral de Bariloche emplazada en medio de un parque. Oscuridad y un susurro suave. Algo se despertó dentro Leopoldo.

Dejo de ver lo que tenía enfrente mientras su imaginación se abandonaba a un cálido devenir de palabras que se repetían suavemente una detrás de la otra resbalando una cadencia absorbente.

Vi Seis estatuas que se movían redundantes de su existir.

Frente a las estatuas se elevaba la catedral de inconfundible estilo neogótico.

A su alrededor varios árboles proyectaban sus sombras causando una calzada de crepúsculos a mi paso y sobre mí el cielo se abría sempiterno manifestando en su rostro oscuro más destellos de lo que un ojo pudiera distinguir.

El edificio, tenía forma una cruz latina y su origen apuntaba exactamente al Este, para que el sol pudiera iluminar el interior a través de los vitrales. Durante la noche, la luna proyectaba planos de luz y sombra y los diseños cobraban vida para narrar la historia de aquel sitió maldito convertido en el refugio de todos los perversos.

Las murallas eran de piedra verde y gris y culminaban a los setenta metros en un campanario techo negro riguroso.

Golpee tres veces la puerta principal, y solo el silencio acudió en mi respuesta. Luego la imagen se desvaneció. El retrato me sonó conocido, algo en mi mente me decía que no era nuevo, que era solo una repetición y recordaba también haber tenido antes la sensación de saberlo. Pude incluso amagar en mi cuerpo la emoción que seguiría Entonces Leopoldo volvió en si

Aparentemente algún vendedor o encargado había cambiado de canal de uno de los televisores, porque apareció el indistinguible formato del noticiero que en letras amarillas sobre fondo rojo anunciaba: “Quebró empresa de colectivos de larga distancia  Che Javier, Todos los viajes cancelados, cientos de pasajeros y empleados  se manifiestan frente a la empresa ”

Leopoldo, se puso tan nervioso como le era  posible y empezó a sudar, revolvió sus ropas por todas partes mientras un vendedor le preguntaba una y otra vez como una pista de disco puesta en repetición continua “¿disculpe le puede ayudar en algo?”, Por fin, después de revisar cada bolsillo de sus ropas encontró el pasaje doblado en cuatro adentro de la billetera, lo desdoblo temblando y lo miro con los ojos desorbitados confirmando lo que venía temiendo, en la esquina derecha de la esquina superior alado de un loguito feo, en letras rojas y azules: “Che Javier su empresa de viajes le desea un buen viaje”.

Leopoldo se refregó la cara con la mano ¿y ahora que mierda hago? Se preguntó a medio camino entre escupir un insulto impronunciable y ponerse a llorar e ignorando a los vendedores que seguían acercándosele para preguntarle ¿En qué puedo ayudarlo?, en ese instante se quebró. La cabeza le daba vueltas sin llega a ninguna lado, no podía ser, no tenía sentido  que siempre pasase algo, que siempre hubiese algo que se interpusiese entre él y su voluntad. Leopoldo Pensó en irse hasta la empresa y romperle todos los vidrios, en ir y manifestarme como un energúmeno, por ahí algo conseguía, pero al decir verdad ya no tenía ganas de nada, de un segundo a otro había pasado de la algarabía a sentirse completamente frustrado. Con la cabeza gacha y el gesto vencido se cruzó hasta la placita de enfrente y se sentó en una hamaca donde se quedó mirando como algunos pibes jugaban al fútbol, y como las viejas de los más chiquitos les rompían las bolas, No sabía qué hacer. Tenía un remolino de ideas fragmentarias en medio de la mente y cualquier cosa que intentara pensar caía al ojo del ciclón y se hacía añicos.[2]  Prendió un cigarrillo. se levantó y con la mirada extraviada, como un zombi empezó a caminar de vuelta con rumbo a la terminar, trotó lentamente hasta la esquina y sin siquiera mirar de qué color estaba el semáforo, cruzo corriendo la avenida, recorrió otra cuadra moviéndose a toda velocidad, sus oídos no registraban sonidos, sus ojos no registraban imágenes y de pronto todo simplemente se volvió un ente intangible, hundido en la más inmensa, densa e implacable oscuridad.

[1] El Indicio invisible de los copos blancos

Es una metáfora apacible entre barrancos

de dulces sueños que en oleadas espumantes

colmadas de pequeñas efigies elegantes

me conducen sonámbulo hacia la puerta

del preámbulo espiral de la zona muerta.

[2] Son los ecos invernales que convocan

con silenciosos timbales a su boca

a los incautos durmientes ilusorios

viajeros en sus propios dormitorios

para forjarlos en tangibles instrumentos

 

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El Olvido de Asherian Cap 14

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Capítulo 14

Séptimo manifiesto

Sobre las dos esferas de conocimiento

Los problemas de los que se ocupa la filosofía, dicen, son aquéllos de la esencia de las causas primeras del ente, lo cual tiene sentido, pero en Asherian sería más propio decir que la filosofía se ocupa de las causas últimas. Los problemas del ente de los que se ocupa la filosofía son problemas cuya existencia está condicionada absolutamente por el sujeto que la conoce y tales problemas son consecuencia del sujeto en cuestión, a su vez este sujeto es consecuencia de causas anteriores, desde el momento en que son percibidas.
Las cosas, o la esfera física de la existencia, es anterior en términos cronológicos y por ende es la física la que se ocupa de las primeras causas.
Esto sería real en tanto y en cuanto no existiera esta conciencia que conoce y que no puede conocer sin intervenir aquello que conoce capaz de plegarse hacia afuera y envolverse a sí misma con el revés de su propia piel.
Por lo tanto, los problemas del ser son realmente causas primeras, pero no cronológicas sino ontológicas y solo existen si hay una conciencia que conoce, sino simplemente no existen como tales.

Los fenómenos físicos y las cosas existen independientemente de si son o no observados y conocidos por uno o varios sujetos (personajes). Pero dentro de Asherian desde el momento en que el sujeto consciente de su conciencia existe y estos fenómenos pueden ser conocidos, la realidad misma se subyuga revelando en tal movimiento su arquitectura de simulación.

La esfera metafísica, (que solo existe si es pensada) una vez pensada (pensada-sentida- comunicada) tiene la capacidad de expandir sus fronteras y envolver al plano físico (aquel del que primero nuestros sentidos y luego nuestros cálculos dan cuenta) convirtiéndose en su causa, pero siendo su consecuencia indirecta. En definitiva, es las dos. El plano fisicoquímico es causa del hombre (biología-cerebro-mente) pero asimismo el plano metafísico es consecuencia del hombre y al mismo tiempo causa de este (sujeto- personaje), también lo es del plano fisicoquímico, en el sentido de que todo aquello físico solo puede manifestarse como tal ante nuestros ojos a medida que lo dotamos de significado. La simulación se simula a sí mismo. El personaje, no es una proyección del sujeto, sino el sujeto en sí. El personaje se alimenta de su contrapartida del mismo en que una planta surge alimentándose de los nutrientes que existentes en la semilla, para luego desarrollar raíces y follaje y ser capaz de alimentarse por sí misma de la tierra y el sol, desarrollar flores, y nuevas semillas. [1]
Percibimos a la o a las realidades a través de un filtro que es el mismo dentro del cual estamos encerrados y que al mismo tiempo nos define y nos permite percibir al mundo. Ese filtro es el lenguaje (mente en plural) y ese lenguaje está programado por los lenguajes que él mismo lenguaje produce. Estamos programados en un lenguaje que es nuestro mismo lenguaje de comunicación, por eso nos reconstruimos constantemente.[2]

La esencia del ser consciente consiste en el (los) lenguaje(s), más allá inclusive de la comunicación en tanto que aquello que es, es porque nosotros le adjudicamos estatus de ser. Esa ida y vuelta entre el sujeto y el objeto es el lenguaje (el objeto responde solo desde dentro del lenguaje y ajustado a nuestra manera de interpretarlos). Aquello que nos define más allá de lo estrictamente físico-químico-biológico, no es sino una pared transparente entre el mundo y mi yo. Por una parte nos permite conjeturar lo que hay del otro lado y por la otra nos impide pasar. Eso es lenguaje, sin él no hay pared, no hay encierro ni conjetura. Sin él no hay conciencia de ser, ni hay ser capaz de concebir el concepto de ser. Sin él no hay cultura, no hay nosotros, no hay yo, no hay simulación y si simulación el ser no puede saber de sí.  El lenguaje es el modo de representar algo de lo que solo conocemos esa representación.

 

 

[1] Llega el invierno con la nieve

Bella perversa y sigilosa

es el helado numen de dios

Que en su caída ,silenciosa

fulgura el aliento que conmueve

El azar de un abraxas soñolienta

y su pálido aquelarre juramenta

presumiendo sentido en las tiradas

forzadas de las runas

del tarot y la Kavala.

 

[2] Los corpúsculos blancos son osarios

Terribles heraldos de San Jorge

Soldados, Baphomet y los templarios

Monarcas de sus orbes despojados

que en el fatal ruedo los dados

son “Mundi Salvatori” desterrados

Venga Asherian hasta nosotros

tu viejo reino deslumbrante

de noches y céfiros nevados

la musas de félido semblante.

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El Olvido de Asherian Cap 13

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Capítulo 7

Prefiero ahogar mis dudas en aquel vaso sin fondo

Y morir al final de la noche dibujando un sueño que nunca he de soñar

 

Algo curioso o al menos relevante para esta historia había venido teniendo lugar en la mente de Safú   durante los días preliminares al que entonces transcurría.

Más precisamente la noche anterior, se había desencadenado lo que pasadas unas horas sería trascendente.

La amarga soledad, taciturna y sarcástica, se encargó de hacer su vida aún más fatigosa.  Los días transcurrieron, las semanas pasaron y Safu solo pudo refugiarse en sus propias frustraciones. A veces que todo salga bien puede ser el peor de los desenlaces cuando no se está acostumbrado. Safu no pudo ni siquiera intentar controlar sus ataques de angustia, no pudo oponer resistencia a su propia ciclotimia. No pudo calmar sus ojos que llovieron ahogo sobre su propia ausencia, por más tiempo del que se hubiera creído capaz hacía solo algunos días.

Cinco años había estado dedicada de llena al  estudio, se había acostumbrado a ser estudiante de bellas artes, eso la ayudaba a sobrellevar la incertidumbre sobre su futuro. Toda su vida la había bosquejado alrededor de ilusiones como quien prepara un lienzo para pintarlo, el viaje al sur era la pieza matriz de su quimera y de repente, todo parecía vacío ¿Qué había cambiado? cinco años habían pasado a ser historia para dejar inmediatamente de ser reales, la realidad se había convertido en un enorme agujero de nada y la utopía que había proyectado ya no parecía tan seductora.

 

El silbido de la pava, sonó entre las viejas paredes del departamento. El café, amargo, sin una sola cucharada de azúcar, oscuro sin leche, había sido su único compañero en aquellas últimas noches, repletas de vacilaciones.

Casi con desgano, preparo aquel instantáneo barato, despacio sin reparar en el calor que le lastimaba las manos.

En la radio, soba de fondo una canción de EN*.

Los recuerdos, machacaban su memoria, ¿y Ahora qué? Era la pregunta que repercutía en un eco insufrible una y otra vez. El país, lo sabía ella al igual que todos, no ofrecía oportunidades a los jóvenes artistas,  no ofrecía oportunidades a nadie tuviese o no un título ,y así como muchos de los abuelos hicieron en sus épocas , aquellos que podían, se veían obligados a escapar en busca de alguna oportunidad, pero eso implicaba dejar toda una familia, un grupo de amigos, una vida , una idiosincrasia, y en general significaba también ir a recalar a  países que lejos de darles la bienvenida, como esta tierra hizo con ellos en su momento, los acogían  como esclavos apenas pagos, sí tenían la suerte de tener una doble nacionalidad, caso contrario el trato era mucho más denigrante. La gran mayoría volvían con la cabeza gacha, algunos lograban ahorrar algo de plata extranjera y favorecidos por el cambio repatriarse con unos ahorros bajo el brazo, por último, algunos, muy pocos ellos, lograban rebuscárselas y triunfar: Ese era el panorama que la vida le ofrecía, y Safu sentía que era más tangible que nunca.

Safu tomo su café de un trago rápido, sin llegar siquiera a sentirle el desagradable gusto de la borra. Revolvió el cajón en busca de cigarrillos, pero no los encontró, un paquete arrugado y vacío era lo único que quedaba. Ni siquiera se quejó, ya no tenía paciencia para poder quejarse, se sentía completamente ahogada por las incertidumbres. [1]

Se puso un pulóver roto y sucio, recuerdo de  un ex novio. Agarró las llaves, algunas monedas, y suspiró, con resignación. Bajó las escaleras mientras silbaba la melodía de una canción.

El kiosco de en frente, como era normal a esas horas estaba cerrado.

En un rápido cóctel de sensaciones decidió que era una noche especialmente ridícula, y que valía la pena caminar por las grisáceas callejuelas de su barrio en busca de inspiración.

Cabizbaja y sin dejar de silbar esa melodía, recorrió las veredas vacías y húmedas, en busca de un kiosco abierto, para poder saciar su vicio.

Marchó un par de cuadras siguiendo los ruidos, ruidos inciertos que atormentaban sus ensueños. No estaba segura porqué era que había decidido recorrer  tanto trayecto.

El viento sopló helado sobre su cara, y un mechón de pelo  le cubrió los ojos, esos  fríos ojos castaños que parecían reflejar un silencioso desierto  lleno de incógnitas.  Recordó que a la vuelta de su casa había otro kiosco, pero ya se había alejado demasiado así que Siguió caminando, zigzagueando entre las calles.

Las luces iluminaban su paso, y proyectaban su sombra amplificada, entre los oscuros bloques de piedra.

Llegó a una plaza.

La plaza, aquel triste refugio de solitarios caminantes noctámbulos. Un viejo recuerdo, la hizo quebrarse. Aquellos árboles, mal cuidados, aquellos bancos despintados. En una esquina, unos chicos tomaban unas cervezas y reían. Safu   imaginó que no sería una mala idea comprar una cerveza, tenía sed y también ganas de emborracharse, atravesó la plaza, miles de recuerdos fluían por su mente a medida que avanzaba, y ella rápidamente los ignoraba, era algo que había tenido que aprender a hacer para poder sobrevivir a sus propias contradicciones

Cruzó la plaza de un lado a otro sin dejar de reparar en cada detalle, en cada minúsculo detalle que le estimulase la memoria para descartar sus consecuencias de inmediato.

A lo lejos pudo ver un cartel luminoso, o algo pretendiendo ser un cartel luminoso, que en letras grandes y brillantes, anunciaba  ser la salvación a su impaciencia. Compro su futura borrachera en envase de vidrio de un litro, y Camel Box. Emprendió el regreso, a casa, pero prefirió que el pie de la estatua de la plaza fuese el altar de su autocompasión.

Se sentó en la roca húmeda, una figura de piedra sucia y mojada, se erguía sobre ella. Unas escalinatas precedían a  la estatua, y una placa de metal parecía desprender algunos datos sin importancia que se esfumaban incomprendidos, entre el viento y la lluvia que caía cada vez con más fuerza.[2]

Una vez acomodada al borde de la escalera, prendió un cigarrillo,  y aspiró con fuerza, como si aquel humo negruzco, fuese a librarla de tantas inseguridades y agobios.

Abrió la cerveza, con el destapador que pendía de su llavero, trago un sorbo, despacio, empapándose de un poco de alcohol, ese que tantas veces resulta compañía más fiel y confiable que las personas.

A medida que se entonaba, una mezcolanza  extraña de sensaciones, se apoderaba de ella: melancolía, tristeza, alegría, miedo, impaciencia  tantas cosas, sueños historias ya marchitas, futuros inciertos, sensaciones intensas y vacías.

A medida que la botella se  fue vaciando, la utopía de un espejismo irreal  fue creciendo, y reclamando su lugar, su eterno y vagabundo  sitio en aquella la conciencia, ya aturdida.

Quizás cansada de tanta verborragia recluida, Safu comenzó a cantar en susurros.

Pasados algunos largos minutos, La lluvia amainó y Safu en una decisión instantánea abandonó su bohemio refugio en busca de más de cerveza que le acompañase. Luego volvió, a su oscuro emplazamiento y la bebió, despacio sin importarle las consecuencias de su borrachera, unos cigarrillos arrugados acompañaron la velada de sueños, y más pensamientos confusos invadieron su razón.

¿qué mierda es lo que quiero? Se preguntó en susurros, como si alguien pudiese responderle.

A esa altura la plaza estaba ya totalmente vacía.

pregunto nuevamente, esta vez gritando, en busca de una respuesta inhabitual, no quería oír de sí misma todas esas justificaciones y excusas previsibles que invadían su juicio cada vez que intentaba llegar a una conclusión.

Terminó otra botella de aquella, el envase yacía moribundo en el suelo, semi sumergido en un charco brillante.

Su imaginación desvariaba, en busca de la ansiada contestación a las dudas que la atormentaban. Por un lado tenía frente a ella, la posibilidad de un cambio abrupto que prometía emociones fuertes, versátiles e impredecibles, por el otro la posibilidad de la tranquilidad cotidiana, irritante pero segura e  invicta, Hacía apenas algunos meses, Safu    había cortado una relación de tres años convencida  que no era eso: una vida monótona y redundante , lo que quería para el resto de su vida, y de improviso tanta libertad había logrado aterrarla , más aún cuando se encontraba a punto de dejar atrás toda una línea de  existencia para adentrarse en un laberinto de espejos.

Pasaban los minutos y se vaciaba la botella, Safu se confundía, volvía a procurar enhebrar sus sensaciones, Pero fracasaba, no podía siquiera intentar pensar en aquello, era como si un blindaje incorpóreo la retuviese.   Ella misma sabía en el fondo de sus delirios, que la respuesta, traería con ella consecuencias temibles, imposibles de comprender e interpretar, y terminaría por sumergirse en la profundidad de aquella pesadilla que prefería creer, no era más que un sueño deforme, al que no podía comprender.

Aún quedaba media botella de aquella cerveza tibia, insípida; ya sin gas, y con un contenido alcohólico inferior al que en ese momento corría por las venas de Safu

A pesar de todo, Safu se sintió aliviada, por primera vez desde que la luna se había puesto en aquel cielo vacante, pudo comprender que era lo que tanto la angustiaba.

Miró hacia arriba   estaba nublado y oscuro como si el cielo tuviese algo que ocultar, por alguna razón, sintió que alguien estaba observándola que algún ente era testigo de su existir, o porque no el mismo arquitecto. La idea la aterró.

De todas maneras, sonrió, lo hizo con una alegría, confusa, no falsa o al menos no del todo, pero si confusa, una confusión propia de la ciudad. Sintió que las gotas de la lluvia que reincidía salpicaban su cuerpo, el mareo la  condujo involuntariamente hacia un caos de emociones, mojada y temblando por el frío, rebuscó entre sus ropas y prendió un cigarrillo, luego como si una fuerza invisible la distrajera, miró hacia arriba en busca de una última respuesta, y pudo verlos, reparó el detalle de aquellas oscuras figuras que le habían servido de refugio, y entre el musgo, los líquenes y la falta de cuidado, aun se levantaba orgulloso e imponente, un arcángel gótico  que parecía mirarla. [3]

Safu lo miró aturdida y con miedo y creyó ver en la lluvia que la arrullaba, las lágrimas de aquella fría figura de mármol manchado. La examinó con el pormenor que el mareo le permitía, y pudo ver las gotas que resbalaban por la mejilla del pavoroso custodio de piedra. Una sonrisa cáustica le iluminó rostro y consciente de su tontería, balbuceo – los monstruos están llorando -, y luego como si ya no hubiese consuelo más hermoso que sentirse acompañada en su absurdo, se durmió silenciosa, al pie de la estatua, bajo las lágrimas de aquel arcángel, que en la oscuridad confusa que la noche proporcionaba pareció esbozar una sonrisa maligna.[4]

[1] Si somos esa mancha en el velo que separa

al mundo soñado de su olvido en la vigilia

tan solo marionetas amarradas a la idea

fatal de un arquetipo eterno e intangible

[2] si somos fetiche, símbolo, o palabra

el reflejo de un modelo incorregible

muñeco alegórico o fulgores

de un mundo inmanente e inteligible

Entonces

.

[3] ¿quién está al otro lado del espejo?

moviendo los hilos de esta mente?

¿Escribe esa sombra mis palabras?

y quien las lee es el brillo ¿de qué otro ente?

Acaso detrás de esa cortina

Tan solo la nada nos espere

[4] Un viento sutil que desparrama

Las cenizas del ser y su memoria

Y al abrirse el telón no haya más gloria

Que mil butacas sin espectadores

Y el silencio un teatro abandonado

 

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El Olvido de Asherian Cap 12

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12

Sexto manifiesto: Dialéctica Nihilista

La filosofía de Asherian[1] es el diálogo de un personaje con su propio ser. La política de Asherian es el diálogo de un personaje o con, por lo menos, un ser otro. El arte de Asherian es un diálogo fundamental cuya existencia se encuentra ubicada entre el que hacer filosófico y el quehacer político aun sin poder ser separado de ninguno de estos.

Los tres estadios intervienen entre sí y son intervenidos radicalmente. La consecuencia proyectada en el tiempo y el especio de este diálogo tripartito que no puede ser fraccionado, es lo que llamamos cultura y es también uno y parte del mismo diálogo. Las ciencias son el intento más certero del hombre de dialogar con el mundo más allá del diálogo, mas halla de Asherian. Pero las ciencias se encuentran esencialmente intervenidas y son esencialmente interventoras de la cultura; el arte, la política y la filosofía y no pueden ser tampoco separadas de éstas. Absolutamente todo lo pensado, sentido, percibido y creado por un personaje dentro de Asherian forma parte del diálogo transformándolo y transformándose. El lenguaje es parte del diálogo y asimismo su vehículo. Es el idioma metafísico con el que está escrita la existencia. Pero no puede ser abarcado ni absolutamente entendido por el diálogo ni por sus consecuencias, pues la comprensión de su naturaleza última requeriría estar fuera del diálogo y eso, en términos ontológicos sería lo mismo que no existir o negar la existencia misma del texto. El arte, la filosofía, la ciencia e incluso la política siempre intentarán ir más allá del diálogo y muchas veces lo lograrán, pero siempre permaneciendo dentro del diálogo. Si lograsen su cometido por completo perecerían en el mismo logro. La concepción de existencia en sí y de la existencia particular de cualquier cosa o sus significados no puede sino ser percibida desde dentro el diálogo, haciendo desde ese mismo instante que su existencia pase a formar parte del diálogo. Ninguna existencia o realidad por tanto puede ser concebida más allá del diálogo puesto que incluso los modos para expresar y explicar aquello que está más allá del diálogo son parte de este diálogo. La capacidad para darles significado es esencialmente un efecto del diálogo sin dejar por eso de ser también su causa. ¿Existen cosas fuera del diálogo? Si las hay nunca podremos saberlo. Y si lo sabemos es que ya están dentro del diálogo.

Cualquier hijo de Asherian mantiene un diálogo permanente con todo y asimismo ese diálogo es todo. El texto, el mundo, llamémosle, condiciona al diálogo, pero asimismo es captado desde y por el diálogo y no hay por tanto una influencia directa del texto/mundo, sino una influencia del diálogo sobre el mismo diálogo. Por eso mismo, si cualquier hijo de Asherián no puede conocer sin establecer un nexo absoluto con el diálogo, ¿cómo pues, podemos pretender conocer realmente lo que hay fuera del diálogo? La existencia está subyugada al diálogo, la existencia es en esencia dialéctica. El arte es el único diálogo que no pretende escapar al diálogo y por eso es real en todo su Ser. Es por ello que el arte no es plausible de error. Sólo el arte existe realmente.
La filosofía es entonces el diálogo de uno con el mismo diálogo. El diálogo del diálogo consigo mismo. El Ser es lenguaje, el Ser es el ente aprendiendo a ser verbo.
y le verso que compone se llama Asherian.

[1] El fuego del sol alumbra altivo sin apremio Como si no fuera de la helada su Proemio

Están las cumbres desprovistas de sus mantos desde aquella noche total en que los cantos

del aquelarre fatal que entre la sombra devolviera vida a aquel que no se nombra.

Mas no confíen en tales indicios evidentes. Pues cuando el temor haya huido de sus mentes

los sorprenderá la fría noche nuevamente y exhalando un flemático crepúsculo

como un llanto terrible en el poniente revelara al son rapaz de una súbita nevada

el fulgor atroz de su pérfida mirada.

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El Olvido de Asherian Cap 11

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11

La espera

Leopoldo se apuró en volver a Asherian. Sus maletas por primera y última vez en la vida estaban hechas días y no minutos  antes de partir.  Ya se había despedido de amigos y amigas, compañeros, familiares.

No le quedaba más que despedirse por fin de la ciudad que lo había arruinado, que lo había reducido a una cifra binaria naufraga en un océano encarnado y la casa que lo había sumido en un viaje de ida y de vuelta a un inferno falaz, convirtiéndolos en el fragmento un dios suicida y en el participe involuntario de una guerra cruel y despiadado. Así se sentía entonces, e inclusive luego de que los años le hubieron obsequiado algo a cambio de su transcurrir impetuoso y me refiero a un poco experiencia, le asaltaban las mismas sensaciones. Alucinaciones de la desintegración paulatina del ser en sus componentes más básicos que se apoderaban de el sin que pudiera oponérseles, impresiones que traían consigo memorias instintivas  que se traducían en aromas, sonidos, visiones y percepciones precisas pero indefinibles de una realidad subalterna sujeta al relato de una simulación radial, todo ello lo trasporta inexorablemente  a un mundo que si bien recuerda con precisión casi exacta,  solo se manifiesta con veracidad, cuando acude sin ser llamado, y no en la forma usual de los recuerdos sino tan solo de impulsos fugaces que se le sugieren como sombras detrás de un velo.
Han pasado años y miles de sucesos que han marcado su vida, forjando pasajes y abriendo caminos antes impensados, y aun hoy retruena en su mente como en un   eco violento la misma pregunta que en aquellos tiempos lo obsesionaba: si el pasado no existe realmente más que a modo de interpretación, ¿Cómo es que soy más pasado que presente?, ¿cómo es que resulta más sencillo explicarme a mí mismo, buscando en aquellos que fue que en aquello que es? Leopoldo recuerda en este momento de reflexión que una vez temió haber perdido la capacidad de acceder a su memoria instantánea e irreflexiva. La droga que había consumido era muy buena o muy mala, pero la cuestión es que después de fumarla y por algún tiempo, si bien su mente lo remontaba a parajes inéditos que era sin embargo capaz de reconocer y lo/le escupía simbólicos asombrosos, Leopoldo había perdido la capacidad de recordar de manera automática los últimos diez segundos que hubieran trascurrido antes de tal o cual pensamiento. Mientras aquel episodio tenía lugar, Leopoldo veía una película y el argumento se le hacía un presente perpetuo siempre original que no lograba correlacionar con ningún elemento anterior del mismo. Si escurría su memoria en busca de ese recuerdo, inmediatamente perdía la percepción del presente, y al volver con el tesoro recuperado, no encontraba la isla desde la cual había partido. [1]

Recorrer Buenos Aires aquel día fue como ese último encuentro con su futura ex novia en donde las reminiscencias de un amor gastado se mezclan con los instintos más profundos que reclaman para nosotros lo que alguna vez tuvimos. En donde esa última noche de sexo animal, nos recuerda lo bien que se sentía, estar enamorados.

Quizás por primera vez en años, Buenos Aires le enterneció, tuvo la sensación de que la ciudad triste, no por su partida obviamente. Sintió para ser más exactos, que buenos aires había estado por siempre, sola triste y renunciada, y que ni el, ni nadie se había dado cuenta de cuanto necesitaba un abrazo.

Paseo en colectivo, por ciertos lugares que le guardaban especiales recuerdos. La Boca fue uno de ellos, Leopoldo había estudiado por ahí cerca, Su amigo Leo había vivido a unas cuantas cuadras, y su amiga Florencia que se había mudado a Londres había vivido tan solo a dos cuadras del nefasto estadio.

Cuando Leopoldo paso por enfrente de la plaza Lesama, su vista así como su  sentido, todo él, o todos ellos. sí es que fueran más de uno, se abstrajo en una imagen típica del cine italiano que el cine argentino ha dado por reproducir en numerosas ocasiones. Un padre jugaba al fútbol con su pequeño hijo.

Se trataba una canchita bastante precaria que contaba con dos lindos arcos tamaño fútbol 5. Cada uno de ellos, ocupaba su posición en uno de los arcos, y de repente la realidad dejo paso a una alucinación completa: Allí estaba el estadio de River, con las tribunas completas, la hinchada cantaba desde las gradas en un himno de alegría que no dejaba lugar de duda, la esencia misma del juego no reconocía lógicas ni mercantilismos.

Fue un tiro certero y hermoso de esos que quedan en la historia, la pelota despego mansa del suelo, sin siquiera rasguñarlo y se elevó con delicadeza como queriendo retrasar lo inevitable y con el único fin de prolongar la agonía del rival y la propia felicidad. Se alojó en el vértice superior izquierdo, y la estirada del arquero, solo sirvió para hacer que aquel gol fuera aún más bello, aún más espectacular, aún más único. A un silencio mudo que  pareció zanjar el aire con su expectativa siguió una explosión incontenible escupida por miles de gargantas que se unían en un único grito de gol.

Cuando Leopoldo volvió a la realidad que los demás exigen que comparta, en la plaza el padre festejaba junto a su hijito la gran anotación, nadie aparte de él parecía haberlo percibido. Seguramente aquel hombre sabía de sobradas cuentas, lo espectacular, lo único de su tiro mientras el hijo lo miraba con admiración incontenible, y pensaban o al menos lo pensarían luego, que era una lástima que nadie más que ellos dos, hubiera estado ahí para disfrutarlo. Sin embargo, Leopoldo estaba, desde aquel colectivo, con su rostro pegado sobre la ventanilla, totalmente absorto en aquel acontecer. Supo en ese mismo instante que debía escribirlo, que debía dejar constancia de aquella maravilla, que, de no ser por él, moriría por siempre en el abandono, ya que no existe el tiempo, tan solo el lenguaje, capaz de articular personajes y narraciones en pos de nuestros imaginarios. Leopoldo jamás podría conocer a aquel hombre, y el jamás leería su historia, si es que llegaba a escribirla, Fue duro para él y lo sería para cualquiera entender que las personas son en su vida tan solo actores secundarios o extras, así como él lo es en las de los demás. Una novia podrá sentir que su hombre es la razón de su vida, y luego cuando todo ha terminado tan solo un recuerdo, un actor secundario que poco importa si existió realmente o si creemos que existió, tan solo existe el presente, y cuando el pasado aparece, es solo porque resulta significativo para ese presente. Somos seres circunstanciales con una enorme voluntad de infinitud ¿Somos tan solo una persona?[2] ¿Somos la misma persona de hace solo unos segundos? Estamos atados a las circunstancias, atados a conceptos, sin lenguaje no somos ni siquiera nada. Sin embargo y a pesar de todo, la memoria está ahí, definiéndonos. Leopoldo contaba a menudo la siguiente historia, Hace ya más de setenta años, la abuela de Marcos escapó de un campo de concentración y junto a un grupo de personas recorrieron la mitad de Europa, siguiendo las vías del tren y escondiéndose de los soldados Nazis, llegaron a un pequeño pueblo del norte italiano. Lo que encontraron conmovió su capacidad de asombro ya curtida por el horror de la gran guerra. El pueblo sucumbía ante su propia y desesperada entereza, la miseria, el hambre y la destrucción, consecuentes de un reciente bombardeo no habían dejado siquiera la posibilidad de una esperanza cierta.

Y Ahí llegaron ellos, hambrientos también, diezmados, exhaustos y derrumbados, creyendo encontrar la salvación, tan solo hallaron a un grupo de sobrevivientes en peores condiciones que necesitaban ser salvados. Y dentro de sus posibilidades eso hicieron, para luego seguir camino dejando atrás más de la mitad de sus escasísimas provisiones.

Cuarenta años más tarde en Argentina la anciana recordaba y compartía aquella experiencia con un plomero que había contratado para que le arreglase una cañería en la cocina, el plomero que igual que ella, era europeo y había perdido su inocencia infantil junto a las angustias de la guerra la escuchó con atención intentando controlar las lágrimas que invadían sus ojos ya viejos y cansados. Termino su trabajo con la serenidad que tienen aquellos que lo han visto todo y que ya nada esperan, los sorprenda.

Pero siempre hay lugar para la sorpresa, para esa excepción que da por tierras tantas conjeturas catastróficas, siempre hay lugar para que la vida guiñe el ojo cómplice y nos haga creer por un rato más. ¿Quién sabe a esta altura si eso es mejor o peor, si nos ayuda a resistir un poco más, o simplemente nos condena a sufrir por nuestra propia torpeza?

La cuestión, es que una vez hubo terminado su trabajo, el plomero se levantó saludo a la anciana, sin poder parar de temblar y rechazo su paga, al tiempo que explicaba, que, de pequeño, había vivido en aquel pueblo del norte italiano, y que sin lugar a dudas recordaba a aquellos refugiados que aun sin tener nada, lo dieron todo, salvándole la vida a él y a su familia. No, señora usted ya me pago, usted y los suyos me salvaron la vida, dijo el plomero y se retiró despacio sin hacer más comentarios, sin siquiera voltearse a mirar, quizás por vergüenza, quizás también el por no poder soportar ese sentimiento que lo embargaba de que todo estaba relacionado, y nosotros ignorantes de los mecanismos, transitamos cual zombis por la avenida de un presente perpetuo, desconociendo la memoria, recusando el olvido, ignorando a tal punto nuestro alrededor, que sentimos maravillados una vida llena de casualidades, que nos sorprenden día a día y que sin embargo, nos rigen, nos condenan a ser obra del azar, un azar permanente, que sigue sorprendiéndonos, en un último instinto de aferrarnos a la estabilidad. Dios no solo sí juega a los dados, sino que además perdió la partida. [3]

¿Aquel hombre habrá percibido su nades? ¿O quizás habrá sentido todo lo contrario, quizás en aquel episodio habrá comprendido su infinitud, ¿habrá encontrado su relación con Dios?  Quizás aquel hombre había pasado su vida esperando encontrar a quien agradecerle, convencido de que era imposible concretar tal encuentro… y sin embargo allí estaba ¿Marionetas de pasos previstos y camino pautado o náufragos en un mar de coincidencias a las cuales intentamos articular para dar sentido a nuestro vacío? Leopoldo sabía de sobradas cuentas que cualquiera de esas posibilidades resulta increíble, hermosa, terrible, fantástica, extraordinaria, y aterradora.

Y allí estaba Leopoldo temiendo, por un lado, ser tan solo un número prescindible en una cuenta interminable y por el otro, temiendo ser tan libre, tan absolutamente libre que el mismo vacío pudiera comparársele.  Las calles de Buenos Aires se le insinuaban junto a un tango de Goyeneche que escapaba de la radio, y entonces Leopoldo empezó a preguntarse si la extrañaría.

Los recitales, sus amigos, quizás a su familia. Sin duda había muchas cosas que perdía, pero sabía que nada de eso, era más fuerte que la sensación inexplicable de querer vivir, de querer trazar el curso de su propia vida, y de querer, sobre todo, saber cuál era el sentido que lo mantenía en pie a él y a todos los demás. Más allá de sus voluntades, más allá de los gustos y las ideas, más allá incluso del espíritu, la mente o como cada uno prefiera llamar, a aquello que nos hace lo que somos aquello que nos determina y porque ese sentido se sentía tan ilusorio

Notó que la pantallita del contestador automático tintineaba el número catorce.

Catorce mensajes nuevos. Leopoldo prefirió no escuchar ninguno. Contemplo su morada semi[4] desierta, a no ser por una gran valija negra, una mochila la cama y una mesa sencilla y supo en ese instante que ya estaba hecho que no quedaba posibilidad de arrepentimiento, que ya no valía volver atrás, su propio orgullo no se lo permitiría.

Leopoldo Miró la vacuidad de su alrededor, y distinguió en ese momento, una carpeta de hojas A4 sobre la mesa. No recordaba haberlo dejado ahí, la casa estaba completamente vacía y por ello es que un par de hojas sobre una mesa del mismo color le llamo la atención de todas maneras.
Leopoldo Tomo el conjunto de hojas, y se concentró en él título que rezaba en pequeñas letras oscuras “Manifiesto del nihilismo entrópico” , quizás lo había escrito aquello en algún momento, no lograba recordarlo. No estaba de más un material de lectura para el viaje por si se aburría de alguno de los libros que llevaba.

Sin perder más tiempo, doblo las hojas y las guardo en el bolsillo de su abrigo sin prestarle mayor atención, tomo sus dos bolsos, la llave y salió de la casa, no sin antes echarle una última y melancólica recorrida con la vista.

[1] Cuando los negros contornos de las cumbres occidentales se tiñen de acero

y entreveradas con el cielo, emulan el fulgor tenue del sol que aún no despunta

cuando envueltos los bosques en la borrosa bruma del alba incompleta

se abrazan al murmullo del viento que estremece los lagos

Es entonces la hora falta de los lobos que aguardan sedientos el guiño del ojo cobrizo

que los ampare en un instante de sombras

para escabullirse frenéticos aún silenciosos en los desgraciados sueños de los hombres

que encuentran ebrios de versos la madrugada y devorarles el alma a dentelladas.

tal es la esencia salvaje de la poesía.

tal es su brutal apetito

y tal el sanguinario y funesto beso de sus labios.

[2] Comience este canto a la barbarie como un llanto de amaneceres inauditos

germinado en los bosques una carie una sombra que convoque a los malditos.

es la silueta de Asherian desencajada un susurro que se oye como el grito

de una madre tenaz desaforada que proyecta su dolor al infinito.

[3] El invierno vacilante despunta un nuevo día

El reino de la noche rinde su cruda pleitesía

desde que el solsticio desatara esa llamada

tenaz como la memoria de la tierna Ofelia

y bajo el plenilunio presagiara en la anatelia

su lenta y fría retirada

[4] vencida y subyugada la tiniebla

fulgura el sol invicto y ya no nieva.

Y en la fiebre alucinante me cuestiono

¿tan brutal fue la espada de Saturno?

¿que ni rastro del invierno moribundo

en la efigie más temible de su trono?

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El Olvido de Asherian Cap 10

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10

Quinto manifiesto

Declaro que todas las ideas que conforman el universo textual de Asherian se contradicen completamente. Pueden coexistir y ser lícitas porque los hijos de Asherian somos multi-facticos y las ideas nos pertenecen. De igual manera y al mismo tiempo declaro, sin abandonar el carácter anterior, que toda construcción ideológica o escala de valores que pretenda trascender más allá de su condición de representación es inútil y absurda. Las ideas parten de la nada y vuelven a ella a forma de fractal que se repite ad infinitum. La nada pura, la ausencia total, no resulta una posibilidad concreta, sino que más bien es una herramienta de interpretación (teórica y práctica) que nos permite resistir las diversas prisiones intelectuales de las que se valen los distintos discursos de verdad/realidad para elevarse por sobre los demás.

Tanto las llamadas ciencias duras, así como las ciencias sociales, las filosofías, las religiones, y todas las cosmovisiones se reconocen a sí mismas como más válidas que las demás cayendo en el error de la búsqueda de una interpretación última. El Nihilismo entrópico viene a destruir o más bien relativizar tal proceder de la historia de Asherian y por tanto del universo. Si la cadena se parte, lo hace por completo y también lo hace a modo potencial, pues desde que comienza el ciclo, (De Asherian, del tiempo, del ser) resulta este infinito y asimismo nulo. A partir de la analogía que hacemos con las demás ideas que componen todos los compendios, concluimos que estas sucumben bajo su propia imposibilidad de sostenerse por fuera de algún andamio incuestionable, destapadas por el método del Nihilismo Entrópico, el mismo método termina por destruirse, inmolándose y su punto cero de destrucción adopta valores indefinidos. Es decir que no sucede ni deja de suceder, es una imagen real y metafórica y su propia existencia / inexistencia resulta completamente potencial.[1]
Tras aceptar el propio comportamiento errático dentro del mundo eidético de Asherian (pues al ser válidas todas las ideas, resultan válidas incluso aquellas que declaran la invalidez de teorías como ésta y al mismo tiempo al ser todas inválidas, ésta misma teoría resultará inválida) el propio método muere. El método concebido para aniquilar las ideas desnudando su incoherencia textual cede a la propia, anula por tanto todo lo antes postulado y se reduce a sí mismo a la nada. Al hacerlo se vuelve coherente consigo mismo para nuevamente entonces tornarse incoherente; pero su misión ha sido cumplida. Las puertas ya fueron abiertas, (las cubiertas de este mismo libro y todos los demás que componen Asherian) y el verbo del verso original yace entonces desnudo, sin grafías ni sonidos que lo compongan.

[1] Puedo sentir el latir de una oda épica, una tragedia bellamente brutal del mal en sí. La inquisición será un juego de niños al lado del llamado a las armas de la oscuridad cuya gramática pienso conjeturar. La naturaleza y el artificio fornicando sobre un lecho hecho de víboras en los húmedos pinares del brazo tristeza, procrearan el ejercito de lobos del hombre que se elevaran indómitos, y serán los ojos y la boca de Asherian y yo seré el gruñido de su voz. Y a vos te convocamos para que seas el cuerpo. Tal es tu destino. Tal es tu gracia. Tal es tu lasciva maldición.

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El Olvido de Asherian Cap 9

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9

La última despedida

Pasaron por lo menos dos semanas que fueron de despedidas como se ha dejado constancia hace apenas unos minutos, fiestas de las que mejor será que no revele detalle alguno, para salvaguardar y no dañar la imagen irracionalmente límpida que muchos familiares tienen de los participantes. Preparativos arreglos, trámites, decisiones, toda esa colección de incordios que preceden a una mudanza.

Los días desfilaban como hojas rancias coreando el último adiós de un funeral poco concurrido y de golpe todo estuvo listo. Tan pronto se sucedieron los días que Leopoldo no reparo en que de repente faltaba tan solo uno para aquel de la partida y no tenía todavía el pasaje que le serviría para convencer a los chóferes de que uno de los asientos de aquella maravilla tecnológica llamada colectivo de larga distancia le correspondía en justo derecho.

Como Leopoldo planeaba caer en Bariloche sin aviso previo a modo de sorpresa tampoco había notificado a sus amigos y esto en parte lo había hecho olvidar por completo de que para irse necesitaba un pasaje. Conseguirlo no parecía un gran problema. Irse a Bariloche no es difícil ni extremadamente caro, no es que sea un regalo, pero un pasaje en colectivo no es prohibitivo y fuera de temporada se consigue con facilidad. El problema, era que no era temporada baja. Las vacaciones de invierno estaban comenzando, y con ellas gran parte de la movida turística del país se desplazaba a la ciudad sureña de que era famosa por ser el centro de esquí más importante de Sudamérica. [1]

A Leopoldo poco le importaban los deportes invernales, al decir verdad poco le importaban los deportes en general, pero, aun así, necesitaba su pasaje y no tenía el menor deseo de dejar pasar ni días ni semanas esperando a que los gruesos del turista viajasen y hubiera un cupo libre para él.

Tomó el tren a la terminal de retiro, en la estación Carranza. Una vez hubo llegado a retiro, lo primero que tuvo la suerte de ver cuando se bajó,fue una corrida entre la policía y unos punguistas, que básicamente se cagaron a tiros, Su primera sensación fue de desprecio hacia los uniformados, acto seguido supuso que de no ser por ellos, quizás aquellos delincuentes podrían haberle hecho algo a él, a los segundo volvió sobre su primera opción, e intento justificarse lo que sentía de muchas maneras, creyó llegar a una conclusión cuando por fin se dijo que el problema no es tanto la incoherencia, sino la aparente imposibilidad de que exista una solución coherente, ¿Podría existir una sociedad pacifica, progresista, respetuosa de los derechos individuales y sociales, sin que cada individuo cayera en una alineación colectiva, o despreocupación general por todo lo demás, todo eso Sin necesidad de un control violento ni del estado ni de nadie.? A menudo, Leopoldo se enojaba cuando su padre justificaba la estupidez de los soldados norteamericanos, para argumentar la matanza indiscriminada de personas en nombre de la democracia del mundo y con la obvia voluntad gubernamental de mantener el statu quo económico a través de tales acciones. La hacía diciendo que eran soldados y que como tales cumplían órdenes. Leopoldo los veía como autómatas justificando lo que hacían como desconociendo el trasfondo, y me preguntaba por su sanidad mental, ¿Qué tiene que ver que fueran soldados, para darse cuenta y desistir de cumplir esa orden? ¿Para responder como todos por sus propias acciones?  Quizás por eso Leopoldo nunca se había sentido capaz de entender, la violencia de las acciones que habían tenido lugar dentro de la Novela, que su propio padre, su madre y todos sus conocidos hubieran sido capaces de llevar adelante semejante matanza en nombre de esa libertad que ahora él y sus amigos vivían.

Entre la experiencia de aquel día, y el recuerdo vivo de estas discusiones con su padre fue que comenzó a preguntarse la razón de todo aquello, se dijo que elementalmente, cuando sabe que alguien posee un arma se siente intranquilo, sin importarme de quien se trata, ni su sexo, ni su religión, ni su nacionalidad, ni su etnia, ni su ocupación le importan, No le importa si se trata de un ladrón, un policía, un soldado o quien sea. El que posee un arma es porque concibe la posibilidad de usarla, y las armas han sido creadas para matar. Se dio cuenta, sin embargo, que, si se trata de temores y desconfianzas, más les teme aun a las fuerzas de violencia estatales, que a un particular. En teoría los primeros cumplirían la función de defender a los ciudadanos, y así evitar que estos necesiten defenderse por sí solos con criterios diversos y subjetivos, pero bueno, eso es en teoría, sé sabe que en la práctica no funciona de tal manera. Por otro lado es normal que se valore que una persona posea un pensamiento particular y que no actúe como autómata. En este caso, debería ser al revés, es decir, el hecho de que las fuerzas armadas legales estén subordinadas a un conjunto de normas, supuestamente acordadas por el pueblo, le da a ese pueblo  la seguridad de que un integrante de tales fuerzas no haga uso de su violencia  más que para la protección del resto de los individuos, y que su prioridad sea la defensa del pueblo.

A pesar de eso, seguía Leopoldo temiendo más a los uniformados que al particular armado, aun sabiendo que este último es totalmente impredecible.[2]

Supuso, que porque ese sistema de subordinación, así como suena de seguro es de peligroso, porque solo basta que el encargado ultimo de dar las ordenes tenga una mente perversa o simplemente, otros objetivos, para que exista de manera automática un ejército de asesinos organizados listos para recibir sus órdenes y usar su violencia incluso contra la misma gente que deberían defender cosa que de hecho sucede bastante seguido en todas partes del mundo.

Se dijo, sin embargo, que esto jamás podría llegar a suceder en un país democrático, ya que el pueblo elige a sus representantes y son estos los que en última instancia ordenan a las fuerzas públicas de violencia. Si el pueblo elige a sus representantes, quiere decir que estos, personifican la suma de sus voluntades y por ende difícilmente debería de haber problemas.  Pero sabía Leopoldo como lo sabemos todos,  que la democracia no existe, porque el pueblo realmente no elige a sus representantes. Porque, para llegar a la posición necesaria para aspirar a un cargo representativo, ni que decir para llegar al máximo cargo que es la presidencia, se necesita contar con el apoyo de los multimedios, de grandes empresas, de otros estados importantes del mundo, y de algunas mafias internas, Básicamente, de plata y apoyo a cambió de promesas de sumisión. Es decir, el pueblo, elige entre unas opciones que para llegar a ser tales, pasaron por un importante filtro que deja afuera y sin posibilidades reales al hombre o mujer común que quiere representar a sus conciudadanos sin tranzar por ello con los propios enemigos de esos conciudadanos.

Por eso, pensó Leopoldo tan solo nos queda elegir entre los candidatos ya filtrados por los status quo, que no casualmente tienen intereses contrarios a la mayoría del pueblo humilde y trabajador. Entonces, razonó en aquel momento, no solo tenemos gobernantes que son sucursales vivientes de intereses ajenos, sino que estos títeres, son a su vez, titiriteros de una fuerza de cientos, miles, de hombres armados, entrenados, justamente, no para pensar sino para seguir ordenes, y no cuestionar la naturaleza de estas. Entonces al pueblo enfrentado a la policía, porque esta última defiende por las armas intereses impropios al pueblo precisamente en nombre del pueblo, por eso, entre el gran temor que la gente siente frente a los que se arman, mas temor deben tenerle a aquellos que visten uniforme. Así mismo sabía que cada cuadra que caminaba sin que lo asalten, maten o lo que sea, es gracias al poder disuasivo de esas mismas fuerzas armadas. ¿Entonces? Seguía sin decidirse, lo justo sería armarse para ser el capaz de defenderse por propia cuenta. Una vez más lo asaltaba el sentimiento de discordancia, pero valga el paréntesis, se dijo, cuando se trata de reprimir las protestas sociales del pueblo, tanto la policía que la ejecuta como los políticos que la ordenan incurren en una traición abierta al pueblo que unos juraron representar y los otros cuidar…. correspondiéndoles ser castigados por el mismo pueblo al que traiciona. ¿Qué pasa entonces cuando el pueblo toma las armas en sus manos para defenderse, también por propia cuenta? ¿Era eso lo que había pasado en la novela? ¿Era eso lo que había hecho Edgmont? ¿Eran todas las violencias y la misma violencia? ¿Qué hacía a una mejor que otra?

Camino en silencio, inmerso en sus pensamientos desde la estación de tren hasta la de ómnibus, la mente de Leopoldo volaba intentando dar orden a las ideas que su cerebro estaba gestando, la cuestión es que, al llegar a la rampa de Retiro, ya pudo imaginar lo que le esperaba, una avalancha de gente, valijas, bolsos, bolsitos, mochilas, vendedores ambulantes, gente pidiendo, gente robando, gente gente y gente… y por ultimo más gente y algunos cuantos colectivos.

Entre empujones se dirigió hasta la boletería a la cual se llegaba subiendo por una escalera mecánica que como era de suponer no funcionaba. En la primera boletería que consultó, así como en las siguientes seis comprobó que no había pasaje ni para ese día, ni para el siguiente ni para el otro. Leopoldo Se sintió un idiota., ¿y ahora qué hago? exclamó haciendo ademanes con las manos. Leopoldo no tenía ni la más mínima idea, miro a su alrededor y se encogió de hombros ¿se conseguirá de reventa? Pregunto tímidamente… ¿Qué te crees que esto es un River-Boca?

En ese momento Leopoldo pudo distinguir, por encima del hombro de su amigo a un sujeto sombrío que en una ventanilla aledaña a la de ellos discutía aireadamente con la mujer que lo atendía. Esta, le explicaba cada vez en tono menos amable, que no podía devolver su pasaje a apenas unas horas del horario de salida y pretender que se le reintegrase todo su dinero, el hombre por su parte gritaba que si no iba a viajar el boleto no le servía para una mierda, y que ellos seguramente podían vendérselo a otra persona y recuperar el dinero. La mujer, intentando calmar sus nervios cada segundo más alterados, le indicaba que a lo sumo lo que podía hacer era, pagando un plus cambiarlo para otra fecha, entonces el buen hombre le señalaba que lo que ella podía hacer era meterse el pasaje en el culo, y de paso devolverle su dinero, ya que él no pensaba viajar ni entonces ni nunca más en esa puta empresa.

Como es obvio, porque si no toda la anterior descripción hubiese carecido totalmente de un fin evidente, el pasaje de ese hombre era hacia el mismo destino al que Leopoldo pretendía viajar, y por supuesto, se lo compró a precio justo, y todos contentos. [3]

El único problema era que el pasaje en cuestión tenía su horario de salida en apenas cuatro horas más. Leopoldo iba a que regresar a su casa en busca de su equipaje y en tiempo record volver para abordar el colectivo rumbo al cambio más importante de su vida.

[1] Un manto lechoso lo cubre todo. Cubre las montañas. Desde los picos inmensos

hasta las laderas y los bosques añosos. Cubre los valles, las escarpadas y los mallines

Cubre los arroyos, cubre los ríos. Cubre el lago e incluso la costa de en frente.

Es un velo denso y etéreo que asimila en un vapor húmedo de rocío inapelable.

Es el aliento de absorbente de Asherian fluyendo preciso sobre los dominios

de su cuerpo desnudo

[2] Puedo adivinar las campanas negras que presagian su despertar indómito

Puedo oírlas sonando detrás de los monasterios y las catedrales de roca cruda

Puedo sospechar la sombra pretérita extendida desde sus cubiles australes

Puedo oír los jadeos de aquellas bestias furibundas montadas sobre lobos

[3] Marchando cuesta abajo como un ejército de espectros en la niebla

Emigrando rumbo al auge, siguiendo el compás cruel de los temblores

Que vaticinan la proximidad del solsticio y los aquelarres de Saturno.

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El Olvido de Asherian Cap 8

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Cuarto manifiesto

Los arquetipos estructurales de cada discurso textual se cierran sobre sí mismos negando a todos los demás, teniendo más afinidad con las ideas que partan de su propia estructura y le sean afines, que con aquellas que pertenezcan a otro modelo (las cuales resultan inescrutables) o posturas del propio arquetipo que critique la estructura o los andamios que le dieron vida (las cuales son inmediatamente repudiadas).

Las distintas ideologías dentro de un modelo estructural tendrán también problemas de exégesis entre sí, pues la interpretación siempre se intenta desde el punto de partida de la propia estructura que es el único posible, sin embargo, al no tener en cuenta que el texto o realidad que se pretende interpretar no responde a las mismas reglas estructurales, tradiciones e incluso andamiajes que el propio texto de pertenecía se fracasa en ese intento de viajar de un libro a otro.  A este problema de interpretación se los matemáticos y algunos teóricos de las ciencias suele llamar inconmensurabilidad.

Dentro de las distintas ideologías y posturas en los anaqueles de Asherian existen algunas con mayor o menor tolerancia y capacidad de autocrítica, pero ésta es siempre limitada, ya que las estructuras y los andamios nunca pueden ser puestos en tela de juicio sin admitir en ello lo relativo de los supuestos morales metafísicos que sostiene toda doctrina textual. Los modelos, como ya ha sido dicho por otros cambian, mediante las revoluciones, pero en Asherian, las revoluciones, si bien logran derrocar ideas, posiciones, regímenes e incluso toda una cosmovisión completa, incluido sus personajes y trama argumental, nunca logran revolucionar realmente la manera de pensar sometida a mecanismos antiguos pero aún vigentes del texto primitivo, Estas revoluciones a lo sumo reemplazan viejos argumentos por nuevos argumentos que serán las nuevas cadenas que sometan a los personajes.

El Nihilismo entrópico intenta comprender, destruir, reducir a la nada y re-comprender no sólo al modelo textual al que pertenece, no sólo al argumento oficial y a las interpretaciones periféricas, notas al margen sino incluso a sí mismo como posición radical. El objetivo es llegar a aceptar todas las posturas de todos los argumentos como realidades posibles verdaderas y nulas simultáneamente. Por eso este método parte del nihil y  vuelve a él tras cada ciclo ascendente (podemos imaginar una función que dibuja una circunferencia que al cerrarse y pasar por el punto de muerte/nacimiento, en vez de detenerse, continúa creciendo y re nace en una órbita con un radio apenas mayor que la circunferencia anterior y así repite el movimiento ad eternum), De este modo nos encontramos, no solo con la metáfora un eterno retorno inflacionario, es decir que cuenta con un factor de incremento de sus capacidades gnoseológicas por cada retorno, sino con una serie de conjuntos que se incluyen sucesivamente conformando un modelo fractal.  [1]
En el Nihilismo Entrópico toda realidad está reducida a una existencia potencial que tomará valor de 1 al momento en que se la piensa y 0 cuando no es pensada; y con cada 1 habrá un inevitable -1 que surgirá a modo de siamés.
Con cada anulación hay un nacimiento, cada nuevo resurgir, ejemplificado con la nueva circunferencia de radio mayor, alberga en su memoria todas las ideas asesinadas haciéndose y por eso es más amplia y dotada de hermosura (en cuanto completitud imaginaria) con cada nueva órbita.

En un mundo construido de ideas como es el de Asherian, toda superación es negación, pero toda verdadera negación es conservación en algún punto. Es preciso destruir para poder avanzar y reciclar para ser otra cosa más allá.

El camino personal que se propone desde el N.E es el de la examinación y crítica (primero destructiva e inmediatamente constructiva) permanente, así como la aceptación total y el  relativismo in extremis. Este proceder resulta sumamente arduo, pues implica la contemplación directa de las innegables contradicciones del hombre, su pensar y su sentir. Implica un sufrimiento ascendente que se vuelve casi intolerable en el último tramo de la circunferencia, pero que, traspasado el punto crítico en donde el sinsentido se manifiesta como la única salida, las partes del rompecabezas comienzan a encajar. La misma incoherencia manifiesta resulta coherente y tiene lugar lo que llamo “resignación examinada” que reemplaza al profundo dolor que acarrea la búsqueda y la confrontación permanente por el sosiego de la nada reconciliándose con el ser a través del texto. [2]

Este punto coincide con el nacimiento de una nueva órbita.
Resulta indispensable por tanto para abordar un camino semejante, la capacidad extrema de autocrítica, pues las ideas propias han de ser las primeras en ser profundamente analizadas y rebatidas. Esto colabora de manera directa con evitar al peor enemigo del pensamiento, que es el estancamiento en el mito de una verdad/realidad de los supuestos morales metafísicos que sostienen toda nuestra estructura.

Los hijos de Asherian, a través del movimiento Keres sosteniendo al Nihilismo entrópico como una espada llameante de doble filo, buscamos el cambio constante y profundamente crítico, la consecuente superación y la autodestrucción inmediata de los valores que nos dieron la victoria.

No es lo mismo la voluntad de nada, que la no-voluntad de cada cosa y sin embargo están íntimamente relacionadas. La diferencia reside en la conciencia del vacío existencial. La nada como preludio a la reconstrucción y no como fin en sí mismo. Es un destello de conciencia, es el momento crucial en donde el vacío se reconoce, en donde el vacío toma conciencia de sí y deja de ser tal, el dolor de parirse a sí mismo, la existencia y la sensación del reciente vacío camuflado.

En el último punto hay dolor, profunda soledad entre el murmullo, todo parece punzar, el llanto está ahí, acompañando el descubrimiento constante como una bandera sin colores y el sinsentido se desnuda ante nuestras mentes amaestradas por siglos, que sufren encontrarse solas ante lo desconocido, aún peor: solas ante la inexistencia.

Resistido el primer golpe y con el consecuente análisis, descubrimos nuestra capacidad de otorgar sentido, de crear existencia desde esa nada de la que formamos parte, descubrimos nuestra condición de ser y al mismo tiempo aceptamos lo efímero y absurdo de las ideas que pretenden arraigarse. Entendemos la influencia y la tradición no examinada como el peor de los monstruos que atrofian nuestras consciencias recién despiertas a la nada. No se trata de la duda existencial de Kant o Descartes, pues no buscamos un punto de seguridad existencial, sino que aceptamos la certeza de la inexistencia, la certeza de la in-certeza. Una certeza tirana que se tiraniza a sí misma hasta el punto de inmolarse por su verdad y expresarse falsa también a sí misma. [3]

[1] Un velo azul plomizo se devora el cielo en el poniente. Se devora sus cumbres nevadas, e incluso partes de sus laderas boscosas. Algunas escarpadas de nieve escapan al encierro y sobresalen tenues y apagadas casi mimetizándose con el gris azulino luego la montaña vuelve a hundirse indeclinablemente entre las nubes hasta el lago sombrío y ceniciento que acompaña la redundancia.

 

[2] El Velo se extiende hasta el Oriente y allí, una delgadísima franja de fuego se corta en el horizonte, por detrás y apenas por sobre los cerros más pequeños que sutilmente se convierten en estepa. El tenue brillo solar, anuncia el alba con disimulo mientras la claridad gana lentamente el éter calmo. Y, la escarcha helada pinta de blanco el suelo.

 

[3] En algún sitió la voz de Asherian suena como el susurro eco de un muerto que acaba de despertar a un sueño de mil años en lo profundo de su guarida sintiendo un hambre pretérita e insaciable.

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El Olvido de Asherian Cap 7

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Noche kafkaiana en la Pueyrredón

La oficina de inscripción abría a las 9 de la mañana del día miércoles, un cartel pequeño, lo informaba en letra aún más pequeña, sobre una pared lateral casi imperceptible a la mayoría de los que por allí pasaban que no eran siquiera la décima parte de aquellos a los que la información del cartel estaba dirigida.

A partir de la hora mencionada, y por orden de llegada, de manera no personal se otorgarían números impresos con los cuales una semana después, siguiendo el orden de estos números, los estudiantes podrían anotarse a las clases, elegir los horarios y las cátedras en las que quisieran cursar.

Safu   se enteró de manera casi casual, que las colas para recibir los números mencionados, comenzarían varias horas antes de lo previsto, no por iniciativa institucional sino por propia decisión de algunos alumnos, que arrastrados por una obsesión casi enferma  llegaban a acudir hasta doce horas antes para guardarse un lugar en la cola, por consecuencia directa, aquellos a quienes también les interesaba conseguir una buena cátedra, pero no estaban encaprichados se veían obligados adoptar el mismo principio de espera.

Safu  , había oído algo sobre una “lista”, como no sabía a ciencia cierta de que se trataba, y ante la amenaza de poder quedar afuera de la cursada en el último año de su carrera, decidió darse una vuelta y averiguarlo.

Al llegar al edificio, otros estudiantes, le pidieron los datos para ingresarlos en la “lista”. La famosa lista, dejaba constancia de la llegada de los alumnos, para hacer la cola, para sacar número, para inscribirse una semana después en a las clases, elegir los horarios y elegir las cátedras. La misma había sido organizada por los alumnos que habían decidido concurrir la noche anterior al día de inscripción para conservar los mejores lugares.

Como las inscripciones, las legales, que corrían por cuenta de la facultad no eran personales, teniendo en cuenta que muchos alumnos trabajaban en ese horario, las “listas” tampoco eran personales, de esa manera, por cada alumno que había decidido anotarse y esperar toda la noche por su número, había varios que se anotaban y se volvían a sus casas y algunos que ni siquiera habían concurrido y, todos ellos, podrían concurrir en la mañana con un lugar reservado para anotarse a las cursadas.[1]

Todo esto, se agregaba al ya largo  trámite  un escalón al de burocracia, para llegar finalmente al mismo punto de partida. Frente a este marco, Safu no terminaba de comprender el sentido de lo que sucedía, y menos aún pudo hacerlo, cuando alguien le comunico que debía esperar algunas horas, porque aún no se definía que se haría con la supuesta “lista”; todo lo que Safu   quería, era poder anotarse en sus materias, sin participar de un papeleo absurdo digno de la fama burócrata de la desaparecida unión soviética. Las horas se sucedieron, entre discusiones, cervezas y sospechas hacia los organizadores que crecían a medida que el tiempo pasaba.

Lentamente comenzaron a clarificarse dos posiciones concretas entre los presentes, cada una de ellas representadas por uno de dos personajes que parecían burdas caricaturas de sí mismos y de los políticos más repudiables del panorama gubernativo internacional. Las posturas giraban en torno a si, se debía respetar a aquellos que se habían anotados en “las listas” y se habían ido, o si todos los anotados debían además hacer la cola durante toda la noche hasta el horario de re-apertura. El problema más grave, (aunque no el que más parecía importarles a muchos de los presentes), era que un gran número de los que se habían anotado y posteriormente se habían retirado, lo habían hecho tras cerciorarse de que se respetaría su anotación, y que justamente aquellos que les habían otorgado tal seguridad, ahora ponían en duda el sistema, ya de por si extremadamente dudoso.

Safu   pensaba que al fin y al cabo se había adelantado el tramite un día, se habían agregado varias etapas intermedias que pasaban por alto la coherencia y  que todo seguía igual, o peor, se había creado una suerte de cola virtual, y  un clon malparido de la cola original  una serie de fases que lograban empeorar de forma engañosa  al ya de por si deficiente sistema original. La idea había nacido con el fin de acelerar los pasos, (por más que justificaba un sistema por demás teñido de favoritismos absurdos) pero que terminaba por complicar toda esta organización paralela que desconocía las reglas de la facultad que afirmaban claramente, que la entrega de números para la inscripción se haría a partir de las nueve de la mañana y por orden de llegada.

Así, entre números, “listas” variadas, colas virtuales y reales, cientos de alumnos que esperaban, y otros tantos que rendían los últimos finales, se decidió unilateralmente, en una movida rayana al despotismo, esperar a que terminasen los exámenes y pasar lista sobre la “lista” de anotados y borrar a aquellos que no estuvieran presentes en el recinto.

Tal situación tenía lugar en una concurrida asamblea en el patio trasero de la universidad, mientras que, en la puerta de entrada, en la parte de adelante a la gente que iba llegando se le comunicaba que, si se habían anotado, podían irse porque tenían un lugar reservado en la cola del día siguiente.[2]

El tiempo seguía sucediéndose en espera de que terminasen los exámenes y entre nulos intentos de comprensión Safu   esperaba sin inmiscuirse intentando soportar su propio sueño y mal humor creciente.

Cuando se acercaba el momento del fin de los exámenes, uno de los personajes subido a una tarima, anunció, (sin dejar en claro bajo el poder otorgado por quienes  lo hacía)  que habría una asamblea entre los alumnos presentes (que no representaban siquiera una minoría significativa entre los cientos que acudían a la universidad)  para decidir que se hacía con la “lista”, alguien enfureció ante el monopolio discursivo y exigió que se confeccionase una “lista” de oradores para tratar en la asamblea “la lista” que dejaba constancia del lugar en la cola para sacar número que reservara un lugar para concurrir una semana después a anotarse en las clases, elegir horarios y cátedras.

Los gritos no cesaron, tampoco las discusiones  muchos se quejaron contra ese sistema de listas ideado por una ínfima minoría en nombre de la extensa mayoría. Otros pidieron, que, fuese lo que fuese, que decidiera esa asamblea, no representativa, fuese acatado religiosamente por todos los presentes, instándolos a hacer gala de un fuerte “espíritu de compañerismo”. Algunos de los presentes, arguyeron lo hipócrita que resultaba hablar de compañerismo cuando los presentes eran menos que los ausentes, que no sabían ni siquiera lo que estaba sucediendo en el patio trasero de la universidad, ya que nadie les había avisado, porque todo esto, nada tenía que ver con el estatuto de la facultad que afirmaba claramente que la entrega de los turnos para retirar los horarios, seria a partir de las nueve y por orden de llegada.

Por fin luego de idas y venidas, insultos, agravios, ofensas, injurias, desprecios, ultrajes, humillaciones, escarnios, provocaciones, oprobios, irreverencias, y demases, la asamblea tuvo lugar, se plantearon las posiciones, y surgió una nueva perspectiva, que exigía re confeccionar la lista por medio de un sorteo. Esa nueva propuesta por supuesto tuvo distintas divergentes, una sostenía, que el sorteo se realizara entre los presentes, y también estaban los que pedían hacerla, pero teniendo en cuenta todos los alumnos que se habían anotado originalmente, y unos últimos planteaban que no se podía dejar afuera a los estudiantes que no sabían sido avisados que habría, una PRE-cola, una asamblea, múltiples listas, etc etc etc etc.

Nadie logro ponerse de acuerdo, y los que habían reclamado una suerte de “derecho divino” para dirigir el debate, solo dejaban hablar a aquellos que compartían su opinión. Estas personas, eran precisamente, aquellos que habían confeccionado las listas, para tener ventajas a la hora de conseguir las mejores cátedras para ellos y sus cómplices. Lo más cómico por así decirlo, era que estas personas, solían ser los peores estudiantes, Hombres y mujeres que en vez de dedicar su tiempo  a educarse  preferían dedicarse a las politiquerías baratas y  a sus consecuentes burocracias, paradójicamente tal cosa los hacía sentir un poco menos hipócritas a la hora de auto declararse socialistas combativos o cosas por el estilo.

Harta de tanto desvarío Safu   ya no lo soportó más, y decidió irse a su casa no sin la correspondiente frustración, y acudir al día siguiente a las 9 horas, y hacer la cola correspondiente para poder sacar turno, para anotarse a las cátedras y a las clases. [3]

A la madrugada   siguiente, mientras Leopoldo y sus padres cambiaban los tragos por un abundante desayuno a base de café con leche y medialunas, al tiempo que   terminaban de festejar una reconciliación familiar de último momento y no extremadamente sincera. Safu   conseguía su turno, después de haber hecho tan solo media hora de cola y gracias a las listas, que al final se habían mantenido, luego de que el rector de la universidad hubiera echado a los alumnos del patio trasero, ya que a las 3 y media de la mañana seguían gritando y discutiendo. Acto seguido y mientras se quejaban por no poder ejercer su derecho a la “democracia” los Estudiantes se trasladaron a debatir en una plaza de donde también fueron desalojados, esta vez por la policía, y como consecuencia de las numerosas denuncias hechas por los vecinos.  De esa manera, y mientras entonaban cánticos contra la policía, el estado, y la concha de su hermana, se fueron dispersando, no sin antes convenir a último momento y a modo de resguardo presuroso que se mantenían las listas tal cual habían sido confeccionadas, que el que quería que se quedase y el que quería que se fuese.

Safu   escucho el pedazo de historia que no había participado en la cola justo antes de que fuera su turno, pensó que sus compañeros eran todos unos jipis de mierda y probablemente no se equivocó, después pensó que de todas maneras ya no le importaba nada, estaba por anotarse a la última materia que le quedaba para terminar bellas artes, y después de cursarla podría irse a vivir al sur como siempre lo había soñado huyendo de la burocracia asfixiante de la ciudad. [4]

[1] Puedo sentir el frío en los huesos como si se tratara de la caricia de esa entidad que habita en los bosques susurrantes y cuyo gélido beso se parece a la condena silenciosa que palpita el suspiro de eso que llamamos vida. Creo oír su latido negro desprovisto de sangre por las noches, arrullándome en los minutos previos al sueño cuando las percepciones se confunden con las conjeturas poéticas que Orfeo nos prodiga en esbozos antes que abandonemos la vigilia. Creo sentir entonces el suave roce de una mano larguísima que se mece desde las profundidades de los bosques como una sombra implacable, incluso cruel y solitaria. Y en ese abrazo me envuelvo permitiendo que me arrulle como a un niño. El silbido del viento moviendo las ramas crujientes y el oleaje de las aguas congeladas rompiendo contra los fiordos y gritando el eco de los abismos, la música monstruosa de un infierno helado, húmedo y crepuscular. Los sones menores de la frondosidad cerrada y expectante, de las moles de roca que conforman los picos amurallados y protegen al ojo que nunca pestañea.  La máscara sin mascara que llamamos Asherian.

[2] Que se retuerce y trepida proyectándose en mil sombras hambrientas en las entrañas de los boscajes que visten los cerros y rodean el lago, en cuya ribera se levanta la ciudad bulliciosa y torpe  de los hombres condenada a ser devorada viva y sucumbir a las fauces aterradoras, cuando los heraldos malditos de Asherian convocados desde siglos por su llamado mudo, acudamos en marcha sonámbula hasta el aquelarre depravado de su hondonada, dispuestos a convertirnos en la sangre tibia que alimente la oscuridad hasta que lentamente despierte de ese letargo sin tiempo y la grande Patagonia se encarne en el cuerpo de Asherian , y la sombra caníbal de su aliento gélido se extienda sobre todos los habitantes de sus imperios.

 

[3] Oirán el bramido desgarrador de su despertar y temblarán encerrados en sus moradas cuando sientan los aullidos acercarse lentamente desde los confines del Nahuel Huapi, corriendo por los montes, arrastrándose por los hielos, nadando desde las profundidades.

Cuando vean el brillo de sus ojos por miles entre los lejanísimos árboles y e l cielo insondable se refleje contra el agua hasta convertirla en el abismo del universo transparente y Saturno brille más que ninguna otra estrella como un sumidero hexagonal

repleto con los dientes incisivos de sus sirvientes, y será lo último que vean antes de que el velo negro lo cubra todo y una tormenta de nieve extraordinaria se desate irrefrenable mientras el viento trae consigo el aroma pulcro e indómito de las alturas impenetrables y los sonidos cotidianos de los hombres se amortigüen pesadamente hasta convertirse en un mutismo virgen y solo se oiga el aullido de los lobos de Asherian bajando al trote las montañas como noches entre la arboleda y se ciernan furibundos, reclamando su imperio de silencio.

 

[4] Solo entonces logro dormirme en paz, sosegado, confortado de todos los pesares bajo el tibio Abrazo de Asherian, que es como la sombra de los pinos debajo de la cual ya nada más logra germinar.

 

 

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El Olvido de Asherian Cap 6

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Tercer manifiesto

La historia de Asherian puede ser interpretada siguiendo la idea de la influencia, la tradición y el poder. Estamos hablando de un proceso inconsciente del que todo hombre personaje es víctima y victimario en mayor o menor medida, dependiendo de la conciencia de su poder como personaje que logre alcanzar, es decir, de la capacidad de influir conscientemente en los demás personajes o bien la capacidad de negarse conscientemente a la influencia en la que se encuentra inmerso por parte del autor. Estas corrientes de influencia, a la manera del río caudaloso corren sin detenerse jamás en el mismo lugar, se trata de un movimiento perpetuo. Estas influencias que todos sufrimos y ejercemos permanentemente, que resulta del devenir natural de las relaciones literarias, tiende a formar una suerte de red, que se encuentra asimismo conectada con otras redes y que entre todas formarán una gran red que capaz de vincularse otra gran red y así sucesivamente. La red de los personajes con el texto. Del texto con otros textos y de todos los textos con el mundo que los produjo.

Cuando existe algún nodo muy poderoso de influencia consciente, es decir, un puntos de intersección de estas redes imaginarias, entonces este propicia que se auto regenere en un círculo vicioso, los mismos nodos influenciados serán quienes den poder de imponer realidad al nodo influenciador, aceptando y haciendo suya la realidad por éste postulada, que según la época en la que suceda controlará los medios existentes de influencia y procurará conservarlos para sí. Pasado el tiempo, tales realidades pasan a formar parte de la tradición, se convierten en poderosas influencias inconscientes de las realidades que las sucedan y se vuelven prácticamente incontrovertibles. Ahí es cuando decimos que pasaron a formar parte orgánica del texto.
Concebimos la historia de los hijos de Asherian en cuanto construcción de realidades, construcción de sí mismo, de lo físico y lo metafísico y por el poder que ejerce para que una u otra construcción se levante por sobre las demás. La historia del hijo de Asherian en cuanto poder y capacidad de ejercerlo.

Conceptos categóricos y antagónicos y categorías morales, lo bueno-malo en sí, dependen exclusivamente de las estructuras de esa realidad y el discurso que éstas ostenten como sostén. [1]
Ideas como subversión, insurrección, etc. serán aplicadas por los representantes de este poder a quienes en un tiempo y un contexto dados rehúsen a aceptar de buena gana el tipo de influencia puntual, consciente o inconsciente que posea mayor consenso general, Asimismo las existencias de tales nodos antónimos representan un enemigo en término de influencia y poder, para el vigente nodo de súper-influencia. Podemos entender por ende el poder como la capacidad de ejercer influencia en mayor medida que otro, como la capacidad de dar forma a la realidad de otros (del texto). De establecer (convencer) una realidad aparente.

El hijo de Asherian, condicionado por sus realidades sociopolíticas, histórico culturales y empujado por la tradición, creará modos de concebir la realidad, es decir de darle forma, re-construirla. Se habla entonces de una cosmotexto.
Cada cosmotexto tendrá en sí mismo, a lo largo de su vigencia, distintas ideologías y corrientes de pensamiento que lo compongan y así mismo, modos de interpretación que se desprenderán de su estructura, estando ésta sostenida por los andamios del cosmotexto que serán sus bases incuestionables, como un árbol del que surgen infinidad de ramificaciones y al que sostienen fuertes raíces bajo la tierra. Desde ese lugar se pensará el texto a si mismo, su estructura, superestructura e infraestructura.   

La versión oficial del texto que el autor tenía en mente es, a nuestro modo de ver, tan solo una de las tantas opciones del mismo, tan inválida como las realidades periféricas del modelo vigente o de otros modelos. La Realidad no existe más que como capacidad de imponerla. Todo discurso se ostenta verdadero a sí mismo y niega por inercia a los demás. Se trata de una lucha de autoridad en dónde los discursos se destruyen entre sí a través del mito de la realidad.[2]
Por eso nosotros nos encargamos de negarle el status de verdadero a todo discurso y lo reducimos, haciéndolo sucumbir en su propia incongruencia. Así ningún cosmotexto queda en pie y todo retorna a la nada, la nada madre, la nada creadora.

[1] Inmóvil el lago se refleja

bajo un jolgorio ebrio de colores

cúmulo gris de nubes sonrosadas

devoran lujuriosas las montañas.

Es una arboleda carnal amontonada

cubriendo enardecida el horizonte

con esa sutileza que late refulgente

en la frágil hoguera de la gracia

sensual y delicada que converge

la belleza total del elemento

que fluye sublime y se sumerge

tiñendo de ardor el firmamento

 

 

[2] Me deslizo sobre el silencio del camino

Cuando la helada noche me transporta

Hacía un horizonte que negro se recorta

Sobre el cosmos tenuemente sumergido

y si el cielo albo me devora por momentos

O la tormenta nívea me convoca-

Oigo los sonidos mudos del tormento

Y el llanto de lo eternamente vivo

que en la noche fría se desboca

Y se revuelve impávido en su nido

Por delante siete lagos que custodian

A un tigre cruel de siete rostros

ocultando del tiempo y la memoria

el contorno ansioso de los monstruos

inertes en la morada legendaria

ceñida en la impávida negrura

De la cruel floresta solitaria

Que duerme enteramente a oscuras

Los cerros encerrados a los flancos.

y los montes devenidos en Barrancos

Susurran el llamado que convoca

A todos los malditos a las fauces

O confines infernales de su boca

De ñires, cipreses y de sauces.

Cuesta abajo resbala el sacrificio

De tantos hombres que a su paso

Evocaron lo intangible del suplicio

que Asherian prodiga con su abrazo

Y regaron con su sangre los pedreros

Que recorren el latir de las montañas

inmolados cual dóciles corderos

fueron pan de las atroces alimañas.

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El Olvido de Asherian Cap 5

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5

Necedades e ingenuidades

 

La idea apocalíptica del ser es precisamente su único secreto. El ser no existe más que como una continuidad falaz de la nada primigenia, adoptando diversas combinaciones para camuflarse. No somos seres vivientes sino seres murientes. El instinto de los seres vivos por reproducirse es el intento desesperado de la nada de forzar la consciencia de sí misma, el precio el sufrimiento que es la característica principal de ese interludio que llamamos consciencia, en ese interludio que llamamos vida, en ese interludio que llamamos ser. ¿En ese sentido los padres de Leónidas no fueron diferentes y engendraron una mala combinación de ambos, pero quienes fueron los padres de Leónidas?  ¿Acaso aquellos que engendraron al librero cuya identidad suplanto? ¿O acaso el escritor que les dio vida con su pluma a todos los que moraron la novela? ¿O acaso Jairo quien luego fuera Edgmont y Eloísa que lo pario en las entrañas de Asherian y cuidó durante su primera infancia luego de que todo el asunto de la revolución se fuera al diablo? Será Leónidas tal vez la creación de sí mismo, pero a fin de cuentas lleva en si una herencia que no puede negar y que lo conecta con ese huevo negro y vacío del que todo simula surgir y los pobres desdichados que tuvieron la dudosa suerte de legarse sus propias características por obra del azar. Su padre como ya saben si leyeron la primera parte, era un necio de campeonato y su madre una mujer que a veces de tan ingenua se volvía irritante. Intentaré explicar de dónde sale este sujeto cuyas aventuras están a punto de desencadenarse y cuyas características esenciales hereda de estos otros sujetos que lo precedieron y le dieron vida.  El Necio, era, un hombre en extremo inteligente, y eso era probablemente lo más necio que tenía, él hecho de ser poseedor una inteligencia valiosa, y a pesar de eso ser tan profundamente necio.

El Necio, era un hombre que defendía, sin dudarlo su imagen de distinguido y era sin embargo poseedor de unos modales repugnantes, comía produciendo unos sonidos guturales dignos de una alimaña, y lo hacía con tanta desesperación que, comer a su lado, era como comer alado de una jauría de hienas. Este señor tampoco, sabía pedir las cosas por favor, ni mucho menos decir gracias, ni que hablar de disculparse luego de cometer una ofensa. Era literalmente incapaz de pedir perdón cuando lastimaba a la gente que quería y esto era algo que hacía a menudo ya que no medía sus palabras y era frecuentemente poseído por ataques irá que sumados a una obsesión irrefrenable por ser poseedor y enunciador de la verdad que él defendía y procuraba fuera aceptada por todos los demás lo convertían en una persona venenosa, egocéntrica manipuladora y avasallante. De mas esta decir que esas verdades absolutistas, variaban según su conveniencia de momento a momento.

El necio, se consideraba a sí mismo en ciertas ocasiones un hombre del pueblo, y se manifestaba en contra de lo fino y selecto y por otros momentos revelaba un elitismo casi clasista, sin nombrar él hecho, de que era un pequeño burgués achanchado que a duras penas se movía de su casa y pretendía que todos quienes lo rodeaban fueran piezas de sus diversos planes.[1]

El Necio, era mentiroso, por sobre todas las cosas, pues no deseaba quedar mal ante nadie, así que dependiendo de quien estuviese delante de él, se mostraba de una u otra manera, decía una cosa o lo contrario según le conviniese. Así mismo, si su engaño era descubierto apelaba a la discusión agresiva para eliminar a su descubridor.  El necio era a pesar de que buscaba demostrar lo contrario con insistencia un hombre inseguro, tal vez por ello sentía esa necesidad enorme de ser admirado y atacaba a aquellos que lo evidenciaban tratándolos como inferiores a él. El necio disfrutaba mucho del sonido de su voz, pasaba grandes ratos hablando de sí mismo, contando sus hazañas y negando sus fracasos, y cuando otros acotaban, enseguida los ninguneaba y volvía sobre lo mismo, puesto que en cualquier charla de sobremesa gustaba de comportarse como una mezcla de orador-juez más que como un participante.

El Necio, era un psicópata, carecía de empatía y el psicopateo era su técnica favorita y la que mejor dominaba: Utilizaba sus artes para destruir el ego ajeno, y así, sentirse más poderoso. Atacaba a las personas más que a sus ideas, tratando no de refutar un razonamiento incorrecto sino de eliminar a su enunciante con comentarios sobre su intelecto e interrupciones continuas.

Según el día, el Necio, era a veces también xenófobo, etnocentrista y discriminador en general, Sin embargo, a veces sus palabras hablaban de libertad y humanismo, de socialismo y democracia.  A pesar de ser un gran defensor oral de la independencia, no dudaba a momento de gritar un orden, recostado cómodamente en su sillón, y enfurecer, si alguien osaba no cumplirla.

Al necio, no le importaba si lo que decía era verdad, pues solo le interesaba tener razón o al menos que lo demás así lo considerasen, y a veces, terminaba contradiciéndose y afirmando nunca haber dicho lo primero.

El necio, decidía de antemano lo que le parecía y luego inventaba argumentos, sin importarle si estos argumentos se contraponían sucesivamente de hecho solía apelar a la sutil tergiversación si su triunfo dialectico lo requería,

El necio discutía sobre lo que no sabía, y aseguraba siempre conocer más que su discutidor, más allá de que el mismo fuese una eminencia del tema. Incurriendo permanentemente en errores vergonzosos que procuraba disimular argumentando que su adversario no sabía explicarse o comprenderlo según el caso.

El necio irremediablemente negaba haber dicho  aquello que hubo dicho y que averiguaba luego, era incorrecto.

El necio se pronunciaba en contra de las reglas cuando estas le impedían hacer lo que él quería, pero defendía El respeto por la ley a rajatabla e imponía permanentemente las suyas cuando se trataba de los demás.

El necio, no soportaba que lo criticaran, pero criticaba invariablemente, y con intimidación desmedida todo aquello que no era como él quería

El necio, no se dejaba aconsejar, pero daba hasta el hartazgo, los conocidos como malos consejos y se entrometía siempre en la vida de todos creyendo saber más que nadie lo que era conveniente.

El necio era un obsesivo del poder, lo deseaba y se regodeaba de él, no del poder político, o militar, sino del poder cotidiano, El necio simplemente quería que nadie jamás osara contradecirlo.[2]

 

El necio se quejaba de aquellos que era irrespetuosos, pero de mas esta decirlo

era el más irrespetuoso de todos. Quizás la característica más distintiva del Necio fuera su incapacidad absoluta para reconocer en el ninguna de estas características. Pocas veces un ser humano tan dado a la especulación abstracta fue a la vez tan ajeno al aforismo inscripto en el templo de Delfos “ conócete a ti mismo”

Así era la vida del necio, lo que criticaba, por un lado, lo hacía por el otro. Y lo que hacía por un lado lo criticaba por el otro, siempre procurando justificarlo. El necio hería con su prepotencia, violencia e intolerancia a todos los que tuvieron la mala dicha de cruzarse en su camino cuando este había tenido un mal día, pero por supuesto, y de más estaría decirlo siempre tenía algún discurso contra los intolerantes que no lo dejaban ser intolerante.

Pero claro, todas estas colecciones de aberraciones tenían una razón de ser, tenía que ver con que debajo de esa mascara de macho alfa invencible que se había colocado, había un débil hombrecillo con un gran complejo de inferioridad, un hombrecillo que necesitaba que los demás le afirmasen que valía, lo que quería valer. Un hombrecillo paranoico, esquizofrénico y obsesivo. Por eso, es que cuando alguien lo frecuentaba, pasado el tiempo y la angustia, el dolor y la furia que generaba  la gente ya no se enojaba, por su necedad, sino que comenzaba a sentir lastima por su pequeñez.

A  grandes rasgos ese era el padre de Leónidas y todas esas características eran ahora también parte sustancial de él  y aunque por ciertos periodos, lograba amansarse y convertirse en una persona más tratable, estos periodos eran cortos, y al tiempo volvía a ser el de siempre, eso sí, el Necio la mayoría de las veces no actuaba con mala intención, sino con la mejor de ellas pero su problema era más que nada que nada que  le gustaba dirigir  y era malo para ello,  y generalmente fallaba una enormidad respecto lo que esas  otras personas consideraban mejor para sí mismas y no lograba adecuarse a la idea de haber sido el ,que había fallado en la interpretación. Durante algún tiempo Leónidas  había  empezado a creer que todos estos problemas eran sumamente inconscientes y que no valía la pena enojarse , ni siquiera entristecerse sino simplemente aceptarlo como alguien con una pequeña enfermedad y quererlo así, pero cuando llegaba a ese punto, de repente creía notar a su padre enaltecer de sí mismo las características y actitudes antes descriptas, y narrar terribles historias de sus maltratos y humillaciones con profundo orgullo y entonces, Leónidas  que muchas veces había sido víctima de las mismas volvía a sentir  vergüenza. Por su padre y por él mismo por haber heredado lo peor de él y haberse convertido en un monstruo incapaz de hacer bien a otros.[3]

Su madre Eloísa por el contrario era una persona cariñosa y siempre dispuesta a ayudar al prójimo, pero a veces su ingenuidad terminaba siendo muchas veces contraproducente para ella misma. Venía de una familia de intelectuales de derecha, y aunque no hubo heredado lo primero, lo segundo lo tenía bien arraigado a su ser.  Su madre vivió toda su niñez y adolescencia bajo la falda de su madre, y nunca en todos sus años de juventud, sintió la necesidad de revelarse, le aterraba el cambio en cualquiera de sus modos y naturalezas. Era de esas personas que adherían al viejo dicho que reza más vale malo conocido que bueno por conocer. Todo lo nuevo le daba pánico, sin importar que tan bueno pudiese ser y así mismo, transitaba la vida con una ingenuidad casi exasperante, respecto a las cosas que pasaban a su alrededor. Era una de esas personas que gustaban de que todo estuviese ordenado automatizado y que requiriese la menor capacidad de pensamiento autosuficiente, Un ejército sin duda, hubiese sido a su entender el mejor ejemplo de sociedad, alguien da una orden y otro la obedece, orden, en lo posible, sin demasiado progreso. En su caso no era por amor al poder sobre el prójimo sino por la seguridad que ese orden le daba sobre su propia vida.

La madre de Leónidas, había cambiado el amor a dios que profesó en algún momento sin preguntarse los motivos de su fe por uno a la patria de las mismas características, esa idea de patria, como un algo ordenado por las leyes que mantienen las cosas en su lugar y pervertido por los intentos de cambiar esas leyes o cambiar el lugar de las cosas.

Eloísa siempre había buscado un icono donde dejar descansar su ingenuidad, pero en el fondo todos los iconos seguían remitiendo a lo mismo. Tenía que haber jefes y subordinados, gente bien y gente mal que debía ser eliminada porque hacía daño a la gente bien.  Era entendible de todas maneras que Eloísa no sintiera que el mundo rota vertiginosamente y que nada se puede hacer para detenerlo, era lógico teniendo en cuenta que la pollera de su madre le había cubierto los ojos primero, y cuando recién comenzaba a despertar para sumergirse en la claridad de una autentica incertidumbre existencial, de una legitima crisis de fe, llegó Edgmont para ponerle su pie encima. No obstante, su ingenuidad, Eloísa había superado su propia debilidad y había hecho de la misma una punta de bronce brillante para convertirse a sí misma en la lanza parricida de Asherián.

Los años y las adversidades la habían hecho una mujer fuerte y afanosa, que se dio por completo a sus hijos, y al mismo tiempo rehízo su vida más allá de las restricciones que le dio el conocimiento de lo inevitable. Ella seguía siendo ingenua para algunas cosas, pero era entonces valiente, enérgica, trabajadora e invencible ante las adversidades y el mismo Dios en el que ella había creído se hubiese, acobardado ante su poderosa mirada. Leónidas era consciente y podía asegurar sin temor a la equivocación que había heredado, o copiado por propia cuenta lo peor de sus padres. Carecía del espíritu de lucha de ambos y sobraban en él las falencias los vicios, las miserias y la cobardía que había llevado a sus padres a aniquilar el éxito de Keres justo antes de que Asherian ardiera en llamas y tomara el control de todo.[4]

 

Avisarle a su padres de su partida resultó al fin de cuentas para el joven Leónidas menos dificultoso de lo que esperaba, desde ya, no es que le importase demasiado lo que le fueran a decir, estaba convencido que nunca lo habían apoyado demasiado en las cosas que para el eran importantes, y no esperaba que comenzaran entonces, pero si claro, le daba fiaca tener que soportar los discursos y reproches a los que nunca había podidos acostumbrarse.

 

Leónidas invito a sus padres a cenar. Comieron carne asada regada con vino abundante y al promediar la noche les comunicó la decisión de volver al Sur. Para su alegría, estos casi ni se inmutaron, creyó leer la resignación en sus ojos, y por primera vez en mucho tiempo se sintió obligado a tranquilizarlos, a contarle su plan más detalladamente y a por lo menos hacer que se sintieran incluidos en los planes que tenía para su vida. A fin de cuentas, resulto aquella una noche inesperada. un momento único en el cual Leónidas se sintió apoyado por su familia por primera vez, y no temió contarle sus sueños, miedos e ideas por mas descabelladas que estas fueran. Quizás Leónidas había crecido, quizás más probable, sus padres habían entendido que tenían que querer para él lo que él quisiera y ser felices con eso, o tal vez, y casi con seguridad me inclinaría por esta opción, se habían percatado de que esta vez iba en serio, y que podían pasar años para que volvieran a ver a su primogénito.

La tertulia duró hasta la madrugada. Compartieron viejas anécdotas, ricos licores y sueños futuros, mientras tanto en otra parte de la ciudad, no tan lejos como cabría imaginar tenía lugar un suceso, obviamente ajeno al conocimiento de Leónidas, un hecho que, sin lugar a dudas, habría de ser substancial en vistas de su porvenir.[5]

[1] El despertar de la consciencia lanzó al hombre desnudo y trepidante a dos conocimientos sobrecogedores: El primero, la crueldad intrínseca de la naturaleza, de la cual participa, donde el atroz corolario del solitario sufrimiento de toda criatura viviente es la muerte y el segundo la percepción de la belleza inmensa y dolorosamente inconmensurable de esa misma naturaleza. En ese sin sentido reside todo el desarrollo de nuestra especie y nuestra cultura, este esa es también la rima de Asherian.

[2] El Bosque de Babel es también Un numen de vastas bibliotecas

Donde ni una, ni dos ni cien, el bucólico saber resumen, de la antigua enramada reseca.

 

[3] recóndito fulgor clandestino

templo pretérito y solemne

al que se arriba casual peregrino

y ya no se retorna ni ileso ni indemne.

 

[4] verdirrojo inasible que adorna

el ligero sentido deslumbrado

y convierte al viajero en la sombra

lluviosa de un sombrío legado

 

[5] adagio su carne trasforma

en el crudo brote perfumado

de ese otro cuerpo que nombra

al frondoso bosque novelado.

 

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El Olvido de Asherian Cap 4

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4

Segundo manifiesto

 

El ser implica concepto o idea. Un azulejo es porque concebimos la idea misma de azulejo, sino no sería un azulejo. Nosotros creamos, dotamos eso que no es (o sea que tampoco puede ser eso ya que la nada por definición no puede ser, por tanto, la nada como tal muere al momento mismo en que se la piensa) con la idea de azulejo y lo transformamos en ser. Asimismo, concebimos la idea de sus partes, sus funciones e incalculable cantidad de conceptos redes de conceptos y redes de redes de conceptos que lo rodean y que lo constituyen.

No somos meros observadores, sino autores, pues tales conceptos construidos por nuestras mentes impregnan la nada para transformarla en algo y así crear nuestra visión de la realidad.
Algo no existe como algo hasta que esa nada es dotada con el valor de algo y ese algo con el valor de azulejo y así sucesivamente. Incluso luego de eso tan solo percibimos una imagen de ese algo, a la cual creamos e interpretamos. El original es inaccesible como tal.

La historia del hombre nos muestra (y esto como todo es tan sólo una interpretación que por ser tal, es incompleta y tendenciosa) en una afanosa búsqueda de sí mismo, de una verdad ultima, “La verdad” y de una correcta interpretación de la realidad, un permanente intento por des-cubrir lo verdadero. Se busca la verdad como si tal existiera previo al pensamiento y enunciado de la misma, por sí sola más allá de nuestra concepción (construcción) Se la busca por una esfera ontológica exterior, pero es el hombre mismo quien crea los conceptos, ideas y filosofías, así como si fuera un faro que ilumina a medida que inventa qué iluminar.[1]

Para encontrar lo único infinito y estático el hombre no tiene más que mirar sus orígenes y comprender la nada (vacío conceptual) de la que es parte y a partir de ella comprenderse a sí mismo como factor desequilibrante, como gran creador de existencia.

[1] El resplandor triste e ilusorio
cual blanco hábito mortuorio
imita la crudeza mustia del olvido
desenvolviendo un idílico sonido
de estridente forma entre los vastos
lagos, montañas y sus nefastos
fríos fortines adyacentes
que retoñecen diariamente
en un ciclo fijo que transforma
el día y la noche en un delirio
y a todo aquello que se nombra
en la esencia misma del martirio
desde el ser efímero y su sombra
hasta suave aroma de los lirios

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El Olvido de Asherian Cap 3

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3

Letras disociadas

 

Sostuvo la carta entre sus manos jugando ella, pasándola de dedo en dedo. Podía ver a través del sobre. No era extensa, un carillo solamente, estaba escrita con letra prolija manuscrita y adornada en los márgenes con unos dibujitos no tan prolijos. La abrió. Era la invitación de unos viejos amigos a su casamiento. Amigos de esos que más allá del tiempo y las distancias que pueden separarlos de uno permanecen unidos a nosotros como hermanos.

Era un pedido para que fuera a visitarlos. Le contaban de su vida en el sur patagónico y de su pronto casamiento, le contaban de su hija Anna, que tenía ya tres años y le reprochaban el haberles perdido contacto por tan largo tiempo. Esencialmente le explicaban como llegar a su residencia en la ciudad de San Carlos de Bariloche, donde prometían darle alojo durante el verano mientras le ayudaban a encontrar un trabajo si acaso quisiera quedarse durante más tiempo. Fue evidente para Leónidas que más allá de que el no contestara las cartas que ellos le habían mandado, se la habían arreglado para saber, seguramente a través de amigos en común que no estaba de lo más feliz con su vida en la ciudad.

La idea de escaparse de todo, cuando uno no se siente cómodo con su vida es excitante para cualquiera, y así lo fue entonces para a Leónidas. En el mismo momento en que termino de leer la carta ya había decidido que se marcharía. El mundo se dio vuelta frente a sus ojos y el corazón comenzó a palpitarle con una rapidez inusitada, lentamente todas las proto ideas fragmentarias que deambulaban por su cuasi-conciencia empezaron a cobrar algún tipo de sentido. Se imaginó a si mismo recorriendo lugares que ni siquiera conocía, pero por alguna razón intuía maravillosos.

Compartiendo una vida que imaginaba más despreocupada junto a sus viejos amigos y sobre todo, alejado de la gran urbe alienante. Sintió el soplo de un viento lejano besarlo en frente.  La decisión fue instantánea e indeclinable: se iba a ir de Buenos Aires de una vez por todas.

 

Las semanas que siguieron en resumidas cuentas fueron para despedirse de sus seres queridos, su novia de aquel entonces, fue la primera en enterarse, se juntaron en una confitería que quedaba justo a mitad de camino entre sus casas. Cafetín de viejos solía llamarle a los de ese tipo que son los que más me gustan. Luces y sombras se mimetizan generando una tercera esencia: los aromas adhieren al cuadro y la memoria allí se detiene, entre azulejos azules y opacos.

Leónidas llego primero, tan perdido en sí mismo que no la vio llegar, ella apareció de repente resbalando el paso, y le beso los labios. Leónidas suponía que algo debía sospechar, y por eso la abordo con firmeza. -me voy al sur en unas semanas, y no creo que vuelva- le dijo, tanteando el terreno y disimulando el dolor que sentía -si es lo que querés[1], hacelo-  le respondió ella, sin inmutarse haciendo de cuenta que no le importaba. Leónidas miro el suelo, trago saliva, miro el techo, carraspeo y casi murmurando dijo – En realidad pensaba pedirte que vengas conmigo, pero cuando te escucho tan fría e insensible realmente me dan ganas de irme a la mierda solo-

-yo antes me hubiese ido con vos a cualquier lado, pero esas actitudes tuyas me cansaron- replico   ella que sabía de sobradas cuentas, que todas esas ironías algo, o mucho tenían de cierto.

-entonces….  ¿Venís conmigo…? –

Ella retruco- ¿te irías sin mí?  –

No estoy seguro. Entonces no. ¿Porque no? Porque solamente me iría con vos si vos no pudieras irte sin mí.

¿porque? Porque estaría segura de que me amas como decís amarme ¿O sea que vos me amas por como yo te amo? yo te amo y punto. Pero no voy a irme al fin del mundo y dejar todo, a la gente que quiero y el lugar que quiero por alguien que no haría lo mismo por mí. ¿Quién te dijo que no haría lo mismo por vos? ¿te quedarías acá por mí? Me ira al sur por vos…. que vivo…vos querés irte al sur, yo te pregunto si te irías a un lugar que no te gusta, solo por seguirme a mi…No estoy seguro… ¿estás seguro de que me amas? creo que sí no sirve o estás seguro o no, No estoy seguro de lo que es el amor entonces creo que no hay nada más que hablar.

¿no puedo tener mis dudas, acaso vos podrías decir lo que es el amor? no necesito saber lo que es, para estar segura, me basta con sentirlo en cada milímetro de la piel

y aun así no querés venir conmigo… No Leónidas, vos no querés que vaya y no tenés los huevos para decirme que te vas solo.[2]

 

Lo que siguió pueden imaginarlo, lagrimas, abrazos, promesas que jamás se cumplieron. Arrepentimientos que jamás se dijeron… y despedidas que jamás se olvidaron.

 

Los segundos en la lista para recibir la noticia fueron los viejos amigos de la infancia, con los que había compartido casi todas sus vivencias y entonces compartía también la vivienda., lo primero que Leónidas hizo al volver a su casa, fue juntarlos a todos y comunicarles su decisión.

 

Estar encerrado adentro del circulo vicioso de la novela, primero como personaje, luego como autor y finalmente como lector fue para Leónidas una experiencia claramente traumática, pero a duras penas recordaba algo de todo aquello, cada vez que lo intentaba sobrevino el blanco. Frente al estado de conmoción, sentía los escalofríos, pero nada más ahí frente a las puertas de la percepción de lo real se terminaba todo, como un suicida que se asoma al abismo aferrado con fuerza a la varada hasta hacerse sangrar las manos. Apenas hubo logrado salir del libro inverso abandonó la escritura, las novelas las publico inmediatamente a través de la rudimentaria editorial heredada. Encarnado en el librero que hubo encontrado los textos y que entonces había ocupado su lugar en el ciclo de textos, se dedicó a su antiguo ofició y a actuar su joven vida, pues había salido del texto mucho tiempo antes y en vez de un viejo moribundo era entonces un joven vigoroso, no obstante, no conservaba mayores recuerdos de su infancia. Se preguntaba a menudo qué sería de su vida, y a veces dudaba de si había en él más de Edgmont que de mí mismo, o si acaso era una nueva persona composición de las dos. Leónidas no había vuelto a tocar los textos por el terror que le producían y hasta tapió los arcos de Asherian que conducen a la galería de puertas infinitas, La publicación de aquellas dos primeras novelas como es de suponer fueron un fracaso total, la mayoría de esos ejemplares se pudrieron en el sótano del pequeño almacén de libros luego de que una sudestada hiciera que la inundación llegara hasta adentro del local. De los otros cuadernos y libretas manuscritas que hubo encontrado solo publicó algunos compilados de cuentos que bien podrían haber sido, si es que de hecho no lo son, capítulos huérfanos de las mismas novelas, restos arqueológicos que completan una interpretación intrépida, aunque cabal, piezas del rompecabezas que sirven al fin del sentido de la historia que nos tocó interpretar en sus muchas caras.
Escombros de una guerra civil que bien podrían ocupar un lugar en los escaparates de algún museo. Leónidas tomo la decisión consciente de olvidarse de la novela, de olvidarse de todo aquello que había vivido y no podía saber si había sido o no real, aceptó gustosamente la herencia de Jairo Tornes, fuese el mismo, su hijo, o aquel que había dado por encontrar su caudal de textos. No importaba quien fuera. Por eso decidió volver a nombrarse. Continuó su vida viviendo en aquel gran caserón de Palermo, alquiló algunas habitaciones a sus amigos que necesitaran el lugar, y vivieron juntos durante varios años una vida disoluta. Mientras tanto se ganaba la vida en el pequeño almacén de libros, que precisamente hacía algunos meses había decidido cerrar definitivamente. Si se iba a Bariloche, se llevaría todos los libros y quizás pudiera abrir allí otra librería.
Durante la estancia en Casacarranza sobrevivieron alquilando el lugar para fiestas, y nunca jamás, ninguno de ellos fantaseó con continuar la guerra que sus antepasados habían iniciado y en cuyos despojos habitaban. Eran, o al menos lo era Leónidas, silenciosamente conscientes del fracaso rotundo de aquella revolución que tanta sangre había demandado. A todos esos amigos anunció su partida y con ella la consecuente disolución de aquella cofradía que habían llegado a conformar, la casa sería finalmente puesta en venta y seguramente demolida para construir un edificio. Lo que le dieran por aquellas ruinas le serviría para comenzar una nueva vida en el sur.

Decidieron organizar una gran fiesta para despedir el final de aquella república y así mismo su partida en búsqueda de nuevos vientos, también sus amigos necesitaban encaminarse por senderos distintos que los llevaran lejos de la sombra hambrienta y monstruosa que habitaba dentro de aquellos muros y que los había consumido los últimos años de sus vidas con su llamado constante, aunque sordo a sus oídos anestesiados. [3]
Fue una fiesta monumental en la cual no faltaron el alcohol ni las mujeres, mucho menos los amigos, la música y la alegría. Para cuando el amanecer los encontró despidiendo a los últimos invitados todos ellos elevaron los vasos y brindaron con un sentido confuso de nostalgia y liberación.

los que faltaban seguramente se enterarían por la inercia natural del lenguaje, o como prefieren llamarlo algunos por el chusmerio. Entonces faltaba lo más jodido de todo… La familia.

 

Leónidas percibió un silencio póstumo que lo hacía suyo. Comenzaba a sentir que la ida, se había tornado irreversible…

En cuanto a su familia, no voy a decir que Leónidas no los quisiera porque los amaba profundamente pues había heredado también esos sentimientos, pero así mismo los pocos recuerdos de su infancia le hacía saber que El viejo, había mantenido con él un permanente juego de desmotivación y humillación, siempre degradando lo que hacía y  pensaba.

La madre, por su parte lo creía que un pobre jipi soñador que no terminaba de entender su alrededor. [4]

Con los hermanos, se había llevado bastante bien, habían tenido como todo el mundo sus tiempos de riñas y peleas, pero las adversidades, y sobre todo el dolor que los padres les habían hecho sufrir, los habían hermanado cada día más. Sabía que con ambos estaría todo estaría bien. si Leónidas desaparecía de un día para el otro, sin siquiera dar aviso, sabrían sin más que, por fin había logrado desprenderse de sus temores y se había hecho a la aventura. Ellos, tanto Su hermano como su hermana, ambos menores que Leónidas lo conocía más que nadie, y podríamos asegurar sin temor a equivocarnos que fueron el apoyo más sincero que alguna vez tuvo en su vida,

De nuestro Muchacho podemos decir que era algo así como un mal amasijo de las personalidades de sus dos padres biológicos.

 

 

 

[1] el silencio es el idioma de lo obscuro,
la puerta de acceso al brillo bajo el velo.

Cuando los Cipreses susurran sus gruñidos

en el soplo aguerrido de lo absurdo

 

[2] Y el ojo húmedo demiurgo se fusiona

con las nubes relamidas sobre el auge

las torres monolíticas del Cerro son

el balcón que descarga en mí sentido

la aguda exuberancia manifiesta

y fusila así una feroz orquesta

de radiantes matices retraídos

bosquejando rubores rubicundos

sobre riscos, laderas y escarpadas

y con mi cuerpo tibio abandonado

 

[3] al tenaz abrazo de los bosques

en brutales sosiegos me desarman

hasta que las ramas putrefactas

me conviertan lo enrosques

durante algún salvaje albor del alba

 

[4] en el negro soporte de mi ermita

esqueleto del templo a ese suplicio

del ser que en todo lo vivo se revela

y a la ausencia que desde antes del inicio

fuera semilla, fruto y flor de esta novela.

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